Partiendo de la definición de “gusto” de Bourdieu, este es la capacidad de diferenciar entre lo salado y lo dulce, lo moderno y lo antiguo; incluso diferenciar entre pintores. Profundizando en esto, el gusto se construye a través de dos procesos: el primero, permite identificar las diferencias y categorizar los objetos que forman parte del mundo. Y por otro lado, el segundo proceso, no solo permite ordenar esas categorías, sino diferenciarlo todo en función de nuestras preferencias. Esta idea que plantea Bourdieu resulta interesante de extrapolar. Al distinguir y categorizar objetos, cuando ordenamos estos en base a nuestros gustos, no lo hacemos desde una posición neutra y personal, ignorando las pautas marcadas por el contexto estructural, social y cultural.
El mercado de citas heterosexual, asi como el gusto, no es neutro, parece ser uno de los mayores sistemas de clasificación de cuerpos e identidades hoy en día. Socialmente se construye qué cuerpos te deben gustar, construcción que se asienta con la falacia de la libertad individual. Esta falsa libertad convence a todos de que sus gustos son totalmente personales e ininfluenciables. En este sentido, la individualidad no tiene forma consciente de hacer que te des cuenta de que tu individualidad no es real. Más allá de la individualidad, en el mercado de citas heterosexual español, hay muchos perfiles de mujeres que salen del canon del país y que, en mayor o menor medida, sufren estas dinamicas: gordas, trans, asiáticas, chicas con diversidad funcional, con calvicie… El deseo separa la identidad del cuerpo, quedándose con este último y siendo este mismo el que marca las experiencias románticas de las mujeres.
Como hemos visto, las mujeres y su sexualización, no son ajenas a esta dinámica explicada en torno al gusto. Mientras la individualidad del liberalismo dice estar revolucionando la realidad de la libertad sexual de las mujeres, solo pretende construirlas siguiendo unos patrones estéticos inalcanzables e irreales, patrones de los que además sacan rédito económico (operaciones, cremas, tratamientos…). Por tanto, la libertad sexual que se celebra no es más que aprender a surfear en una realidad opresiva, sin ser consciente de ello. Esta realidad ejerce violencia sobre las mujeres, tanto en las que surfean en la realidad, que deciden “libremente” seguir las exigencias estéticas; como las que están en los márgenes, voluntariamente o no, invisibilizadas, ignoradas e invalidadas como posible sujeto de deseo.
En el fondo es una dinámica basada en una estructura que busca la validación masculina. Los hombres, entre ellos, buscan validación de otros hombres a través de directrices, vestimentas, ideas, comportamientos… como pueden ser ir al gimnasio, tener un cuerpo musculado o ser muy masculino. Así como los hombres, las mujeres son juzgadas, construidas y miradas bajo la observación masculina. Les permiten que sean ellos quienes marquen qué mujer es digna de atención, validación y amor. Esta idea se generaliza como una verdad en el conjunto social ¿o acaso es casualidad que el estereotipo de mujer cambie según el país y la época en la que te encuentres? Estas dinámicas permiten tener a las mujeres calladas y sumisas, centradas en buscar validación de los hombres y no luchar, por ejemplo, contra las desigualdades. Las mujeres que están surfeando, no van a protestar contra el sistema ya que están ocupadas tratando de llegar la ideal de belleza establecido; pero es que la mujer a los márgenes, señala y apartada sistemáticamente, no tiene el poder de ser escuchada, hay veces donde ni tan siquiera se le reconoce como sujeto, como mujer.
Siguiendo esta idea, como mencionaba al comienzo, el mercado de citas heterosexual no es neutro. La construcción de este en base a la cisheteronormatividad posiciona a los hombres como sujetos de poder, mientras que la mujer se subordina como objeto de deseo. Los hombres, siguiendo su rol de poder, interiorizan los patrones estéticos de manera inconsciente. Les orientan sobre qué tipo de mujer debe gustarles a través de representaciones públicas en medios de comunicación, cine, series, redes sociales… De esta manera, la heteronormatividad construye una completa estructura de gustos y preferencias sobre las mujeres en el imaginario colectivo, así como pautó Boudieu. Esta estructura refuerza aún más la invalidación de las mujeres no normativas del propio hecho de ser mujer, al no entrar en el estereotipo establecido, es decir, al no poder ser usada como objeto de deseo.
Este fenómeno es resultado de resumir a la mujer a la sexualización al servicio de otros hombres. Se ve reflejado en aquellos hombres que dicen salirse de las normas de gustos y reconocen que “le gustan gordas”, “le gustan trans” o “el fisico no me impronta”. Este “gusto adquirido” se refleja simplemente de manera sexual. Esta “particularidad” suele invalidarse este de manera social desde diferentes afirmaciones populares, desglosando dos de ellas: la primera sería que “lo importante es la personalidad”, herramienta que invalidará la posibilidad de haber sentido deseo sobre un cuerpo que sale de la norma. La segunda se resume en la expresión “es que me gustan así”, marcando ellos mismos el carácter excepcional de su gusto, como si esa mujer, al salirse de la norma, no mereciera amor a no ser que sea de manera excepcional. Realmente, ambas afirmaciones se centran en la corporalidad de la mujer, nunca interesa que mujer somos más allá de nuestro cuerpo. Esta invalidación a través del lenguaje no es casualidad, no plantean la manera de que te salgas de esa estructura, crean analogías para, de ser queridas estas mujeres, no se sientan validación sobre su cuerpo, apartandolas y obligandolas a surfear para poder sentir sentir validación como cualquier otra mujer normativa. Además de estas influencias mediáticas y del conjunto social, la presión de grupo que se genera también tiene un rol protagonista perpetuar esta estructura. Los hombres, entre amigos, señalan y se burlan de aquel que decida tener algo con una mujer no normativa, haciendo que este miembro sea objeto de burla. Crean entre ellos una presión de grupo que refuerza aún más las pautas sobre los gustos que se deben tener, obligándose entre ellos a seguir los gustos pautados socialmente.
Esta focalización a la sexualización de la mujer se cristaliza aún más si observamos las relaciones de hombres heterosexuales con mujeres lesbianas. Bien se sabe la unión y lazos existentes entre las mujeres y los hombres gays, siendo estos en muchas ocasiones grandes amigos. Sin embargo, el fenómeno contrario, hombres heteros amigos de mujeres lesbianas, parece no ser tan común. Como decía, resumir a la mujer a la mera sexualización hace que estas mujeres, con las que no van a llegar a tener nada, no les interesen en lo más mínimo. Es hipócrita, porque son los primeros en sexualizarlas. Las mujeres lesbianas son también miradas socialmente con ojos masculinos y las han convertido en fruto de fantasías sexuales de hombres, pretendiendo reducir el ser lesbiana a una categoria de porno o fantasia sexual nuevamente, al servicio de los hombres.
No solo las lesbianas han sido víctimas de la sexualización por culpa del porno. Incluso las mujeres no normativas, invalidadas constantemente como hemos visto, son usadas como fetiches sexuales. Usar este concepto en busca de enfatizar como “exotico” “extraño” o “raro” las relaciones sexuales con estas mujeres. Este fenómeno es agravado por las clasificaciones dentro de estas webs que categorizan los perfiles de mujeres que se salen de la normatividad, entiendiendola como mujer cis-hetero normativa, en detrimento de este perfil, se configuran el resto de categorias: lesbianas, trans, gordas, viejas…
Dado el panorama actual, tratar de construir experiencias románticas parece un deporte de riesgo donde apuestas toda tu salud mental e incluso física. El silencio entorno a estas dinámica da pavor, no quiero saber que rutina de gimnasio es mejor para el verano, no quiero más recomendaciones de clínicas estéticas, no quiero saber qué ponerme según mi tipo de cuerpo. Quiero que se tenga en cuenta a todas, desde la diversidad, porque ignorar la existencia de las mujeres a los márgenes es ignorar la realidad. Necesitamos reacción, de todas. Aquellas que surfean necesitan caerse de la tabla y mojarse con la fría realidad, no podemos permitir que los hombres sigan pautando nuestras experiencias, tenemos que ser nosotras las que tengamos el poder de guiar nuestra propia vida.
Bibliografía: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4744464
