¿Sólo soy una chica?

Una reflexión de carlotauveese

Esta lectura forma parte de la sección "Lecturas de domingo" de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera, galego y català.

Estoy de luto, el feminismo ha muerto y parece que somos nosotras las que lo hemos enterrado, en algún momento me cansé de escucharlo patalear y cogí una pala para cavar su tumba. Soy una chica, una hija, una hermana, una amiga, una pasada niña, una futura anciana, una futura madre, una estudiante, una trabajadora; soy tantas mujeres a la vez que resulta abrumador intentar entender el papel de cada una, lo que nos han dicho que es nuestro papel. Con quince años el feminismo apareció en mi vida y me dijo que ese papel era una mentira, y que todas esas mujeres que conviven dentro y fuera de mí debían revisarlo, estudiarlo, prenderle fuego. Con quince años me pareció sencillo, premisas fáciles que todo el mundo debería entender, es algo lógico que no debemos sufrir por ser mujeres, que está mal que nos humillen, que nos peguen, que nos insulten, que nos degraden y que nos maten, ¿no? Parece que no.

Luego la cosa se complicó, empezaron a aparecer conceptos: interseccionalidad, abolicionismo, terf, binarismo, constructo, disruptivo, radical, liberal, hegemónico, patriarcado, capitalismo… y ya no bastó con reivindicar en pancartas lo que daba por sentado que era correcto. Tuve que cuestionarlo todo: lo que veía, lo que hacía, lo que hacían otros y por qué. Entendí aquellos conceptos y muchos otros, me enseñaron lo que debía hacer: ser lista y leer, dudar más, estudiar más, gritar más, que me escucharan más. Nunca hice esas tareas sola, me rodearon y acompañaron mujeres con la misma convicción, tejieron una red de complicidad que me confirmó que tenía sentido.

Llegado un punto esa red comenzó a dar de si, no recuerdo cuándo, pero de repente todas estábamos demasiado cansadas para continuar tejiéndola. Nos fuimos desgastando, quedando sin fuerzas, se crearon agujeros y otros empezaron a deshacerla, nos quedamos quietas mirando cómo nos decían que no era suficiente, que lo que hiciéramos no tenía valor ni consecuencias. Nos contentaron durante un rato, se pintaron la cara de morado y nos dieron un espacio para hablar sin molestar. Y mientras tanto nosotras entendimos que era más complicado, más grande, que no servía discutir con quien siempre ha tenido al mundo dándole la razón. La niña de primero de la ESO que iba a clase sin sujetador y contestaba a las burlas también ha entendido que es más complicado, y también se ha cansado de que haya tantas cosas fuera de su alcance. Y a esa niña debo decirle que no puede cansarse ahora.

Hace unos años apareció un trend en TikTok, el “I’m just a girl”, y me emocioné porque de repente nos hicimos dueñas de cosas “femeninas” que siempre habían ido en nuestra contra, hicimos nuestras las burlas y las mostramos con orgullo. Poco después eso se extendió, y empezaron a aparecer vídeos bajo lemas como “girl math” o “girly things”, mostrando estéticas rosas, pulcras, dulces. Autocuidado, ropa, mascarillas, maquillaje, contenido para nosotras hecho por nosotras, un lugar seguro para hablar de cosas de chicas entre chicas, ¿os podéis imaginar algo mejor? Yo, sintiéndolo mucho, diré que sí. No quiero ver contenido para chicas, quiero ver contenido que me interese como persona, y como chica a la que le inquietan cosas más allá de ser una “It girl”.

Y no os voy a engañar, yo también caí en esos vídeos, hasta que empecé a pensar ¿qué pasa con todas aquellas que se quedan fuera de esos cánones? ¿Dónde está la línea entre reivindicar lo que nos han quitado y reafirmar ideas ya anticuadas? ¿Tengo que cuidarme el pelo y la piel religiosamente para ser una chica guay? ¿Y qué coño es ser una chica guay?

Lo siento, chicas, pero nos la han colado: no es ni de lejos algo reivindicativo lo que vemos bajo la consigna de “solo soy una chica” ¿Qué significa eso? Aparentemente, preocuparse por la estética, el cuerpo y un sinfín de cosas superficiales que alejan el foco de lo verdaderamente importante. ¿Quiere decir esto que ahora tenemos que castigarnos por querer estar guapas? No, es mucho más complejo, todas queremos estar guapas y ser chic porque así nos han vendido que seremos mejores, que controlar lo que comemos, cómo nos vemos, hacer ejercicio y ser productivas nos hará más felices. Que somos dueñas de nuestro destino y de nuestras decisiones, esa imagen de superwoman capaz de todo porque tiene el foco en sí misma y que no permite que nada perturbe su paz. Esa imagen de mujer empoderada que puede trabajar, estudiar y lograr todo lo que se proponga. ¿A costa de qué? ¿Somos realmente libres de elegir? ¿Juega realmente ese discurso a nuestro favor? ¿O tal vez nos aleja de problemas más profundos y nos deja igual que antes pero más calladas?

Si nos paramos a mirar con detenimiento todos esos trends virales corremos el riesgo de descubrir algo incómodo: nos están haciendo retroceder. “Ser solo una chica”, hacer “cosas de chicas” y ver contenido “para chicas” nos encasilla, nos limita, nos relega a un espacio en el que no existen mayores inquietudes ni preocupaciones que ser lo que nos han vendido que debemos ser. No quiero explicaciones de temas complejos “en términos de chicas”, ni quiero que toda mi experiencia como mujer se resuma en vídeos de quince segundos llenos de cepillos de pelo, pintalabios y zapatos. La verdadera experiencia femenina es la opresión que hemos sufrido y seguimos sufriendo, es proteger a tu amiga cuando un tío la molesta en una discoteca, es ir caminando por la calle deprisa y con las llaves apretadas, es llorar con el telediario cada vez que aparece que una nueva mujer ha sido asesinada. Esa es la experiencia femenina.

El feminismo está pidiendo ayuda a gritos y nosotras debemos hacerle caso, ahora más que nunca tenemos que ser listas, desconfiadas, ignorar a todas esas personas que nos susurran que ya no sirve de nada, que se ha acabado, que ha muerto. Ignorar el agotamiento, dejar de creer que no tiene sentido; lo tiene, tiene sentido pelear, discutir, revisar lo que consumimos y lo que creamos, tiene sentido estar juntas y hacer comunidad, pero sin limitar nuestra existencia a estereotipos anticuados que condicionan nuestra lucha. Compartir lo que nos une por “ser” mujeres debe ir más allá, porque podemos ser chicas sin ser solo chicas.

I am in mourning, feminism has died and it seems that we are the ones who have buried it, at some point I got tired of hearing it kicking and I picked up a shovel to dig its grave. I am a girl, a daughter, a sister, a friend, a past girl, a future old woman, a future mother, a student, a worker; I am so many women at the same time that it is overwhelming to try to understand the role of each one, what we have been told is our role. At the age of fifteen, feminism appeared in my life and told me that this role was a lie, and that all those women who live inside and outside of me should review it, study it, set it on fire. At fifteen it seemed simple, easy premises that everyone should understand, it is logical that we should not suffer because we are women, that it is wrong for us to be humiliated, beaten, insulted, degraded and killed, right? Apparently not. 

Then things got complicated, concepts began to appear: intersectionality, abolitionism, terf, binarism, construct, disruptive, radical, liberal, hegemonic, patriarchy, capitalism… and it was no longer enough to claim on banners what I took for granted was correct. I had to question everything: what I saw, what I did, what others did and why. I understood those concepts and many others, they taught me what I should do: be smart and read, doubt more, study more, shout more, make sure they listen to me more. I never did those tasks alone, I was surrounded and accompanied by women with the same conviction, they wove a network of complicity that confirmed that it made sense.

At one point that net began to give way, I don’t remember when, but suddenly we were all too tired to continue weaving it. We were wearing out, running out of strength, holes were created and others began to undo it, we stood still watching them tell us that it was not enough, that what we did had no value or consequences. They contented us for a while, painted their faces purple, and gave us a space to talk without disturbing. And in the meantime, we understood that it was more complicated, bigger, that it was useless to argue with those who have always been right in the eyes of the world. The first-grade girl who went to class without a bra and answered teasing has also understood that it is more complicated, and she has also got tired of there being so many things out of her reach. And I must tell that girl that she can’t get tired now.

A few years ago a trend appeared on TikTok, the «I’m just a girl«, and I was excited because suddenly we became owners of «feminine» things that had always gone against us, we made the mockery our own and showed them with pride. Soon after that it spread, and videos began to appear under slogans such as «girl math» or «girly things«, showing pink, neat, sweet aesthetics. Self-care, clothes, masks, makeup, content for us made by us, a safe place to talk about girly things between girls, can you imagine anything better? I, sadly, will say yes. I do not want to see content for girls, I want to see content that interests me as a person, and as a girl who is concerned about things beyond being an «It girl«.

And I’m not going to deceive you, I also fell for those videos, until I began to think, what about all those that remain outside those canons? Where is the line between reclaiming what has been taken from us and reaffirming outdated ideas? Do I have to take care of my hair and skin religiously to be a cool girl? And what the fuck is it to be a cool girl?

I’m sorry, girls, but we’ve been had: it is not by any means something vindictive what we see under the slogan «I’m just a girl». What does that mean? Apparently, worrying about aesthetics, the body and a host of superficial things that take the focus away from what is really important. Does this mean that now we have to punish ourselves for wanting to look beautiful? No, it is much more complex, we all want to be beautiful and chic because this is how they have sold us that we will be better, that controlling what we eat, how we look, exercising and being productive will make us happier. That we are masters of our destiny and our decisions, that image of a superwoman capable of everything because she has the focus on herself and who does not allow anything to disturb her peace. That image of an empowered woman who can work, study and achieve everything she sets out to do. But at the expense of what? Are we really free to choose? Does that discourse really play in our favour? Or maybe it takes us away from deeper problems and leaves us the same as before but quieter?

If we stop to look closely at all those viral trends we run the risk of discovering something uncomfortable: they are making us retreat. «Being just a girl», doing «girl things» and watching content «for girls» pigeonholes us, limits us, relegates us to a space in which there are no greater concerns or worries than being what we have been sold that we should be. I don’t want explanations of complex issues “in terms of girls,” nor do I want my entire experience as a woman to be summed up in fifteen-second videos filled with hairbrushes, lipstick, and shoes. The true feminine experience is the oppression we have suffered and continue to suffer, it is protecting your friend when a guy annoys her in a disco, it is walking down the street quickly and with the keys tightened, it is crying with the news every time a new woman has been killed. That’s the female experience.

Feminism is crying out for help and we must listen to it, now more than ever we have to be smart, suspicious, ignore all those people who whisper to us that it is no longer useful, that it is over, that it has died. Ignoring exhaustion, ceasing to believe that it makes no sense; it has, it makes sense to fight, to argue, to review what we consume and what we create, it makes sense to be together and to make community, but without limiting our existence to outdated stereotypes that condition our fight. Sharing what unites us by «being» women must go further, because we can be girls without just being girls.

Estic de dol, el feminisme ha mort i sembla que som nosaltres les que l’hem enterrat, en algun moment em vaig cansar d’escoltar-lo protestar i vaig agafar una pala per cavar la seva tomba. Soc una noia, una filla, una germana, una amiga, una passada nena, una futura àvia, una futura mare, una estudiant, una treballadora; soc tantes dones a la vegada que resulta aclaparador intentar entendre el paper de cadascuna, el que ens han dit que és el nostre paper. Amb quinze anys, el feminisme va aparèixer a la meva vida i em va dir que aquell paper era una mentida, i que totes aquelles dones que conviuen dins i fora de mi, havien de revisar-ho, estudiar-ho, calar-li foc. Amb quinze anys em va semblar senzill, premisses fàcils que tot el món hauria d’entendre, és una cosa lògica que no hem de patir per ser dones, que està malament que ens humiliïn, que ens peguin, que ens insultin, que ens agredeixin i que ens matin, no? Sembla que no.

Després, la cosa es va complicar, van començar a aparèixer nous conceptes: interseccionalitat, abolicionisme, terf, binarisme, constructe, disruptiu, radical, lliberal, hegemònic, patriarcat, capitalisme… i ja no n’hi va haver prou amb reivindicar amb pancartes el que donava per fet que era correcte. Vaig haver de qüestionar-ho tot: el que veia, el que feia, el que feien els altres i per què. Vaig entendre aquells conceptes i molts altres, em van ensenyar el que havia de fer: ser llesta i llegir, dubtar més, estudiar més, cridar més, que m’escoltessin més. Mai vaig fer aquelles tasques sola, em van rodejar i em van acompanyar dones amb la mateixa convicció, van teixir una xarxa de complicitat que em va confirmar que tenia sentit. 

Arribat un punt, aquella xarxa va començar a donar de si, no recordo quan, però, de cop, totes estàvem massa cansades per continuar teixint-la. Ens vam anar desgastant, quedant sense forces, es van crear forats, i altres van començar a desfer-la, ens vam quedar quietes mirant com ens deien que no era suficient, que el que féssim no tenia valor ni conseqüències. Ens van acontentar durant una estona, ens van pintar la cara de lila i ens van donar espai per parlar sense molestar. I, mentrestant, nosaltres vam entendre que era més complicat, més gran, que no servia discutir amb qui sempre ha tingut al món donant-li la raó. La nena de primer de l’ESO que anava a classe sense sostenidors i contestava a les burles també ha entès que és més complicat, i també s’ha cansat de què hi hagi tantes coses fora del seu abast. I, a aquella nena, he de dir-li que no pot cansar-se ara. 

Fa molts anys, va aparèixer un trend a TikTok, el “I’m just a girl”, i em vaig emocionar perquè, de cop, ens vam fer propietàries de coses “femenines” que sempre havien anat en contra nostra, vam fer les nostres burles i les vam mostrar amb orgull. Poc després, això es va estendre, i van començar a aparèixer vídeos sota lemes com “girl math” o “girly things”, mostrant estètiques roses, pulcres, dolces. Autocuidat, roba, mascarilles, maquillatge, contingut per a nosaltres fet per nosaltres, un lloc segur per parlar de coses de noies entre noies, us podeu imaginar una cosa millor? Jo, sentint-ho molt, diré que sí. No vull veure contingut per a noies, vull veure contingut que m’interessi com a persona i, com a noia a la qual l’inquieten coses més enllà de ser una “It girl”. 

I no us enganyaré, jo també vaig caure en aquells vídeos, fins i tot, vaig començar a pensar; què passa amb totes aquelles que es queden fora d’aquests canons? On és la línia entre reivindicar el que ens han tret i reafirmar idees ja antiquades? He de cuidar-me els cabells i la pell religiosament per ser una noia guay? I què cony és ser una noia guay?

Ho sento, noies, però ens l’han colat: no és ni de lluny una cosa reivindicativa el que veiem sota la consigna de “només soc una noia”. Què significa això? Aparentment, preocupar-se per l’estètica, el cos i una infinitat de coses superficials que allunyen el focus del que veritablement és important. Això vol dir que ara hem de castigar-nos per voler estar guapes? No, és molt més complex, totes volem estar guapes i ser xic perquè així ens han venut que serem millors, que controlar el que mengem, com ens veiem, fer exercici i ser productives ens farà més felices. Que som propietàries del nostre destí i de les nostres decisions, aquella imatge de superwoman capaç de tot perquè té el focus en si mateixa i que no permet que res pertorbi la seva pau. Aquella imatge de dona empoderada que pot treballar, estudiar i aconseguir el que es proposi. A costa de què? Som realment lliures de triar? Aquell discurs juga realment a favor nostre? O potser ens allunya de problemes més profunds i ens deixa igual que abans però més callades?

Si ens paréssim a mirar amb deteniment tots aquells trends virals, correm el risc de descobrir una cosa incòmoda: ens estan fent retrocedir. “Ser només una noia”, fer “coses de noies” i veure contingut “per a noies” ens encasella, ens limita, ens relega a un espai on no existeixen majors inquietuds ni preocupacions que ser el que ens han venut que hem de ser. No vull explicacions de temes complexes “en termes de noies”, no vull que tota la meva experiència com a dona es resumeixi en vídeos de quinze segons plens de raspalls de cabells, pintallavis i sabates. La veritable experiència femenina és l‘opressió que hem patit i seguim patint, és protegir a la teva amiga quan un noi la molesta en una discoteca, és anar caminat pel carrer de pressa i amb les claus apretades, és plorar amb el telediari cada vegada que apareix que una nova dona ha estat assassinada. Aquesta és l’experiència femenina. 

El feminisme està demanant ajuda a crits i nosaltres hem de fer-li cas, ara més que mai, hem de ser llestes, desconfiades, ignorar a totes aquelles persones que ens xiuxiuegen que ja no serveix de res, que s’ha acabat, que s’ha mort. Ignorar l’esgotament, deixar de creure que no té sentit; el té, té sentit barallar-se, discutir, revisar el que consumim i el que creem, té sentit estar juntes i crear comunitat, però sense limitar la nostra existència a estereotips antiquats que condicionen la nostra lluita. Compartir el que ens uneix per “ser” dones ha d’anar més enllà, perquè podem ser noies sense ser només noies.

Dolutan nago, feminismoa hil egin da eta hura lurperatu egin dutenak gu garela dirudi, momenturen batean egiten zuen soinuaz nazkatu nintzen eta bere hilobia zulatzeko pala bat hartu nuen. Neska bat naiz, alaba bat, ahizpa bat, lagun bat, ume ohi bat, etorkizuneko andre zahar bat, etorkizuneko ama bat, ikasle bat, langile bat; aldi berean horrenbeste emakume naizelako, zaila da bakoitzaren papera ulertzea, gure papera dela esan digutena. Hamabost urteekin, feminismoa nire bizitzan agertu zen eta rol hori gezur bat zela esan zidan, baita nire barnean zein kanpoan bizi diren emakume guztiak berrikusi, berrikasi eta erre egin behar nituela ere. Hamabost urteekin erreza zirudien, mundu guztiak ulertu beharko zituen premisa errazak, emakumeak izateagatik sufritu behar ez dugula logikoa da, umildu gaitzatela gaizki dagoela, jo gaitzatela, iraindu gaitzatela, degradatu gaitzatela eta eraildu gaitzatela, ezta? Dirudi ezetz.

Gero, gauzak zailtzen hasi ziren, kontzeptuak agertzen hasi ziren: intersekzionalitatea, abolizionismo, terf, binarismo, konstruktu, disruptibo, erradikala, liberala, hegemoniko, patriarkatua, kapitalismoa… eta zuzena zena ziurtzat jotzen nuen horrengatik pankartekin aldarrikatzea ja ez zen nahikoa. Dena zalantzan jarri behar izan nuen: ikusten nuena, egiten nuena, besteek egiten zutena eta zergatia. Kontzeptu horiek guztiak ulertu nituen eta beste gehiago ere, egin behar nuena erakutsi zidaten: azkarra izatea eta irakurtzea, zalantzan gehiago egitea, gehiago ikastea, gehiago oihukatzea, gehiago entzun ziezadaten. Ez nituen zeregin horiek inoiz bakarrik egin, uste oso berdina zituzten emakumeek inguratu eta lagundu ninduten, zentzua zuela baieztatu ninduen konplizitate sare bat osatu zuten. 

Momentu batean, sare hori amore ematen hasi zuen, ez dut zehazki oroitzen noiz, baina bat-batean, hura ehuntzen jarraitzeko nekatuegi geunden guztiak. Ahultzen hasi ginen, indarrik gabe geratzen, zuloak sortu ziren eta beste batzuk sarea desegiten hasi zuten, aski ez zela esaten ziguten bitartean geldituta begiratzen geratu ginen, egiten genuena baliorik eta ondoriorik ez zuela. Momentu batez gogobete gintuzten, aurpegia morez margotu zuten eta eragotzi gabe hitz egin genezan leku bat eman ziguten. Eta bitartean, zailagoa zela ulertu genuen guk, handiagoa zela, munduak beti arrazoia eman dion horrekin eztabaidatzeak zentzurik ez zuela. Klasera bularretakorik gabe joaten zen eta isekei erantzuten zieten DBH bateko neskak zailagoa dela ere ulertu du, eta horrenbeste gauza bere irismenetik kanpo egoteaz ere nekatu egin da. Eta neska horri, orain nekatu ezin daitekeela esan behar diot.

Duela urte batzuk, TikToken trend bat agertu zen, “I’m just a girl”, eta hunkitu egin ninduen, izan ere, bat-batean beti gure kontra joan izan ziren gauza “femeninoen” jabe bilakatu ginen. Burlak gureak egin genituen eta harrotasunez aurkeztu genituen. Hortik gutxira hedatu egin zen eta “girl math” edo “girly things” leloekin bideoak agertzen hasi ziren, estetika arrosa, gozoa eta txukunekin. Autozainketa, arropa, maskarak, makillajea, guretzat eta guk egindako edukia, nesken artean nesken gauzen inguruz hitz egiteko toki seguru bat, zerbait hoberik imajina dezakezue? Ni, barkatu baina, egia esanda bai. Ez dut neskentzako edukirik ikusi nahi, pertsona bezala eta “It girl” izatea baino haratagoko gauzek jakin-mina pizten dioten neska bezala interesatzen nauen edukia ikusi nahi dut. 

Eta ez zaituztet engainatuko, ni ere bideo horietan erori nintzen, pentsatzen hasi nintzen arte; zer gertatzen da kanon guzti horien kanpo geratzen direnekin? Non dago kendu digutena aldarrikatzearen eta jada zaharkitutako ideiak berretsiaren arteko marra? Neska aparta izateko ilea eta azala zorroztasunez zaindu behar dut? Zer arraio da neska aparta izatea? 

Sentitzen dut, neskak, baina engainatu gaituzte: “neska bat besterik ez naiz” kontsignaren azpian ikusten duguna ez da inondik ere ez zerbait aldarrikatzailea. Zer esan nahi du horrek? Antza denez, estetikaz, gorputzaz eta benetan garrantzitsua den horretaz atentzioa urruntzen duten hamaika gauzaz ardura hartzea. Orain ederrak egon nahi izateagatik gure burua zigortu behar dugula esan nahi du horrek? Ez, konplexuagoa da, denak ederrak eta chic izan nahi dugu, horrela hobeagoak izango garela saldu digutelako, jaten duguna kontrolatzeak, nola janzten garen, kirola egiteak eta produktibo izateak zoriontsuagoak egingo gaituela. Gure destinoaren eta gure erabakien jabe garela, atentzioa bere pertsonan duelako eta bere lasaitasuna ezer ez aztora dezan uzten duelako denetarako kapaza den superwoman irudi hori. Lan egin dezakeen, ikasi dezakeen eta bere buruari proposatzen dion guztia lortu dezakeen emakume indartsuaren irudi hori. Zeren kontura? Erabakitzeko benetan libre gara? Diskurtso hori egiatan gure alde dago? Edo izan daiteke arazo sakonagoetatik urruntzen gaituela eta lehen bezala baino isilago uzten gaituela?

Trends biral horiek guztiak zehaztasunez begiratzen baditugu, zerbait deserosoa deskubritzeko arriskua hartzen dugu: atzera egin dezagun eragiten ari gaituzte. “Neska bat besterik ez izatea”, “nesken gauzak” egitea eta “neskentzako” edukia ikusteak sailkatzen gaitu, mugatzen gaitu, izan behar garena saldu diguten hori izateaz baino beste ardurarik edo jakin-minik existitzen ez den lekura alboratzen gaitu. Ez dut “nesken terminoetan” azaldutako gai konplexuen azalpenik nahi, eta ez dut nire emakume bezalako existentzia osoa ile-orratzez, ezpain-margoz eta zapataz beteriko hamabost segundoko bideoetan laburtuta egotea. Benetako esperientzia femeninoa, sufritu dugun eta sufritzen jarraitzen dugun zapalkuntza da, diskoteka batean gizon bat eragozten ari dionean zure laguna babestea da, kaletik korrika egitea giltzak gogor eutsita izanda da, emakume berri bat erailak izan dela telebistan agertzen den bakoitzean negar egitea da. Hori da esperientzia femeninoa. 

Feminismoak oihuz dago laguntza eskatzen eta guk kasu egin behar diogu, orain inoiz baino gehiago, azkarrak eta mesfidati izan behar gara, jada ezertarako balio ez duela, bukatu egin dela edo hil egin dela xuxurlatzen duten horiek guztiak bazter batean utzi. Akidurari ez ikusiarena egin, zentzurik ez duela sinesteari utzi; badu, borroka egiteak, eztabaidatzeak, kontsumitzen duguna berrikusteak eta sinesten duguna berraztertzeak zentzua du, elkarrekin egoteak eta komunitatea sortzeak zentzua du, baina gure existentzia gure borroka baldintzatzen dituzten estereotipo zahartuetara mugatu limitgabe. Emakumeak “izateagatik” lotzen gaituena partekatzeak haratago joan behar du, izan ere, neskak izan gaitezke neskak besterik ez izan gabe.