Una reflexión de Camila Veirano
Esta lectura forma parte de la sección "Lecturas de domingo" de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera, galego y català.
A nadie le gusta ser rechazado. Es un sentimiento amargo. Provoca acidez en el estómago y nos empuja al borde de las lágrimas. Parece confirmar esa creencia que todos llevamos dentro: “No eres tan valioso como te crees”. Poco importa nuestro propio interés en esa persona. Todos los rechazos duelen. Tanto a hombres como a mujeres. Da igual de quién vengan. Pero existe una diferencia fundamental entre la forma en que ambos sexos se rechazan mutuamente.
Puede que no sea una catedrática en el tema. Me baso en lo que he visto, oído y experimentado en carne propia. Y dentro de esa experiencia, he rechazado y he sido rechazada. Los rechazos que me han dirigido los hombres han sido todos similares y más bien hirientes. Con argumentos basados en la falta de química. Sin dar la impresión de sentir ningún tipo de malestar por expresar esa opinión. Incluso con frases que daban la sensación de creer que me hacían un favor, como: “Prefiero decirte la verdad y no ilusionarte…” Porque lo cierto es que, para ellos, es totalmente natural no desear prolongar el contacto y expresarlo de la forma más clara posible.
Sin embargo, para las mujeres es distinto. El motivo por el que las mujeres rechazan también suele ser la falta de química o atracción. Pero jamás lo expresamos con tanta confianza. Porque lo cierto es que a pesar de que tenemos la oportunidad de elegir a nuestras parejas, nuestros antepasados no la tuvieron. Y esa idea de que una mujer debe doblegarse ante los deseos de los hombres está escrita en nuestro ADN y arraigada en nuestra cultura.
Un hombre no siente culpa al decir que una mujer no le atrae porque nunca le han inculcado la necesidad imperiosa de complacer a las mujeres. Mientras que una mujer siente culpa al decir que un hombre no le atrae porque sí le han inculcado la necesidad imperiosa de complacerlo. De no ofenderlo. De nunca incomodarlo. Más allá de que no le atraiga. Más allá de que ni siquiera le caiga bien. Debe complacerlo por el mero hecho de que es un hombre y ella una mujer.
Hoy en día, el concepto de la friendzone está muy presente en la cultura popular. Los hombres suelen decir que las mujeres los rechazan con pretextos de amistad para tenerlos como segunda opción. Parecen creer que las mujeres tienen a un arsenal de hombres haciendo cola por su atención simplemente por expandir sus opciones o matar el aburrimiento. Pero las mujeres también se equivocan. Se mienten a sí mismas. Les dicen a sus amigas: “Es que no me gusta, lo veo como un amigo”. Sin embargo, la amistad es platónica. No solo de un lado, sino de ambos. La amistad implica un auténtico disfrute por la compañía de esa persona y una afinidad natural. Y la amistad, la auténtica amistad, raramente es el motivo por el que las mujeres rechazamos a los hombres.
Yo misma he rechazado hombres con este pretexto. Solo para darme cuenta, una vez que aceptan esa amistad, que en realidad no disfruto tanto de su compañía. Tampoco siento una afinidad natural. Y a veces… ni siquiera me caen bien. Lo que de verdad quiero es que me dejen en paz. Pero decir: “Te veo como un amigo” es mucho fácil que decir “No me gustas”. Y eso es algo que tal vez debería cambiar.
Ahora, tampoco quiero que seamos igual de salvajes que algunos hombres. Hay ciertas mentiras piadosas que mantienen la decencia. Decirle a alguien que no te atrae físicamente solo puede ocasionar dolor. Nadie gana nada. No vale la pena. Para eso tenemos el típico “Es que ahora quiero centrarme en mí” o “Me la pasé bien, pero somos muy distintos”. O el clásico “Volví con mi ex”.
Y sí, puede que esas mentiras sean igual de hipócritas que la de la amistad. Pero al menos así no nos encadenamos a supuestas amistades donde el hombre espera eternamente la reciprocidad y la mujer intenta no lastimarlo. Porque lo cierto es que no le debemos nada a nadie solo por su sexo. Ni siquiera nuestro tiempo y atención. Dos recursos que a menudo subestimamos.
No digo que las amistades no puedan surgir de lugares inesperados. Solo digo que ofrezcas tu amistad de corazón. No como premio de consolación. No por culpa ni incomodidad. Y piensa que si él fueras tú y tú fueses él… probablemente te hubiera hecho ghosting.
Nobody likes being rejected. It’s a bitter feeling. It gives you a knot in your stomach and brings you to the brink of tears. It seems to confirm that belief we all harbour deep down: ‘You’re not as valuable as you think you are.’ It matters little how much we’re interested in that person. All rejections hurt. For both men and women. It doesn’t matter who it comes from. But there is a fundamental difference in the way the two sexes reject one another.
I may not be an expert on the subject. I’m basing this on what I’ve seen, heard and experienced first-hand. And within that experience, I have rejected and been rejected. The rejections I’ve received from men have all been similar and rather hurtful. With arguments based on a lack of chemistry. Without giving the impression of feeling any discomfort at expressing that opinion. Even with phrases that gave the impression they thought they were doing me a favour, such as: ‘I’d rather tell you the truth and not get your hopes up…’ Because the truth is that, for them, it is entirely natural not to wish to prolong the contact and to express it as clearly as possible.
However, it’s different for women. The reason women reject someone is usually also a lack of chemistry or attraction. But we never express it with such confidence. Because the truth is that, although we can choose our partners, our ancestors did not. And that idea that a woman must bow to men’s desires is written into our DNA and deeply rooted in our culture.
A man feels no guilt in saying that he is not attracted to a woman because he has never been taught the imperative need to please women. Whereas a woman feels guilty in saying that she is not attracted to a man because she has been taught the imperative need to please him. To not offend him. To never make him uncomfortable. Regardless of whether she is attracted to him. Regardless of whether she even likes him. She must please him simply because he is a man and she is a woman.
These days, the concept of the friendzone is very much a part of popular culture. Men often claim that women reject them under the guise of friendship so they can keep them as a fallback option. They seem to believe that women have an army of men queuing up for their attention simply to broaden their options or deflect boredom. But women are also mistaken. They lie to themselves. They tell their friends: ‘I just don’t fancy him; I see him as a friend.’ However, friendship is platonic. Not just on one side, but on both. Friendship implies a genuine enjoyment of that person’s company and a natural affinity. And friendship, true friendship, is rarely the reason why we women reject men.
Me myself have rejected men using this excuse. Only to realise, once they accept that friendship, that I don’t actually enjoy their company that much. Nor do I feel a natural affinity. And sometimes… I don’t even like them. What I really want is for them to leave me alone. But saying ‘I see you as a friend’ is much easier than saying ‘I don’t like you’. And that is something that perhaps I should change.
Now, I don’t want us to be as ruthless as some men, either. There are certain white lies that preserve a sense of decency. Telling someone you’re not physically attracted to them can only cause pain. Nobody gains anything. It’s not worth it. That’s why we have the typical ‘I just want to focus on myself right now’ or ‘I had a good time, but we’re too different.’ Or the classic ‘I got back together with my ex.’
And yes, those lies might be just as hypocritical as the friendship one. But at least that way we don’t get tied down to so-called friendships where the man waits forever for reciprocity and the woman tries not to hurt him. Because the truth is, we don’t owe anyone anything just because of their gender. Not even our time and attention. Two resources we often underestimate.
I’m not saying friendships can’t spring up in unexpected places. I’m just suggesting you should offer your friendship from the heart. Not as a consolation prize. Not out of guilt or awkwardness. And think that if he were you, and you were him… he’d probably have ghosted you.
A ninguén lle agrada ser rexeitado. É un sentimento amargo. Provoca acedía e lévanos á beira das bágoas. Parece confirmar esa crenza que todos levamos no fondo: “Non es tan valioso como pensas que es”. Apenas importa o interese que temos nós nesa persoa. Todos os rexeitamentos doen. Tanto a homes como a mulleres. Dá igual de quen veñan. Mais existe unha diferenza fundamental entre a forma en que ambos os sexos se rexeitan mutuamente.
Pode que non sexa unha catedrática no tema. Baséome no que vin, ouvín e experimentei en carne propia. E dentro desa experiencia, rexeitei e fun rexeitada. Os rexeitamentos que me dirixiron os homes foron todos similares e máis ben crueis. Con argumentos baseados na falta de química. Sen dar a impresión de sentir ningún tipo de malestar por expresar esa opinión. Mesmo con frases que daban a sensación de crer que me facían un favor, como “Prefiro decirche a verdade e non ilusionarte…” Porque o certo é que, para eles, é totalmente natural non desexar prolongar o contacto e expresalo da forma máis clara posíbel.
Non obstante, para as mulleres é distinto. O motivo polo que as mulleres rexeitan tamén adoita ser a falta de química ou atracción. Mais nunca o expresamos con tanta confianza. Porque o certo é que, a pesar de que temos a oportunidade de elixir as nosas parellas, os nosos antepasados non a tiveron. E esa idea de que unha muller debe dobregarse ante os desexos dos homes está escrita no noso ADN e arraigada na nosa cultura.
Un home non sente culpa ao dicir que unha muller non o atrae porque nunca lle inculcaron a necesidade imperiosa de compracer as mulleres. Mentres que unha muller sente culpa ao dicir que un home non a atrae porque si lle inculcaron a necesidade imperiosa de o compracer. De non o ofender. De nunca o incomodar. Máis alá de que non a atraia. Máis alá de que nin sequera lle caia ben. Débeo compracer polo simple feito de que é un home e ela unha muller.
Hoxe en día, o concepto da friendzone está moi presente na cultura popular. Os homes adoitan dicir que as mulleres os rexeitan con pretextos de amizade para os ter como segunda opción. Parecen crer que as mulleres teñen un arsenal de homes facendo fila pola súa atención simplemente por expandir as súas opcións ou matar o aburrimento. Mais as mulleres tamén se equivocan. Méntense a si mesmas. Dinlles ás súas amigas: “É que non me gusta, véxoo como un amigo”. Porén a amizade é platónica. Non só dun lado, senón dos dous. A amizade implica un auténtico gozo pola compañía desa persoa e unha afinidade natural. E a amizade, a auténtica amizade, raramente é o motivo polo que as mulleres rexeitamos os homes.
Eu mesma rexeitei homes con este pretexto. Só para caer na conta, unha vez que aceptan esa amizade, de que en realidade non desfruto tanto da súa compañía. Tampouco sinto unha afinidade natural. E ás veces… nin sequera me caen ben. O que de verdade quero é que me deixen en paz. Agora que dicir: “Véxote como un amigo” é moito máis doado que dicir “Non me gustas”. E iso é algo que talvez deba mudar.
Así e todo, tampouco quero que sexamos igual de salvaxes que algúns homes. Hai certas mentiras piadosas que manteñen a decencia. Dicirlle a alguén que non te atrae fisicamente só pode causar dor. Ninguén gaña nada. Non paga a pena. Para iso temos o típico “É que agora quero centrarme en min” ou “Paseino ben, pero somos moi distintos”. Ou o clásico “Regresei co meu ex”.
E si, pode que esas mentiras sexan igual de hipócritas que a da amizade. Mais polo menos así non nos encadeamos a supostas amizades onde o home agarda eternamente a reciprocidade e a muller intenta non o magoar. Porque o certo é que non lle debemos nada a ninguén só polo seu sexo. Nin sequera o noso tempo e atención. Dous recursos que adoito subestimamos.
Non digo que as amizades non poidan xurdir de lugares inesperados. Só digo que ofrezas a túa amizade de corazón. Non como premio de consolación. Non por culpa nin incomodidade. E pensa que se el foses ti e ti foses el… seguramente xa che fixera ghosting.
A ningú li agrada ser rebutjat. És un sentiment amarg. Provoca acidesa a l’estómac i ens empeny a la vora de les llàgrimes. Sembla confirmar aquesta creença que tots portem dins: “No ets tan valuós com et creus”. Poc importa el nostre propi interès en aquella persona. Tots els rebutjos fan mal. Tant a homes com a dones. És igual de qui vinguin. Però existeix una diferència fonamental entre la forma en què els dos sexes es rebutgen mútuament.
Pot ser que no sigui una catedràtica en el tema. Em baso en el que he vist, oïda i experimentat en carn pròpia. I dins d’aquesta experiència, he rebutjat i he estat rebutjada. Els rebutjos que m’han dirigit els homes han estat tots similars i més aviat feridors. Amb arguments basats en la falta de química. Sense fer l’efecte de sentir cap mena de malestar per expressar aquesta opinió. Fins i tot amb frases que donaven la sensació de creure que em feien un favor, com: “Prefereixo dir-te la veritat i no il·lusionar-te…” Perquè la veritat és que, per a ells, és totalment natural no desitjar prolongar el contacte i expressar-lo de la forma més clara possible.
No obstant això, per a les dones és distint. El motiu pel qual les dones rebutgen també sol ser la falta de química o atracció. Però mai ho expressem amb tanta confiança. Perquè la veritat és que a pesar que tenim l’oportunitat de triar a les nostres parelles, els nostres avantpassats no la van tenir. I aquesta idea que una dona ha de doblegar-se davant els desitjos dels homes està escrita en el nostre ADN i arrelada en la nostra cultura.
Un home no sent culpa en dir que una dona no l’atreu perquè mai li han inculcat la necessitat imperiosa de complaure a les dones. Mentre que una dona sent culpa en dir que un home no l’atreu perquè sí que li han inculcat la necessitat imperiosa de complaure’l. De no ofendre-ho. De mai incomodar-ho. Més enllà que no l’atregui. Més enllà que ni tan sols li caigui bé. Ha de complaure-ho pel mer fet que és un home i ella una dona.
Avui dia, el concepte de la friendzone està molt present en la cultura popular. Els homes solen dir que les dones els rebutgen amb pretextos d’amistat per a tenir-los com a segona opció. Semblen creure que les dones tenen a un arsenal d’homes fent cua per la seva atenció simplement per expandir les seves opcions o matar l’avorriment. Però les dones també s’equivoquen. Es menteixen a si mateixes. Els diuen a les seves amigues: “És que no m’agrada, ho veig com un amic”. No obstant això, l’amistat és platònica. No sols d’un costat, sinó de tots dos. L’amistat implica un autèntic gaudi per la companyia d’aquesta persona i una afinitat natural. I l’amistat, l’autèntica amistat, rarament és el motiu pel qual les dones rebutgem als homes.
Jo mateixa he rebutjat homes amb aquest pretext. Només per a adonar-me, una vegada que accepten aquesta amistat, que en realitat no gaudeixo tant de la seva companyia. Tampoc sento una afinitat natural. I a vegades… ni tan sols em cauen bé. El que de veritat vull és que em deixin en pau. Però dir: “Et veig com un amic” és molt fàcil que dir “No m’agrades”. I això és una cosa que tal vegada hauria de canviar.
Ara, tampoc vull que siguem igual de salvatges que alguns homes. Hi ha unes certes mentides piadoses que mantenen la decència. Dir-li a algú que no t’atreu físicament només pot ocasionar dolor. Ningú gana res. No val la pena. Per a això tenim el típic “És que ara vull centrar-me en mi” o “M’ho vaig passar molt bé, però som molt diferents”. O el clàssic “He tornat amb el meu ex”.
I sí, pot ser que aquestes mentides siguin igual d’hipòcrites que la de l’amistat. Però almenys així no ens encadenem a suposades amistats on l’home espera eternament la reciprocitat i la dona intenta no fer-li mal. Perquè la veritat és que no li devem res a ningú només pel seu sexe. Ni tan sols el nostre temps i atenció. Dos recursos que sovint subestimem.
No dic que les amistats no puguin sorgir de llocs inesperats. Només dic que ofereixis la teva amistat de cor. No com a premi de consolació. No per culpa ni incomoditat. I pensa que si ell fossis tu i tu fossis ell… probablement t’hauria fet ghosting.
