NUEVA ENTRADA

“Te tendrías que haber interesado más por tu cuerpo” y otras trampas del patriarcado

A los 10 años me dieron la enhorabuena porque me había bajado la regla y me convertí en mujer de un momento a otro (o eso me dijeron). A los 15 años estuve toda una noche aprendiendo a ponerme un tampón porque al día siguiente tenía una excursión a un parque acuático que, por nada del mundo quería perderme, y en el que me pasé todo el día sufriendo de dolor por un tampón mal puesto que me atravesaba el canal vaginal. A los 17 se me cayó una compresa en medio de una cancha mientras jugaba un partido de baloncesto, y si hubiese podido desaparecer en ese momento, lo hubiese hecho. A los 20 me ingresaron hasta en ocho ocasiones por infección porque desconocía que tenía que orinar después de mantener una relación sexual. Obviamente en ninguna de esas ocho ocasiones nadie me lo comentó. Y los 22 años apenas sabía cómo funcionaba mi ciclo menstrual.

“Es que te tendrías que haber interesado más por tu cuerpo” es el razonamiento que recibo cuando expongo la importancia de poner sobre la mesa el conocimiento del cuerpo de las niñas, mujeres y personas con vulva, y cuento estos ejemplos. Y he de decir que, en muchas ocasiones, caigo en esa trampa que estructuralmente culpa a las mujeres de su propio sufrimiento. Y entonces me fustigo: “es verdad, ¿por qué no me habré interesado más?”. ¿Por qué no me habré interesado más por mi cuerpo, pese a que le llamasen guarra en el colegio a aquella compañera que se rascaba la vulva cuando le picaba? ¿Por qué no me habré autoexplorado, pese a que cuando descubrí lo que era la masturbación, me contaron que sólo la practicaban los chicos? ¿Por qué no me interesé más por mi cuerpo pese a que no fue hasta los veintitantos cuando supe que a la vulva se le llamaba vulva, porque en biología de 3º de la ESO dimos el gran aparato reproductor, que no genital?” El currículum educativo, diréis, que al final no da tiempo a tanto, y es que es tan importante saberse al dedillo las partes del oído en 3º de la ESO.

Por suerte, y sí, recalco por suerte, caí en un ámbito profesional que me abrió todo un amplio abanico de autoexploración y autodescubrimiento, pero, sobre todo, de supervivencia y cuidado. Y fue entonces cuando entendí que, sí, efectivamente, mi salud y bienestar dependía de que en 3º de la ESO (por ejemplo) me hubiesen explicado cómo funcionaba mi vulva y mi ciclo menstrual. Porque ésa no era mi responsabilidad, era mi derecho.

No es suya la responsabilidad que asume esa niña, yendo cargada con sus productos de higiene menstrual y teniendo que gestionarse de una manera que nadie le ha explicado, pero, sobre todo, que no le corresponde. No solo se tiene que gestionar el hecho de tener que cambiarse cada hora, sino además el miedo a la mancha, el silencio, el ocultamiento, y la explicación por lo bajini a la profesora o profesor de turno que no le deja ir al baño “cada dos por tres”.

Educar en sexualidad, y por tanto en menstruación, no es sólo garantizar el derecho al bienestar integral de nuestras criaturas, es, además asegurarnos que, cuando sean adultas, sabrán exigirlos, pero, sobre todo, sabrán que pueden hacerlo.

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Una respuesta a “NUEVA ENTRADA”

  1. Avatar de Waleska Fox
    Waleska Fox

    Es impactante como siempre recae la culpa sobre nosotras. Si sabemos, si no, si preguntamos o si asumimos se busca una manera de hacernos sentir asi. Me identifique mucho leerlo. Muy buen relato.

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