Nadie quiere reconocer que quiere ser amado
Es una reflexión sobre el amor y la necesidad de ser vulnerable en un mundo tan hostil. Estar dispuesto a abrirse a los demás sin sentir que el cariño y la empatía nos hace débiles, sino más fuertes.
Es una reflexión sobre el amor y la necesidad de ser vulnerable en un mundo tan hostil. Estar dispuesto a abrirse a los demás sin sentir que el cariño y la empatía nos hace débiles, sino más fuertes.
Este ensayo propone un diálogo entre la filosofía de Anne Dufourmantelle y la representación de la juventud en productos culturales como la serie Girls y el álbum Melodrama de Lorde. Desde una primera persona situada, el texto explora la crisis de identidad y la parálisis existencial contemporánea, cuestionando una sociedad marcada por la deserotización generalizada y la huida sistemática del riesgo.
En formato de carta, la autora reflexiona sobre la relación madre e hija y sus mayores encontronazos. La casa familiar es vista como un refugio y un lugar de conflicto a la vez. Amor y enfado coexisten al mismo tiempo, sosteniendo una tensión entre el deseo de independencia frente a la necesidad de sostener el vínculo. Una parte de la identidad infantil nunca se pierde del todo, especialmente cuando se regresa al hogar familiar. La vuelta a casa implica también enfrentar una versión de nosotras mismas que pensábamos ya superada.
El texto aborda el malestar vital, el abandono de las expectativas impuestas y la reconfiguración del sentido por parte de muchos jóvenes entre los 20 y 30 años. Parte de una experiencia personal y generacional, pero apunta a una crítica estructural del sistema educativo, laboral y emocional que nos envuelve.
Una reflexión íntima sobre la experiencia de migrar desde Ecuador y la sensación de distancia y desconexión que eso genera. La autora narra el dolor de ver la violencia y la corrupción en su país, la culpa de haber buscado un futuro mejor fuera y la dificultad de entender la política desde la distancia. Al mismo tiempo, describe su vida en Madrid, llena de logros, rutinas y vínculos que le dan seguridad, y cómo la nostalgia la conecta con su país y su cultura.
Un relato sobre la lucha constante de la autora con la percepción de su cuerpo desde la infancia, marcada por la vergüenza, la crítica ajena y los estándares de belleza impuestos. Describe cómo esa obsesión afectó su vida cotidiana, sus relaciones y su autoestima, y cómo ha aprendido, con esfuerzo, a desear aceptarse y abrazarse tal como es.
Un relato en el que una joven entra a una peluquería donde la peluquera le dice que el pelo guarda recuerdos. Mientras duda, reflexiona sobre rupturas, pérdidas y dolores que parece “llevar” en su melena. La decisión de cortárselo puede presentarse como forma de liberación.
Un texto sobre la incertidumbre de crecer y no encajar en las expectativas sobre el tiempo, el éxito, el amor o el propósito vital. Reflexiona así sobre la idea de que la vida deba seguir un guion o tener una finalidad clara, mostrando la ansiedad que genera no encontrarla.
Fragmentos sobre el amor Escrito por degea Fragmentos sobre el amor I. Amor moribundo moribundo | moribunda Etimología: del lat. moribundus, -a, -um, participio futuro pasivo del lat. vg. morīre ‘morir’. 1.ª fuente: 1696, DLac. Adjetivo y masculino y femenino: Que se muere, próximo a la muerte. El amor muere, como todo aquello que tiene vida. Lo perenne es un engaño o es inerte, falto de espíritu (nunca podríamos imaginar un amor falto de espíritu, es un oxímoron). Aunque todos los amores mueren, no todos mueren igual. Como pasa con las personas, algunos amores mueren de repente. Parecían estar sanos, fuertes, se auguraban grandes planes, un futuro próspero, proyectos por construir y toda una historia por delante, cuando de pronto algo provoca un incendio violento que nadie pudo prever ni del que nadie pudo salvarse. En un abrir y cerrar
ENTRE AMAR Y SER AMADA Una reflexión de Lucía García Encuentra a Lucía en X: A veces siento que el amor que siento es tan grande que abruma. No solo al resto, sino a mí misma. Me devora desde dentro, me fragmenta. Y en ese desbordamiento, descubro que el amor, para las mujeres, no es una elección. Es una imposición envuelta en terciopelo. Jamás he visto a un hombre amar por encima de su moral. Para ellos, el amor es un complemento, una posibilidad entre muchas. Para nosotras, en cambio, es el todo. Desde pequeñas se nos educa para anhelarlo, buscarlo, sufrir por él. Incluso cuando tratamos de huir, nos alcanza. El amor se adhiere a nuestra piel como una segunda identidad: si no amamos, no somos completas. Un hombre puede permitirse no amar nunca —por defecto, amar a muchos—