¿Qué ocurre cuando el feminismo se vuelve rentable pero innombrable?

El feminismo es hoy uno de los movimientos sociales con mayor capacidad de influencia y, al mismo tiempo, uno de los más estigmatizados en el debate público. La desigualdad no es solo un conjunto de comportamientos individuales que pueden corregirse con buenas prácticas, sino una realidad sostenida por estructuras sociales, políticas y culturales que necesita ser nombrada para poder transformarse. Hablar de igualdad sin nombrar al feminismo despolitiza el problema y lo presenta como una suma de situaciones aisladas, en lugar de un sistema complejo arraigado en la sociedad. Toda palabra —y todo silencio— produce efectos en el debate colectivo. El feminismo no necesita iconos perfectos, sino discursos que conserven su capacidad transformadora incluso cuando incomodan.