Una reflexión de Bea Carmona
Esta lectura forma parte de la sección "Lecturas de domingo" de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera, galego y català.
Soy la amiga soltera y no me importa, porque como los chicos jóvenes cada vez viran más hacia el fascismo, pues para eso me quedo sola con mis cosas y tan feliz.
Eso es lo que digo siempre cuando sale el tema y es también el discurso que me exijo sentir, porque reconocer que me gustaría que alguien me quisiera es un poco humillante. Por supuesto no lo digo en voz alta porque tengo una reputación que mantener: soy la amiga que lee libros sobre la guerra y se ha ido a la capital a trabajar en un medio de comunicación serio. No puedo confesar que me siento vulnerable, no va con la fachada que me he creado.
Esto que acabo de soltar podría entenderse como un tema personal sin resolver, pero observando el mundo real (y también el mundo digital), una acaba descubriendo que todas parecemos tener un problema similar. Hay una epidemia de soledad generalizada, agravada por el auge del individualismo y el cinismo ante un futuro incierto, desarrollado por un contexto geopolítico hostil y violento. Por otro lado, como era de esperar, el heteropesimismo ha sustituido el sentimiento de progreso que había en la cuarta ola feminista. Como parece que todo va a peor, nos hemos anestesiado mediante la ironía y la resignación. Si no preguntárselo a Sabrina Carpenter, quien, de lo que probablemente fuera un ejercicio para superar una mala relación, ha hecho una marca. Ella quiere ser amada pero es ella, también, quien canta “no hay ningún hijo de nadie, no queda nadie en quien yo pueda creer.”
Reconozco que estas canciones permiten canalizar toda la rabia que las mujeres sentimos ante la fragilidad de nuestra existencia. En lo que llevamos de año, en España, treinta y seis mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas y en cuanto a violencia vicaria, llevamos cuatro víctimas, tres de ellas menores.(En los datos oficiales de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género constan tres menores víctimas de violencia vicaria en 2026, en el caso de que un padre mate a su hijo/a mayor de edad, el suceso consta dentro de los datos sobre homicidios y asesinatos consumados.) Es tremendo y no es fácil procesar que eso está ocurriendo. ¿Cómo se puede encontrar el amor cuando tenemos que luchar con uñas y dientes por seguir vivas? También está la “cultura del polvo” (hookup culture en inglés) que prevalece en las relaciones tanto heterosexuales como en las queer; todes hacemos como que no nos afecta, pero el vuelco que nos da el corazón cuando vemos que no somos más que algo pasajero para otra persona nos pesa.
El panorama no es acogedor, no invita a abrirnos en canal con nuestras palabras, ni a compartir un beso que transmita todo el cariño que llevamos años esperando dar. Es un mundo líquido que difumina nuestras esperanzas en favor de una jaula opaca, en la que no podemos alcanzarnos los unos a los otros. Pero es que me niego a que esa sea mi realidad.
Quiero ser amada y quiero amar a alguien. Coger entre mis manos el rostro de la persona que me hace sentir segura y rozar cada rincón con mis labios, diciéndole que ante la crueldad del mundo, yo siempre le daré ternura. También quiero darle la mano a mi amiga que no cree en un futuro mejor, quedarme con ella en su frustración y buscar en las flores de primavera un atisbo de felicidad. Quiero manifestarme junto a las personas que también están determinadas a buscar un cambio, recordarme que no, que no estoy sola, que la colectividad es la respuesta. Pero para eso tengo que dejar de tener miedo a verme vulnerable, a decir en voz alta que busco el amor allá donde quiera que vaya, a abrazar más a mis amigues, sobre todo cuando no sé cuando les volveré a ver. A llamar a mis padres más a menudo y a sonreír a los extraños con los que coincido en el trabajo, para que sepan que me alegro de compartir
espacio con ellos.
Raúl Zurita, poeta chileno, escribió una vez: «¿Importa que alguien nos lea? Seguramente sí, y sin embargo, aunque no hubiese ninguno, yo lo único que quiero ahora es hablar de amor. Entre el horror del mundo viejo y el horror del mundo nuevo solo queda la crueldad del presente, y hablar de cualquier otra cosa me parece de pronto sin sentido.
TODO AMOR ES URGENTE PORQUE VAMOS A MORIR.»
Porque sí, en tiempos de guerra, cualquier declaración de amor es necesaria.
I’m the single friend and I don’t mind, because as young men are increasingly turning towards fascism, I’m quite happy to stay on my own doing my own thing.
That’s what I always say when the subject comes up, and it’s also the line I force myself to believe, because admitting that I’d like someone to love me is a bit humiliating. Of course, I don’t say it out loud because I’ve got a reputation to uphold: I’m the friend who reads books about war and has moved to the capital to work for a serious media outlet. I can’t admit that I feel vulnerable; it doesn’t fit with the façade I’ve created for myself.
What I’ve just let slip could be seen as an unresolved personal issue, but looking at the real world (and the digital world too), you end up realising that we all seem to have a similar problem. There’s an epidemic of widespread loneliness, exacerbated by the rise of individualism and cynicism in the face of an uncertain future, fuelled by a hostile and violent geopolitical context. On the other hand, as was to be expected, heteropessimism has replaced the sense of progress that characterised the fourth wave of feminism. As it seems that everything is getting worse, we’ve numbed ourselves through irony and resignation. Just ask Sabrina Carpenter, who has turned what was probably an exercise in getting over a bad relationship into a brand. She wants to be loved, but it is she, too, who sings, ‘There’s nobody’s son, not anyone left for me to believe in.’ I recognise that these songs allow us to channel all the rage we women feel in the face of the fragility of our existence. So far this year, in Spain, twenty-four women have been murdered at the hands of their partners or ex-partners, and as for vicarious violence, we’ve had four victims, three of whom were minors. (Official figures from the Government Delegation against Violence show that there were three minors who were victims of vicarious violence in 2026; in cases where a parent kills their adult child, the incident is recorded in the statistics on homicides and murders.) It’s appalling, and it’s not easy to come to terms with the fact that this is happening. How can we find love when we have to fight tooth and nail just to stay alive? Then there’s ‘hookup culture’, which prevails in both heterosexual and queer relationships; we all pretend it doesn’t affect us, but the sinking feeling in our hearts when we realise we’re nothing more than a passing fling to someone else weighs heavily on us.
The outlook is not a welcoming one; it does not invite us to pour our hearts out through our words, nor to share a kiss that conveys all the affection we have been longing to give for years. It is a fluid world that blurs our hopes in favour of an opaque cage, within which we cannot reach out to one another. But I refuse to let that be my reality.
I want to be loved and I want to love someone. To cup the face of the person who makes me feel safe in my hands and brush every inch with my lips, telling them that in the face of the world’s cruelty, I will always offer them tenderness. I also want to hold the hand of my friend who doesn’t believe in a better future, to stand by her in her frustration and seek a glimmer of happiness in the spring flowers. I want to stand alongside those who are also determined to bring about change, to remind myself that no, I’m not alone, that community is the answer. But to do that, I have to stop being afraid of appearing vulnerable, of saying out loud that I’m looking for love wherever I go, of hugging my friends more, especially when I don’t know when I’ll see them again. To ring my parents more often and to smile at the strangers I bump into at work, so they know I’m glad to be sharing this space with them.
Raúl Zurita, the Chilean poet, once wrote: ‘Does it matter if anyone reads us? Surely it does, and yet, even if there were no one, the only thing I want right now is to talk about love. Between the horror of the old world and the horror of the new world, all that remains is the cruelty of the present, and talking about anything else suddenly seems pointless to me. ALL LOVE IS URGENT BECAUSE WE ARE GOING TO DIE.’
Because yes, in times of war, any declaration of love is necessary.
Son a amiga solteira e non me importa, porque como os rapaces novos cada vez viran máis cara ao fascismo, pois para iso quedo soa coas miñas cousas e tan feliz.
Iso é o que digo sempre cando sae o tema e é tamén o discurso que me exixo sentir, porque recoñecer que me gustaría que alguén me quixese é un pouco humillante. Por suposto, non o digo en voz alta porque teño unha reputación que manter: son a amiga que le libros sobre a guerra e marchou para a capital para traballar nun medio de comunicación serio. Non podo confesar que me sinto vulnerábel, non vai coa fachada que creei para min.
Isto que acabo de soltar podería entenderse como un tema persoal sen resolver, mais observando o mundo real (e tamén o mundo dixital), unha acaba descubrindo que todas parecemos ter un problema similar. Hai unha epidemia de soidade xeneralizada, agravada polo auxe do individualismo e do cinismo perante un futuro incerto, desenvolvido por un contexto xeopolítico hostil e violento. Por outra banda, como era de esperar, o heteropesimismo substituíu o sentimento de progreso que había na cuarta vaga feminista. Como parece que todo vai para peor, anestesiámonos mediante a ironía e a resignación. Senón preguntádello a Sabrina Carpenter, quen, do que probabelmente fose un exercicio para superar unha mala relación, fixo unha marca. Ela quere ser amada, mais é ela, tamén, quen canta “non hai fillo ningún de ninguén, non resta ninguén en que eu poda crer.” Recoñezo que estas cancións permiten canalizar toda a rabia que as mulleres sentimos perante a fraxilidade da nosa existencia. No que vai de ano, en España, vinte e catro mulleres foron asasinadas pola man das súas parellas ou exparellas, e canto á violencia vicaria, levamos catro vítimas, tres delas menores. (Nos datos oficiais da Delegación do Goberno contra a Violencia constan tres menores vítimas de violencia vicaria en 2026. En caso de que un proxenitor mate ao seu fillo ou á súa filla maior de idade, o suceso consta dentro dos datos sobre homicidios e asasinatos consumados.) É tremendo e non é doado procesar que iso está a ocorrer. Como se pode atopar o amor cando temos que loitar con uñas e dentes por seguir vivas? Tamén está a “cultura do foguete” (hookup culture en inglés) que prevalece nas relacións tanto heterosexuais como queer; todes facemos como que non nos afecta, mais a volta que nos dá o corpo cando vemos que non somos máis que algo pasaxeiro para outra persoa pésanos.
O panorama non é acolledor, non incita a abrirnos en canal coas nosas palabras, nin a compartir un bico que transmita todo o cariño que levamos anos agardando dar. É un mundo líquido que esvae as nosas esperanzas en prol dunha gaiola opaca, en que non podemos alcanzarnos os uns aos outros. Négome rotundamente a que esa sexa a miña realidade.
Quero ser amada e quero amar a alguén. Coller entre as miñas mans o rostro da persoa que me fai sentir segura e rozar cada curruncho cos meus labios, dicíndolle que perante a crueldade do mundo, eu sempre lle darei agarimo. Tamén quero darlle a man á miña amiga que non cre nun futuro mellor, quedar con ela na súa frustración e buscar nas flores da primavera un asomo de felicidade. Quero manifestarme a carón das persoas que tamén están
determinadas a procurar un cambio, recordarme que non, que non estou soa, que a colectividade é a resposta. Mais para iso teño que deixar de ter medo a verme vulnerábel, a dicir en voz alta que procuro o amor alá onde quer que vaia, a abrazar máis aes miñes amigues, sobre todo cando non sei cando es volverei ver. A chamar aos meus pais máis a miúdo e a sorrir aos estraños con que coincido no traballo, para que saiban que me alegro de compartir espazo con eles.
Raúl Zurita, poeta chileno, escribiu unha vez: “Importa que alguén nos lea? Seguramente si, e non obstante, aínda que non houbese ninguén, eu o único que quero agora é falar de amor. Entre o horror do mundo vello e o horror do mundo novo apenas queda a crueldade do presente, e falar de calquera outra cousa paréceme de pronto sen sentido. TODO AMOR É URXENTE PORQUE IMOS MORRER.”
Porque si, en tempos de guerra, calquera declaración de amor é precisa.
Soc l’amiga soltera i no m’importa perquè, com que els nois joves cada cop miren més cap al feixisme, doncs per a això em quedo sola a casa amb les meves coses i la mar de feliç.
Això és el que sempre dic quan surt el tema, i és també el discurs que m’exigeixo sentir, perquè reconèixer que m’agradaria que algú m’estimés, és una mica humiliant. Per descomptat, no ho dic en veu alta perquè tinc una reputació a mantenir: soc l’amiga que llegeix llibres sobre la guerra i se n’ha anat a la capital a treballar en un mitjà de comunicació seriós. No puc confessar que em sento vulnerable, no va amb la fatxada que m’he creat.
Això que acabo de deixar anar podria entendre’s com un tema personal sense resoldre, però, observant el món real (i també el món digital), una acaba descobrint que sembla que totes tenim un problema similar. Hi ha una epidèmia de soledat generalitzada, agreujada per l’auge de l’individualisme i el cinisme davant d’un futur incert, desenvolupat per un context geopolític hostil i violent. Per altra banda, com era d’esperar, l’heteropessimisme ha substituït el sentiment de progrés que hi havia a la quarta onada feminista. Com que sembla que tot va a pitjor, ens hem anestesiat mitjançant la ironia i la resignació. Si no, pregunteu-li a la Sabrina Carpenter, qui, del que probablement era un exercici per superar una mala relació, ha fet una marca. Ella vol ser estimada, però, és ella qui també canta “no hi ha cap fill de ningú, no queda ningú amb qui jo pugui creure”. Reconec que aquestes cançons permeten canalitzar tota la ràbia que sentim les dones davant la fragilitat de la nostra existència. Des de principi d’any, a Espanya, vint-i-quatre dones han estat assassinades a mans de les seves parelles o exparelles i, pel que fa a violència vicària, portem quatre víctimes, tres d’elles menors. ( A les dades oficials de la Delegació del Govern contra la Violència, consten tres menors víctimes de violència vicària el 2026, en el cas que un pare mati al seu fill/a major d’edat, el succés consta dins les dades d’homicidis i assassinats consumats.) És terrible i no és fàcil processar que això està succeint. Com es pot trobar l’amor quan hem de lluitar amb dents i ungles per seguir vives? També hi ha la “cultura del polvo” (hookup culture en anglès) que preval a les relacions tan heterosexuals com a les queer; totes fem com que no ens afecta, però la bolcada que ens fa el cor quan veiem que no som més que una cosa passatgera per a una altra persona, ens pesa.
El panorama no és acollidor, no convida a obrir-nos en canal amb les nostres paraules, ni a compartir un petó que transmeti tot l’afecte que fa anys que esperem donar. És un món líquid que difumina les nostres esperances a favor d’una gàbia opaca, on no podem arribar els uns als altres. Però és que em nego que aquesta sigui la meva realitat.
Vull ser estimada i vull estimar a algú. Agafar entre les meves mans el rostre de la persona que em fa sentir segura i acariciar cada racó amb els meus llavis, dient-li que, davant la crueltat del món, jo sempre li donaré tendresa.
També vull donar-li la mà a la meva amiga que no creu en un futur millor, quedar-me amb ella en la seva frustració i buscar en les flors de primavera un indici de felicitat. Vull manifestar-me amb les persones que també estan determinades a buscar un canvi, recordar-me que no, que no estic sola, que la col·lectivitat és la resposta. Però per a això, he de deixar de tenir por de veure’m vulnerable, a dir en veu alta que busco l’amor allà on sigui que vaig, a abraçar més a les meves amigues, sobretot quan no sé quan les tornaré a veure. A trucar als meus pares més sovint i a somriure als estranys amb els quals coincideixo a la feina, perquè sàpiguen que m’alegro de compartir espai amb ells.
Raúl Zurita, poeta xilè, va escriure una vegada: “Importa que algú ens llegeixi? Segurament sí i, no obstant això, encara que no hi hagués ningú, jo l’únic que vull ara és parlar d’amor. Entre l’horror del món vell i l’horror del món nou, només queda la crueltat del present, i parlar de qualsevol altra cosa em sembla, se cop, sense sentit. TOT L’AMOR ÉS URGENT PERQUÈ MORIREM”.
Perquè sí, en temps de guerra, qualsevol declaració d’amor és necessària.
Bikoterik ez daukan laguna naiz eta bost axola zait, izan ere, mutiko gazteak faxismorantz geroz eta gehiago jotzen dutenez, nahiago dut nire gauzekin bakarrik geratu eta horren pozik.
Hori da gaia azaltzen denean beti esaten dudana eta nire buruari sentitu dezan exijitzen diodan diskurtsoa, izan ere, norbaitek maite nazan gustuko dudala errekonozitzea umiliagarria da. Noski, ez dut altuan esaten mantendu behar dudan erreputazio bat daukadalako: gerraren inguruko liburuak irakurtzen dituen eta komunikabide serio batean lan egiteko hiriburura joan den laguna naiz. Ezin dut zaurgarri sentitzen naizela aitortu ahal, ez baitator bat sortu dudan fatxadarekin.
Orain askatu dudan hau guztia konpondu gabeko zerbait bezala ulertu daiteke, baina mundu erreala behatuz (eta mundu digitala ere), denek antzeko arazo bat dugula deskubritzen da. Bakardade orokor baten epidemia bat dago, indibidualismoaren gorapenak eta zalantzazko etorkizun batekiko zinismoak larriagotutakoa, testuinguru geopolitiko oldarkor eta bortitz batek garatutakoa. Beste aldetik, espero zen bezala, laugarren bolada feministan zegoen aurrerapen sentimendu hori hetero-pesimismoak ordezkatu du. Dena okertzen ari dela dirudienez, ironiaren eta etsipenaren bitartez anestesiatu gara. Bestela, Sabrina Carpenterri galdetu iezaiozue, zein, harreman txar bat gainditzeko zirudien jardute batetik, marka bat sortu duen. Berak maitatua izan nahi du, baina bera da, ere, “ez dago inoren semerik, ez dago sinetsi dezakedan inor geratzen“ abesten duena. Aitortzen dut abesti hauek, emakumeok gure existentziaren hauskortasunaren aurrean sentitzen dugun amorru guztia kanalizatzea baimentzen dutela. Urte berri hau hasi denetik, Espainian, hogeita lau emakume haien bikotekideen edo bikote ohien eskutik erailduak izan dira, eta indarkeri bikarioari dagokionez, lau biktima daramatzagu, horietako hiru adingabekoak ( Indarkeriaren aurkarko Gobernuko Ordezkaritzaren datu ofizialetan, 2026. urtean, indarkeri bikarioaren hiru biktima adingabe agertzen dira, aita bat bere adin nagusiko seme-alaba hilko balu, gertakaria homizidioen eta erailketen datuen barne egongo litzateke. ) Ikaragarria da eta hori guztia gertatzen ari dela prozesatzea ez da erreza. Nola aurkitu daiteke maitasuna, bizirik iraun dezagun hortzez eta haginez borrokatu behar badugu? “Txortaldiaren kultura” ere badago (hookup culture ingelesez), harreman heterosexualetan zein queerretan nagusitzen dena; hunkitzen ez bagaitu bezala egiten dugu denek, baina, beste pertsonarentzat beste pasaiari bat besterik ez garela ikusten dugunean sentitzen dugun bihotz iraulketa pisu handia dakarkigu.
Egoerak ez du erosotasunik transmititzen, ez du gure hitzen bitartez ireki gaitezen gonbidatzen, ezta denbora luzez eskaintzeko itxaron dugun maitasun hori transmititzen duen musu bat partekatzera. Bata besteari heldu ezin diogun kaiola opaku baten mesedetan gure esperantzak lausotzen dituen mundu likido bat da. Baina ez dut hori nire errealitatea izatea onartuko.
Maitatua izan nahi dut eta norbait maite nahi dut. Seguru sentiarazten nauen pertsonaren bisaia nire eskuetan hartzea eta bazter bakoitza nire ezpainekin igurztea, munduaren bihozgabekeriaren aurrean nik beti samurtasuna emango diodala esanez. Horretaz gain,
etorkizun hobe batean sinesten ez duen lagun horri eskua ere eman nahi diot, bere frustrazioan berarekin geratu eta udaberriko loreetan zoriontasunaren susmo bat bilatu. Aldaketa bat bilatzeko prest dauden horiekin batera manifestatu nahi dut, bakarrik ez nagoela oroitzea, elkartasuna erantzuna dela. Baina horretarako, nire burua zaurgarri ikustearen beldurrari aurre egin behar diot, noranahi noazen tokietan maitasuna bilatzen dudala ozenki esatearen beldurrari, nire lagunak besarkatzearen beldurrari, batez ere, berriz ere noiz ikusiko ditudan ez dakidanean. Sarritan nire gurasoei deitzearen beldurrari, eta lanean topo egiten ditudan ezezagunei irri egiteari, tokia haiekin partekatzea pozten nauela jakin dezaten.
Raul Zuritak, poeta txiletarra, behin idatzi zuen: “Inporta al du norbaitek irakur gaitzaten? Seguruenik bat, eta hala eta guztiz ere, inor egongo ez balitz ere, oraintxe bertan egin nahi dudan bakarra maitasunari buruz hitz egitea da. Mundu zaharraren lazgarrikeriaren eta mundu berriaren lazgarrikeriaren artean, orainaren bihozgabekeria besterik ez da geratzen, eta beste gai baten inguruz hitz egitea zentzugabekeri bat delakoan nago. EDOZEIN MAITASUNA PREMIAZKOA DA, NOIZBAIT HILKO BAIKARA”.
Izan ere, bai, gerren garaietan, edozein maitasunezko aitorpena beharrezkoa da.
