Los locos 20: convertirse, arriesgarse y erotizarse en búsqueda de lugares perfectos

Una reflexión de Pía Carrillo

Esta lectura forma parte de la sección "Lecturas de domingo" de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera, galego y català.

“Tengo trabajo y luego tengo una cena. Y luego, estoy ocupada tratando de convertirme en quien soy”.

Así abre Hannah Horvath el piloto de Girls (2012), la icónica serie sobre veinteañeras insoportables, graciosas, vergonzosamente relatable y, a veces, muy difíciles de mirar. Esta creación de Lena Dunham forma parte de estos productos culturales atemporales que recibimos como un llamado epifánico o que somos forzadxs por nuestrxs amigxs a ver. Como un Sex and the City, pero todas son fracasadas, narcisistas y con problemas de autoestima (este es mi pitch para que por favor te adentres en Girls si no lo has hecho).

Y es que los 20s nos ofrecen una novedosa libertad y la promesa meritocrática de “ser lo que quieras ser”. Construimos nuestras primeras deudas, descubrimos espacios para habitar, la ropa que nos queda bien, que nadie te ofrece drogas gratis, lo burocrático que es ir al doctor sin papás y armamos listas de personas para evitar. Todo esto para que, como Hannah, finalmente lleguemos “convertirnos en quien somos”.

En Elogio del riesgo (2019), Dufourmantelle dice que no se trata de “volverse unx mismx” sino de “ir hacia sí como uno va al encuentro del amor” (Dufourmantelle, p.92). Y aquí es cuando las complicaciones se presentan, porque hemos sido educadxs para huir de este encuentro, para evitar este riesgo. Freud (1914) propone que nuestra sociedad se ha encargado del proyecto de deserotización generalizada. Felices en la esclavitud y confinadxs en el moralismo, nos encontramos ante una economía que sustituye el deseo por necesidad.

Cuando planteamos al acto de “volvernos nosotrxs mismxs” como un paso más que cumplir (a veces sin darnos cuenta) y no una experiencia desde el disfrute, estamos ante “la vida fuera del deseo” o la depresión. ¿Cómo huir de esta? ¿Cómo sobrevivirla? Propongo al concepto de riesgo de Dufourmantelle como única alternativa, quizá, para atravesar el mundo deserotizado, globalizado e hiper tecnificado que habitamos. Escribo desde mi experiencia situada en el Sur Global, con estos productos culturales y mis múltiples tanteos hacia este encuentro amoroso con el yo como referencia.

“Estoy lista para ser alguien/ pero capaz siempre lo he sido” empiezo así una de mis entradas de diario, mientras escucho a Ella Yelich-O’Connor o Lorde para lxs amigxs, artista que con su estética fluorescente y letras poéticas que se interponen al sintetizador escribió una obra maestra sobre ser unx adultx joven sin morir (al menos de manera metafísica) en el intento.

Melodrama (2017) es a lo que Rimbaud (1871) llamaría sentir el “desarreglo de todos los sentidos”, un álbum con altos y bajos que busca los “lugares perfectos” en el riesgo mientras nuestros cuerpos son “jóvenes y azules”. Habla de sexo, de consumo de sustancias, de amor y desamor, de la tristeza, la confusión, de tener sentimientos difíciles, del terror, el horror, el glamour, el trauma and “the fucking melodrama”. Una pieza musical que desde la

interpelación personal, sensible e íntima, podemos colectivizar con el movimiento generacional de ir en contra de lo que se espera de nosotrxs.

Como dos lados de la misma moneda —considerando lo culturalmente gracioso que es poner a estas obras juntas por el pasado (des)amoroso de Lena Dunham y Lorde— Girls nos lleva por la neurosis de pensarnos “nosotrxs mismxs” y Melodrama es un viaje por la recorporeización de esta existencia.

Dufourmantelle afirma que “vivir es una invención arrancada del terror” (Dufourmantelle, p.191), frase que me hizo dejar el libro y ver la pared por unos cuantos minutos. Cuando se la conté a mi papá me dijo que es “pesimista y exagerada”. Ya no le leí la siguiente parte donde propone la creación como refugio ante esta angustia. Estar en los 20s se siente también como una paradójica incomprensión continúa tras un reencuentro amoroso y viceversa, con los ambientes en los que nos criamos.

—No entiendo por qué nadie te dice lo mal que se va a poner la vida en el mundo real.

—Sí lo hacen. Es prácticamente lo único que te dicen.

Esta es una conversación entre Shoshanna y Marnie en la cuarta temporada de Girls, que con su humor seco demuestra lo quizá muy estudiadxs, pero poco preparadxs que llegamos a la “vida en el mundo real”. Los 20s son una etapa rara quizá porque no hay una etiqueta adecuada para lo que somos, eres niñx, adolescente y luego adultx. ¿Pero qué pasa cuando estás en el medio? ¿Qué pasa cuando no te sientes suficiente adultx pero tienes la libertad de serlo? Estar en los 20s quizás es ahogarnos en muchos vasos de agua mientras perseguimos la siguiente fiesta con poco dinero en la cuenta y buscamos referencias para nuestros CVs.

Pero el “volverse unx mismx” es un lujo con matices. Habitar el Sur Global desde el privilegio implica reconocer que mi educación emocional ha sido una traducción constante de modelos coloniales. Mientras escribo este artículo y reconozco que he mermado mi vida por los productos culturales de “afuera” que me han hecho sentirme más cercana con experiencias blanqueadas, puedo aceptar que aunque mis pensamientos y deseos son similares, mi contexto es diferente.  El riesgo aquí no es solo existencial, sino político.

¿Cómo puedo buscar estos lugares perfectos cuando me alisto para la fiesta sabiendo que en mi país hay toque de queda por la inseguridad?

Pienso entonces en artistas como Six Sex, Juana Rozas, AKRILLA, Isabella Lovestory, EMJAY o Sayuri & Shopolov que crean propuestas desde el erotismo situado sudaka y se sienten como un «acto de barbarie en miniatura» (Dufourmantelle, p.220).

Con su “Qué importa perderse si en cada esquina hay algo mejor” (Rozas, 2025), la argentina Juana Rozas, se encuentra en el riesgo sensual y sucio de la calle, construyendo una estética e identidad artística que rompe las barreras de lo colonial y lo hegemónico. No pide permiso para “volverse una”, irrumpe con lo erótico lo opresivo y violento de la mirada patriarcal y el moralismo que nos esclaviza.

Si con Girls y Melodrama he observado cómo entregarme al riesgo del fracaso, de los sentimientos y de la búsqueda del ser, con estas artistas puedo aprender a habitarlo en un contexto donde el cuerpo y las intersecciones que lo atraviesan construyen inherentemente un territorio político.

Creo así este diálogo transatlántico de artistas femeninas como un manifiesto y celebración del riesgo. Como dice Lorde sobre el proceso de escribir Melodrama: «Siento esto porque tengo 20 años y mi cerebro está hecho un lío… es una locura». Una locura que se vive como una invención arrancada al terror.

Porque, al final, “la vida es riesgo o abstinencia” (Arenas, 1990), y desde lo que reflexiono en mi cama, he decidido no abstenerme.

Referencias

Arenas, R. (2001). Autoepitafio. En Inferno: Poesía completa (p. 235). Lumen. (Obra original publicada en 1990).

Dufourmantelle, A. (2019). Elogio del riesgo. Paradiso Editores. Dunham, L. (Creadora). (2012–2017). Girls [Serie de TV]. HBO.

Freud, S. (2012). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras (1914-1916) (J. L. Etcheverry, Trad.; Vol. 14). Amorrortu. (Obra original publicada en 1914).

Lorde. (2017). Melodrama [Álbum]. Republic Records.

Rimbaud, A. (1984). Poesías completas (P. Gimferrer, Trad.). Visor Libros. (Obra original publicada en 1871).

Rozas, J. (2025). Qué importa [Canción]. En Tanya. Independiente.

 

“Teño traballo e despois unha cea. E despois, estou ocupada tratando de me converter en quen son”.

Así abre Hannah Horvath o piloto de Girls (2012), a icónica serie sobre mozas nos seus vinte, insoportábeis, graciosas, incomodamente relatable e, ás veces, moi difíciles de mirar. Esta creación de Lena Dunham forma parte destes produtos culturais atemporais que recibimos como un chamado epifánico ou que somos forzadxs polxs nosxs amigxs a ver. Como un Sex and the City, só que todas sendo fracasadas, narcisistas e con problemas de autoestima (este é o meu pitch para que por favor afondes en Girls se aínda non o fixeches).

E é que os 20 ofrécennos unha liberdade flamante e a promesa meritocrática de “ser o que queiras ser”. Construímos as nosas primeiras débedas, descubrimos espazos para habitar, a roupa que nos queda, que ninguén che ofrece drogas de balde, o burocrático que é ir ao doutor sen pais e a armamos listaxes de persoas para evitar. Todo isto para que, coma Hannah, finalmente cheguemos a “converternos en quen somos”.

En Éloge du risque (2019), Dufourmantelle di que non se trata de “volverse unhx mesmx” senón de “ir cara a si como se vai ao encontro do amor” (Dufourmantelle, p.92). E aquí é cando se presentan as complicacións, porque fomos educadxs para fuxir deste encontro, para evitar o risco. Freud (1914) propón que a nosa sociedade se encargou do proxecto deserotización xeneralizada. Felices na escravitude e confinadxs no moralismo, encontrámonos ante unha economía que substitúe o desexo pola necesidade.

Cando formulamos o acto de “volvernos nós mesmxs” como un paso máis que cumprir (ás veces sen nos decatar) e non unha experiencia desde o gozo, estamos ante “a vida fóra do desexo” ou a depresión. Como fuxir desta? Como a sobrevivir? Propoño o concepto de risco de Defourmantelle como única alternativa, talvez, para atravesarmos o mundo deserotizado, globalizado e hipertecnificado que habitamos. Escribo desde a miña experiencia situada no Sur Global, con estes produtos culturais e as miñas moitas sondaxes deste encontro amoroso co eu como referencia.

“Estou lista para ser alguén/ mais capaz sempre fun” comezo así unha das miñas entradas de diario, mentres escoito a Ella Yelich-O’Connor ou Lorde para xs amigxs, artista que coa súa estética fluorescente e letras poéticas que se interpoñen ao sintetizador escribiu unha obra prima sobre ser unhx adultx xove sen morrer (polo menos de maneira metafísica) no intento.

Melodrama (2017) é ao que Rimbaud (1871) chamaría sentir o “desarranxo de todos os sentidos”, un álbum con altos e baixos que busca os “lugares perfectos” no risco mentres os nosos corpos son “xoves e azuis”. Fala de sexo, de consumo de substancias, de amor e desamor, da tristeza, a confusión, de ter sentimentos difíciles, do terror, o horror, o glamour, o trauma and “the fucking melodrama”. Unha peza musical que desde a interpelación persoal, sensíbel e íntima, podemos colectivizar co movemento xeracional de ir contra o que se espera de nós.

Como dúas caras da mesma moeda —considerando o culturalmente gracioso que é pór estas obras xuntas polo pasado (des)amoroso de Lena Dunham e Lorde— Girls lévanos pola neurose de pensarnos “nós mesmxs” e Melodrama é unha viaxe pola recorporeización desta existencia.

Dufourmantelle  afirma que “vivir é unha invención arrancada do terror” (Dufourmantelle, p.191), frase que me fixo deixar o libro e ver a parede por uns cantos minutos. Cando lla contei a meu pai díxome que é “pesimista e exaxerada”. Xa non lle lin a seguinte parte onde propón a creación como refuxio ante esta angustia. Estar nos 20 séntese tamén coma unha paradoxal incomprensión continúa tras un reencontro amoroso e viceversa, cos ambientes en que nos criamos.

—Non entendo por que ninguén che di o mal que se vai pór a vida no mundo real.

—Abofé que o din. É practicamente o único que che din.

Esta é unha conversa entre Shoshanna e Marnie na cuarta tempada de Girls, que co seu humor seco demostra o quizais moi estudadxs mais pouco preparadxs que chegamos á “vida no mundo real”. Os 20 son unha etapa rara quizais porque non hai unha etiqueta axeitada para o que somos, es nenx, adolescente e despois adultx. Mais que pasa cando estás no medio? Que pasa cando non te sentes suficiente adultx mais tes a liberdade de selo? Estar nos 20 quizais é afogarnos en moitos vasos de auga mentres perseguimos a seguinte festa con pouco diñeiro na conta e buscamos referencias para os nosos CVs.

Mais o “volverse unhx mesmx” é un luxo con matices. Habitar o Sur Global desde o privilexio implica recoñecer que a miña educación emocional foi unha tradución constante de modelos coloniais. Mentres escribo este artigo e recoñezo que mingüei a miña vida polos produtos culturais de “fóra” que me fixeron sentirme máis próxima ás experiencias branqueadas, podo aceptar que aínda que os meus pensamentos e desexos son similares, o meu contexto é diferente. O risco aquí non é só existencia, senón político.

Como podo buscar estes lugares perfectos cando me avío para a festa sabendo que no meu país hai toque de queda por inseguridade?

Penso entón en artistas como Six Sex, Juana Rozas, AKRILLA, Isabella Lovestory, EMJAY ou Sayuri & Shopolov que crean propostas desde o erotismo situado sudaka e se senten como un “acto de barbarie en miniatura” (Dufourmantelle, p.220).

Co seu “Que importa perderse se en cada curruncho hai algo mellor” (Rozas, 2025), a arxentina Juana Rozas, encóntrase co risco sensual e sucio da rúa, construíndo unha estética e identidade artística que rompe as barreiras do colonial e o hexemónico. Non pide permiso para “volverse unha”, irrompe co erótico, o opresivo e violento da mirada patriarcal e o moralismo que nos escraviza.

Se con Girls e Melodrama observei como me entregar ao risco do fracaso, dos sentimentos e da busca do ser, con estas artistas podo aprender a habitalo nun contexto onde o corpo e as intersección que o atravesan constrúen inherentemente un territorio político.

Creo así este diálogo transatlántico de artistas femininas como un manifesto e celebración do risco. Como di Lorde sobre o proceso de escribir Melodrama: “Sinto isto porque teño 20 anos e o meu cerebro está enguedellado… é unha tolaría”. Unha tolaría que se vive como unha invención arrancada ao terror.

Porque, ao final, “a vida é risco ou abstinencia” (Arenas, 1990), e desde o que reflexiono na miña cama, decidín non me abster.

“Lana daukat, eta ondoren afari bat. Eta geroago, ni naizen horretan bilakatzen lanpetuta nago”

Horrela irekitzen du Hanna Horvahtek Girls (2012) seriearen pilotua, hogei urteetan dauden neska jasanezin, barregarri, lotsagarri relatable eta, batzuetan, begiratzeko oso zailen inguruko serie ikonikoa. Lena Dunhameren sorkuntza hau, dei epifaniko baten bidez jasotzen dugun edo lagunek behartuta ikusten dugun produktu kultural atenporalen parte da. Sex and the City bezala, baina guztiak arrakasta-gabeak eta nartzisistak dira, eta autoestimu arazoak dituzte (Girls munduan barnera zaitezen, jada egin baldin ez baduzu, nire pitch honakoa).

Izan ere, 20 urteek askatasun berri bat eta “nahi duzuna izatearen” hitzemate meritokratikoa eskaintzen digute. Gure lehen zorrak eratzen ditugu, bizitzeko tokiak deskubritzen ditugu, gustuko ez dugun arropa, drogak doan inork eskaintzen ez dituela, gurasoak gabe medikura joateak zeienen burokratikoa den eta saihesteko pertsonen zerrendak sortzen ditugu. Hau guztia, Hannah bezala, azkenean “gu garen horretan bilakatzera” ailegatu gaitezen. 

Elogio del riesgo (2019) entseguan, Dufourmantellek dio ez dela “norbera den horretan bilakatzea” baizik eta “norberarengana joatea, norberak maitasunarekin topatzera doan bezala” (Dufourmantelle, p.92). Eta hemen da zailtasunak agertzen direnean, izan ere, topaketa horretatik alde egiteko heziak izan gara, arrisku hori saihesteko. Freudek (1914), gure gizarteak deserotizazio orokortuaren proiektuaz arduratu dela proposatzen du. Esklabotasunean zoriontsu eta moralismoan seguru, desira beharragatik ordezkatzen duen ekonomia batean aurkitzen gara. 

“Gu garen horretan bilakatzearen” ekintza, bete behar den pausu bat bezala (batzuetan konturatu gabe) planteatzen dugunean, eta ez disfrutatzetik datorren esperientzia bat. “Desiraren kanpoko bizitza” edo depresioaren aurrean gaude. Nola egin daiteke alde hortik? Nola bizirik iraun? Dufourmantelleren arrisku kontzeptua aukera bakarra bezala proposatzen dut, agian, bizitzen dugun mundu deserotizauta, globalizatuta eta teknifikatuta zeharkatzeko. Hego Globalean kokatutako nire esperientziatik idazten dut, produktu kultural hauekin eta ni erreferentzia duen topaketa erromantikoarenganako nire saiakerekin.

“Norbait izateko prest nabil/ baina beti izan naiz gai”, horrela hasten dut nire eguneroko sarrera bat, Ella Yelich-O’Connor edo lagunentzat, Lorde, entzuten dudan bitartean, bere estetika fluoreszentearekin eta hitz poetikoekin, saiakeran hil gabe (gutxienez modu metafisiko batez) heldu gazte bat izatearen inguruko sekulako lana idatzi zuen artista. 

Melodrama (2017) da Rimbaudek (1871) “zentzumen guztien nahasmendua” sentitzeari deituko ziona, gorakada eta beherakadez betetako album bat, arriskuan “toki perfektuak” bilatzen dituena gure gorputzak “gazteak eta urdinak” diren bitartean. Sexuari buruz hitz egiten du, substantzien kontsumoari buruz, beldurra, izua, glamourra, trauma eta “the fucking melodrama”. Interpelazio pertsonaletik, sentibera eta barnekoa, gugandik espero denaren aurka joatearen belaunaldien mugimenduarekin kolektibizatu daitekeen musika. 

Txanpon baten bi aurpegiak bezala —Lena Dunham eta Lorderen iragan (ez) maitekorragatik bi lan hauek elkarrekin jartzea zeinen kulturalki barregarria den kontuan hartuta— Girls “gu geuk” inguruan pentsatzearen neurositik eramaten gaitu eta Melodrama existentziaren gorpuztasunaren bidaia bat da. 

Dufourmantellek, “bizitzea ikaratik ateratako asmakizun bat dela” baieztatzen du (Dufourmantelle, p.191), liburua mahaian uztea eta paretara minutu batzuk zehar begiratzea eragin ninduen esaldia. Aitari kontatu nionean, “pesimista eta gehiegizkoa” dela esan zidan. Ez nion sorkuntza itoaldi honen babestokia dela proposatzen duen hurrengo zatia irakurri. 20 urteetan egotea, berriz elkartze maitekor baten ondorengo ulertezintasun paradoxiko konstante batean egotea bezala sentitzen da, hazitzen garen ingurumenarekin. 

– Ez dut ulertzen zergatik inork ez dizun bizitza mundu errealean zeinen gaizki jarriko den kontatzen. 

– Egiten dute. Esaten dizuten bakarra da kasi. 

Hau, Girls seriearen laugarren denboraldiko Shoshanna eta Marnieren arteko elkarrizketa bat da, zeina bere umore hotzarekin, “mundu errealeko bizitzara” zeinen ikasita baina gutxi prestatuta ailegatzen garen erakusten duen. 20 urteak garai arraro bat da, agian gu garen horretarako etiketa zehatzik ez dagoelako, umea zara, gaztea, eta ondoren, heldua. Baina, zer gertatzen da erdian zaudenean? Zer gertatzen da aski heldu sentitzen ez zarenean, baina izateko askatasuna duzunean? Gure hogeitan egotea, hurrengo festa diru gutxirekin pertsegitzen dugun bitartean ur edalontzi askotan itotzea da agian, gure CVrentzat erreferentziak bilatzen ditugun bitartean. 

Baina “norberean bilakatzeak” ñabarduraz betetako luxu bat da. Hego Globala pribilegioetatik bizitzeak, nire heziketa emozionala eredu kolonialen itzulpen konstante bat izan dela onartzea esan nahi du. Artikulu hau idazten dudan bitartean eta nire bizitza zuritutako esperientziekin gertukoa sentiarazi nauten “kanpoko” produktu kulturalengatik urritu dudala onartzen dudan bitartean, nire pentsamenduak eta desirak antzekoak diren arren, nire testuingurua desberdina dela onartu dezaket. Arriskua hemen ez da soilik existentziala, baizik eta politikoa ere. Nola bilatu ditzaket toki perfektu horiek, festetara apuntatzen naizen bitartean nire herrialdean babesgabetasunagatik kera-deiak daudela jakinda? 

Orduan, Six Sex, Juana Rozas, AKRILLA, Isabella Lovestory, EMJAY edo Sayuri & Shopolov bezalako artistetan pentsatzen dut, erotismo sudakatik proposamenak sortzen dituztenak eta “ekintza barbarien miniatura” (Dufourmantelle, p.220) bezala sentitzen direnak. 

Bere “Ze inporta du galtzeak, izkina bakoitzean zerbait hobeagoa baldin badago” (Rozas, 2025), Juana Rozas argentinarra, kaleko arrisku sentsual eta zikinaren artean aurkitzen da, koloniala eta hegemoniko den horren hormekin apurtzen duen estetika eta identitate artistiko bat eraikiz. Ez du “Norberean bilakatzeko” baimenik eskatzen, begirada patriarkalaren opresio eta indarkeriari indarrez aurre egiten dio erotismoarekin, baita esklabo bihurtzen gaituen moralismoari ere. 

Girls eta Melodrama lanekin porrotaren arriskura nire burua nola eskura eman ikasi badut, sentimenduetara eta izatearen bilaketara, artista hauekin, gorputza eta hura zeharkatzen dituzten elkarguneek lurralde politiko bat osatzen duten testuinguru batean hura bizitzera ikasi dezaket. 

Horrela, artista femeninoen elkarrizketa transatlantiko hau, arriskuaren manifestu eta ospakizun bat bezala sortzen dut. Lordek Melodrama lana idaztearen prozesuari buruz esaten duen bezala: “Hau guztia 20 urte ditudalako eta nire burua nahastuta dagoelako sentitzen dut… zorakeri bat da”. Ikaratik ateratzen den asmakizun bat bezala bizitzen den zorakeri bat. 

Izan ere, azken finean, “bizitza arriskua edo abstinentzia da” (Arenas, 1990), eta nire ohetik hausnartu dudanagatik, ez abstenitzea erabaki dut.

‘I’ve got work, and then I’ve got a dinner. And then, I’m busy trying to become who I am.’

This is how Hannah Horvath opens the pilot episode of Girls (2012), the iconic series about unbearable, funny, embarrassingly relatable women in their twenties, and one that’s sometimes very hard to watch. This creation by Lena Dunham is one of those timeless cultural phenomena that we experience as an epiphanic revelation or are forced by our friends to watch. It’s like Sex and the City, but all the characters are losers, narcissists and have self-esteem issues (this is my pitch to please give Girls a go if you haven’t already).

The thing is, our 20s offer us a newfound freedom and the meritocratic promise of ‘being whatever you want to be’. We rack up our first debts, discover places to live, the clothes that suit us, realise that nobody offers you free drugs, learn just how bureaucratic it is to go to the doctor without your parents, and compile lists of people to avoid. All of this so that, like Hannah, we can finally ‘become who we are’.

In In Praise of Risk (2019), Dufourmantelle states that it is not a question of ‘becoming oneself’ but of ‘moving towards oneself as one moves towards love’ (Dufourmantelle, p. 92). And this is where the complications arise, because we have been brought up to shy away from this encounter, to avoid this risk. Freud (1914) suggests that our society has taken on the task of widespread de-eroticisation. Happy in our servitude and confined by moralism, we find ourselves faced with an economy that substitutes need for desire.

When we view the act of ‘becoming ourselves’ as yet another step to be completed (sometimes without realising it) rather than an experience rooted in pleasure, we are faced with ‘life outside of desire’ or depression. How can we escape this? How can we survive it? I propose Dufourmantelle’s concept of risk as perhaps the only alternative for navigating the de-eroticised, globalised and hyper-technologised world we inhabit. I write from my experience situated in the Global South, drawing on these cultural products and my own multiple attempts to achieve this loving encounter with the self as a point of reference.

‘I’m ready to be someone / but then maybe I’ve always been’ this is how I begin one of my diary entries, whilst listening to Ella Yelich-O’Connor, or Lorde to her friends, an artist who, with her fluorescent aesthetic and poetic lyrics interwoven with the synthesiser, has written a masterpiece about being a young adult without dying (at least in a metaphysical sense) in the process.

Melodrama (2017) is what Rimbaud (1871) would call experiencing the ‘disarray of all the senses’, an album of highs and lows that seeks out the ‘perfect places’ in risk whilst our bodies are ‘young and blue’. It speaks of sex, substance use, love and heartbreak, sadness, confusion, difficult emotions, terror, horror, glamour, trauma and ‘the fucking melodrama’. A musical work which, through its personal, sensitive and intimate voice, we can connect to the generational movement of defying what is expected of us.

Like two sides of the same coin —given how culturally amusing it is to pair these works together due to Lena Dunham and Lorde’s (un)romantic past— Girls takes us through the neurosis of thinking of ‘ourselves’, whilst Melodrama is a journey through the re-embodiment of this existence.

Dufourmantelle states that ‘living is an invention wrested from terror’ (Dufourmantelle, p.191), a sentence that made me put the book down and stare at the wall for a few minutes. When I told my dad about it, he said it was ‘pessimistic and exaggerated’. I didn’t read him the next bit, where she proposes creation as a refuge from this anguish. Being in your twenties also feels like a paradoxical, ongoing misunderstanding following a romantic reunion, and vice versa, with the environments in which we grew up.

—I don’t understand why nobody tells you how bad life is going to get in the real world.

—They do. It’s practically the only thing they tell you.

This is a conversation between Shoshanna and Marnie in the fourth series of Girls, which, with its dry humour, shows just how well-prepared, or perhaps ill-prepared, we are when we reach ‘real life’. Your 20s are a strange stage, perhaps because there’s no proper label for what we are; you’re a child, a teenager and then an adult. But what happens when you’re in between? What happens when you don’t feel quite grown-up enough but have the freedom to be one? Being in your twenties is perhaps like drowning in countless glasses of water whilst chasing the next party with little money in the bank and scouring for references for our CVs.

But ‘becoming yourself’ is a luxury with nuances. Living in the Global South from a position of privilege means recognising that my emotional upbringing has been a constant translation of colonial models. As I write this article and acknowledge that I have diminished my own life through cultural products from ‘outside’ that have made me feel closer to ‘whitened’ experiences, I can accept that although my thoughts and desires are similar, my context is different. The risk here is not only existential, but political.

How can I seek out these perfect places when I’m getting ready for the party, knowing that in my own country there’s a curfew due to insecurity?

I then think of artists such as Six Sex, Juana Rozas, AKRILLA, Isabella Lovestory, EMJAY or Sayuri & Shopolov, who create works rooted in Sudaka eroticism and feel like an ‘act of barbarism in miniature’ (Dufourmantelle, p.220).

With her ‘What does it matter to get lost if there’s something better on every corner’ (Rozas, 2025), the Argentine artist Juana Rozas throws herself into the sensual and gritty risks of the street, constructing an aesthetic and artistic identity that breaks down the barriers of the colonial and the hegemonic. She asks no permission to ‘become one’; she bursts through the oppressive and violent nature of the patriarchal gaze and the moralism that enslaves us with the erotic.

Whilst Girls and Melodrama have shown me how to embrace the risk of failure, of emotions and of the search for self, through these artists I can learn to navigate this in a context where the body and the intersections that run through it inherently construct a political territory.

I thus conceive of this transatlantic dialogue between female artists as a manifesto and a celebration of risk. As Lorde says about the process of writing Melodrama: “I feel this because I’m 20 and my brain is a mess… it’s madness.” A madness experienced as an invention wrested from terror.

Because, in the end, “life is risk or abstinence” (Arenas, 1990), and from my reflections in bed, I have decided not to abstain.