Una reflexión de Carlota Creus Carrasco
Esta lectura forma parte de la sección "Lecturas de domingo" de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera, galego y català.
Observo diseños de espacios plasmados en papel en el estudio de arquitectura de mis padres. Edificios, paseos, plazas. Espacios destinados a un uso determinado. Público, privado, común, individual. Propuestas que nacen de una realidad social cada vez más complicada en nuestro territorio nacional. Crisis de vivienda, descenso de la natalidad, flujos migratorios y, por supuesto, una crisis climática matadora que hace que alcancemos temperaturas cada vez más altas en verano.
Escribo esto en el salón de un piso de estudiantes en la ciudad de Granada, a mediados del mes de julio, con las persianas bajadas, casi a oscuras, y una temperatura exterior de cerca de cuarenta grados centígrados. Espero, acompañada pero encerrada, el día de mi presentación del TFM en la misma Facultad de Ciencias Políticas en la que estudió Gata Cattana.
Más allá de la admiración por las personas y lugares que alberga o albergó esta ciudad tan poética y romántica, si me paro a pensarlo, no quiero estar aquí. Quiero pasar la ola de calor en conversación con las amigas y compañeras, por supuesto, pero en espacios al fresco en los que se pueda disfrutar sin necesidad de consumir. Quiero pasar la ola de calor charlando, sin necesidad de recurrir a un dispositivo electrónico que se recalienta y con quien no puedo mantener una conversación. Quizá quiero pasar la ola de calor sola, tranquila, sin volverme loca encerrada entre cuatro paredes por las que pago más de lo que me puedo permitir y donde la falta de aire acondicionado y la existencia de humedad parecen estar acabando con mi salud física y mental.
No quiero que el único espacio posible en el que podamos estar cualquiera de nosotras (jóvenes, mayores, madres, hijas, acompañadas, solas, estudiantes, trabajadoras…) en verano sea un centro comercial con aire acondicionado, repleto de gente y en el que la única actividad posible consista en sucumbir ante el capitalismo.
Lo que quiero son más sombras en las calles, proporcionadas por árboles autóctonos que aporten al combate contra el cambio climático. Lo que quiero son más parques, en los que la infancia corretee manchándose las manos y mojándose la ropa en las fuentes. Lo que quiero son más museos abiertos al público, en los que aprender y dejar aflorar nuestra parte creativa. Lo que quiero son más centros cívicos, en los que echar unas cartas y ver a las vecinas. Lo que quiero son más edificios con techos verdes, que alivien del calor a las inquilinas que los ocupamos. Lo que quiero son más accesos a zonas de baño, ya sean ríos, lagos, fuentes o playas, donde refrescar mi piel y soñar, mientras oigo el chapoteo, con poder dormir por la noche.
Lo que quiero, en definitiva, son espacios comunes gratuitos donde pasar las horas de esos días en que los termómetros marcan temperaturas escandalosamente altas. Porque el diseño del espacio en el que vive el ser humano es una cuestión, evidentemente, política. Porque el lugar en el que vivo no es un iPhone, no es un mundo intangible e individual dominado por la
envidia, los memes y el exceso de información. Yo prefiero vivir en lo físico, cerca de lo colectivo, los abrazos entre personas y las calles. Es por eso por lo que valoro tanto la existencia de sombras, la existencia de un urbanismo funcional y a la vez estético, y el acceso libre y gratuito a esos espacios que me acercan a la condición social del ser humano. Al final, lo único que queremos es poder estar al fresco.
I look at designs for spaces sketched out on paper in my parents’ architecture practice. Buildings, promenades, squares. Spaces intended for a specific purpose. Public, private, communal, individual. Proposals born of an increasingly complex social reality in our country. A housing crisis, a falling birth rate, migration flows and, of course, a devastating climate crisis that is causing ever-higher temperatures in summer.
I am writing this in the living room of a student flat in the city of Granada, in mid-July, with the blinds drawn, almost in complete darkness, and an outside temperature of nearly forty degrees Celsius. I am waiting, in company yet shut away, for the day of my Master’s thesis defence at the very same Faculty of Political Science where Gata Cattana studied.
Beyond my admiration for the people and places that this poetic and romantic city is or was home to, if I stop to think about it, I don’t want to be here. I want to get through the heatwave chatting with my friends and fellow students, of course, but in cool spaces where we can enjoy ourselves without having to buy anything. I want to get through the heatwave chatting, without having to resort to an electronic device that overheats and with which I cannot hold a conversation. Perhaps I want to get through the heatwave alone, in peace, without going mad cooped up within four walls for which I pay more than I can afford and where the lack of air conditioning and the humidity seem to be taking their toll on my physical and mental health.
I don’t want the only possible space where any of us (young people, older people, mothers, daughters, those with company, those on their own, students, workers… ) can be in summer to be an air-conditioned shopping centre, packed with people, where the only possible activity is to succumb to capitalism.
What I want is more shade on the streets, provided by native trees that help combat climate change. What I want is more parks, where children can run about, getting their hands dirty and their clothes wet at the fountains. What I want is more museums open to the public, where we can learn and let our creative side flourish. What I want are more community centres, where I can play a game of cards and catch up with my neighbours. What I want are more buildings with green roofs, offering relief from the heat to the tenants who live there. What I want are more access points to places to swim, be it rivers, lakes, fountains or beaches, where I can cool my skin and dream, whilst listening to the splashing, of being able to sleep at night.
What I want, in short, are free communal spaces where I can while away the hours on those days when the thermometers read outrageously high temperatures. Because the design of the space in which human beings live is, clearly, a political issue. Because the place where I live is not an iPhone; it is not an intangible, individual world dominated by envy, memes, and information overload. I prefer to live in the physical world, close to the collective, to hugs between people and to the streets. That is why I value so highly the existence of shade, the existence of urban planning that is both functional and aesthetic, and free and unrestricted access to those spaces that bring me closer to the social condition of human beings. At the end of the day, all we want is to be able to stay cool.
Observo deseños de espazos plasmados en papel no estudio de arquitectura dos meus pais. Edificios, paseos, prazas. Espazos destinados a un uso determinado. Público, privado, común, individual. Propostas que nacen dunha realidade social cada vez máis complicada no noso territorio nacional. Crise de vivenda, descenso da natalidade, fluxos migratorios e, por suposto, unha crise climática matadora que fai que alcancemos temperaturas cada vez máis altas no verán.
Escribo isto no salón dun apartamento de estudantes na cidade de Granada, a mediados do mes de xullo, coas persianas baixadas, case ás escuras, e unha temperatura exterior de cerca de corenta graos centígrados. Espero, acompañada mais encerrada, o día da miña presentación do TFM na mesma Facultade de Ciencias Políticas en que estudou Gata Cattana.
Para alén da admiración polas persoas e lugares que alberga ou albergou esta cidade tan poética e romántica, se me deteño a pensalo, non quero estar aquí. Quero pasar a vaga de calor en conversación coas amigas e compañeiras, por suposto, mais en espazos á fresca nos cales se poida desfrutar sen necesidade de consumir. Quero pasar a vaga de calor charlando, sen necesidade de recorrer a un dispositivo electrónico que quece e con quen non podo manter unha conversa. Talvez quero pasar a vaga de calor soa, tranquila, sen volverme tola encerrada entre catro paredes polas que pago máis do que me podo permitir e onde a falta de ar acondicionado e a existencia de humidade parecen estar acabando coa miña saúde física e mental.
Non quero que o único espazo posíbel no cal poidamos estar calquera de nós (novas, vellas, nais, fillas, acompañadas, soas, estudantes, traballadoras…) no verán sexa un centro comercial con ar acondicionado, ateigado de xente e no cal a única actividade posíbel consista en sucumbir ante o capitalismo.
O que quero son máis sombras nas rúas, proporcionadas por árbores autóctonas que contribúan ao combate contra o cambio climático. O que quero son máis parques, nos cales a infancia corrique manchando as mans e mollando a roupa nas fontes. O que quero son máis museos abertos ao público, nos cales aprender e deixar aflorar a nosa parte creativa. O que quero son máis centros cívicos, nos cales botar unhas cartas e ver as veciñas. O que quero son máis edificios con teitos verdes, que alivien da calor as inquilinas que os ocupamos. O que quero son máis accesos a zonas de baño, ben sexan ríos, lagos, fontes ou praias, onde refrescar a pel e soñar, mentres sinto as batuxadas, con poder durmir de noite.
O que quero, en definitiva, son espazos comúns gratuítos onde pasar as horas deses días en que os termómetros marcan temperaturas escandalosamente altas. Porque o deseño do espazo en que vive o ser humano é unha cuestión, evidentemente, política. Porque o lugar en que vivo non é un iPhone, non é un mundo intanxíbel e individual dominado pola envexa, os memes e o exceso de información. Eu prefiro vivir dentro do físico, preto do colectivo, os abrazos entre persoas e as rúas. Eis que valore tanto a existencia de sombras, a existencia dun urbanismo funcional e ao mesmo tempo estético, e o acceso libre e gratuíto a eses espazos que me achegan á condición social do ser humano. No final, o único que queremos é poder estar á fresca.
Observo dissenys d’espais plasmats en paper a l’estudi d’arquitectura dels meus pares. Edificis, passeigs, places. Espais destinats a un ús determinat. Públic, privat, comú, individual. Propostes que neixen d’una realitat social cada vegada més complicada al nostre territori nacional. Crisi d’habitatge, descens de la natalitat, fluxos migratoris i, per descomptat, una crisi climàtica matadora que fa que assolim temperatures cada vegada més altes a l’estiu.
Escric això al menjador d’un pis d’estudiants a la ciutat de Granada, a mitjans del mes de juliol, amb les persianes baixades, quasi a les fosques, i una temperatura exterior de vora quaranta graus centígrads. Espero, acompanyada, però tancada, el dia de la meva presentació del TFM a la mateixa Facultat de Ciències Polítiques en què va estudiar Gata Cattana.
Més enllà de l’admiració per les persones i llocs que acull o va acollir aquesta ciutat tan poètica i romàntica, si em paro a pensar-ho, no vull ser aquí. Vull passar l’onada de calor en conversa amb les meves amigues i companyes, per descomptat, però en espais a la fresca en els quals es pugui gaudir sense necessitat de consumir. Vull passar l’onada de calor xerrant, sense necessitat de recórrer a un dispositiu electrònic que es recalenta i amb qui no puc mantenir una conversa. Potser vull passar l’onada de calor sola, tranquil·la, sense tornar-me boja tancada entre quatre parets per les quals pago més del que em puc permetre i on la falta d’aire condicionat i l’existència d’humitat semblen estar acabant amb la meva salut física i mental.
No vull que l’únic espai possible en el qual puguem estar qualsevol de nosaltres (joves, grans, mares, filles, acompanyades, soles, estudiants, treballadores…) a l’estiu sigui un centre comercial amb aire condicionat, ple de gent i en el qual l’única activitat possible consisteixi a sucumbir davant el capitalisme.
El que vull són més ombres als carrers, proporcionades per arbres autòctons que aportin al combat contra el canvi climàtic. El que vull són més parcs, en els quals la infància corri tacant-se les mans i mullant-se la roba a les fonts. El que vull són més museus oberts al públic, en els quals aprendre i deixar aflorar la nostra part creativa. El que vull són més centres cívics, en els quals fer una partida de cartes i veure les veïnes. El que vull són més edificis amb sostres verds, que alleugin de la calor les llogateres que els ocupem. El que vull són més accessos a zones de bany, ja siguin rius, llacs, fonts o platges, on refrescar la meva pell i somiar, mentre sento el xipolleig, amb poder dormir a la nit.
El que vull, en definitiva, són espais comuns gratuïts on passar les hores d’aquells dies en què els termòmetres marquen temperatures escandalosament altes. Perquè el disseny de l’espai en què viu l’ésser humà és una qüestió, evidentment, política. Perquè el lloc en què visc no és un iPhone, no és un món intangible i individual dominat per l’enveja, els mems i l’excés d’informació. Jo prefereixo viure en allò físic, a prop de la col·lectivitat, les abraçades entre persones i els carrers. És per això que valoro tant l’existència d’ombres, l’existència d’un urbanisme funcional i alhora estètic, i l’accés lliure i gratuït a aquests espais que m’apropen a la condició social de l’ésser humà. Al cap i a la fi, l’únic que volem és poder estar a la fresca.
Nire gurasoen arkitektura gelan paperean irudikatutako eremuen diseinuak behatzen ditut. Eraikinak, pasealekuak, plazak. Erabilera zehatz baterako tokiak. Publikoa, pribatua, amankomunekoak, banakakoak. Gure lurralde nazionalean geroz eta zailagoa den errealitate sozial batetik jaiotzen diren proposamenak. Etxebizitzaren krisialdia, jaiotze-tasaren beherapena, migrazio-fluxuak, eta noski, udan geroz eta tenperatura altuagoak jasan ditzagun eragiten duen klima krisi larria.
Testu hau, Granadako ikasle pisu baten egongelan idazten dut, uztailaren erdialdean, pertsianak jaitsirik, ilunpetan ia, eta berrogei gradu inguruko kanpo tenperatura batekin. Gata Cattanak ikasi zuen Zientzia Politikoen Fakultate berdinean izango den nire MAL aurkezpenaren eguna itxaroten dut, akonpainatuta baina giltzaperatuta.
Horren poetikoa eta erromantikoa den hiri honen pertsonen eta tokien mirespenaren haratago, pentsatzera gelditzen banaiz, ez dut hemen egon nahi. Bero-bolada nire lagun eta kideekin elkarrizketan pasa nahi dut, noski, baina zerbait kontsumitu gabe disfrutatu daitekeen eremu freskoetan. Bero-bolada hizketan pasa nahi dut, gainberotzen den eta elkarrizketa bat izan ezin duen gailu elektroniko baten beharrik gabe. Agian, bero-bolada bakarrik pasa nahi dut, lasai, ahal dudana baino gehiago ordaintzen dudan lau pareta horien artean giltzaperatuta ero bilakatu gabe. Non, gainera, aire girotuaren faltak eta hezetasunaren existentziak nire osasun fisiko eta metala akabatzen ari duten.
Ez dut gutako edonork (gazteak, helduak, amek, aitek, akonpainatuak, bakarrik, ikasleak, langileak…) udan egon gaitezkeen toki bakarra aire girotua duen merkataritza-gune bat izatea nahi. Jendez betetako merkataritza-gune bat non jarduera posible bakarra, kapitalismoaren aurrean amore ematea den.
Klima-aldaketaren aurkako borrokan laguntzen duten zuhaitz autoktonoek kaleetan sortutako itzal gehiago da nahi dudana. Haurtzaroak, eskuak zikinduz eta arropa iturrietan bustiz, korrika egin dezan parkeen existentzia da nahi dudana. Ikasi egin daitekeen eta gure alde sortzailea loratu dezan ahalbidetzen duten museo publiko gehiago da nahi dudana. Kartetara jolastu daitekeen eta bizilagunak ikusi daitekeen gizarte-etxe gehiago da nahi dudana. Errentarien beroa arintzen duten teilatu berde gehiago da okupatzen ditugun eraikinetan nahi duguna. Nire azala freskatzeko aukera ematen didan eta plisti-plasta entzuten dudan bitartean gauez lo egiten dudala amestea baimentzen didan bainu zonaldeetarako sarbide gehiago da nahi dudana, bai ibaiak, bai lakuak, bai iturriak edo hondartzak.
Hitz batez, termometroek tenperatura ikaragarri altuak markatzen dituzten egun horien orduak pasatzeko leku amankomun dohainik da nahi dudana. Izan ere, gizakiak bizi den eremuaren diseinua, argi eta garbi, politika kontu bat da. Izan ere, bizi naizen tokia ez da Iphone bat, ez da inbidiak, memeak eta informazioaren gehiegikeriak menderatutako mundu ukiezin eta indibiduala. Nahiago dut fisikoan bizitzea, kolektiboa den horren gertu, pertsonen eta kaleen arteko besarkadak. Horregatik, itzalen existentzia aintzat hartzen dut horrenbeste, baita urbanismo funtzional eta era berean estetiko baten existentzia ere, eta gizakiaren kondizio sozialera hurbiltzen nauten eremu horien sarbide doan eta askea. Azken finean, nahi dugun bakarra fresko egon ahal izatea da.
