Las (no) olvidadas

Encuentra a Sofía en Instagram y Tiktok:

“No cometas los errores que yo cometí”, dicen las abuelas, las madres. Como si los hubiesen cometido de verdad y no se hubiesen visto abocadas a una vida de la que nunca fueron protagonistas. Una vida para cuidar a los demás. Como si fuesen ellas culpables de no haber podido estudiar, de pasar toda una vida detrás de sus maridos.

A veces miro a mi madre por la rendija de la puerta. La observo en silencio y pienso en los sesenta y cuatro años que lleva cuidando. Siempre había un hermano o un primo al que cuidar. Luego hubo sobrinos. Después vinieron los hijos. Pronto vendrán los nietos. Nada se le ha dado mejor que cuidar, quizás porque la práctica hace a la maestra, por mucho que sus virtudes vayan mucho más allá. 

En otra vida, mi abuela paterna era brillante en las ciencias y mi abuela materna era políglota. Se graduaban de la universidad y tenían carreras exitosas. Tomaban decisiones. Se sentían dueñas de sí mismas. Me gusta pensar en la posible vida de todas las mujeres de mi familia que no han conocido más que los cuidados y el trabajo precario. Me gusta pensar en esta posible vida incluso aunque ello supusiese que yo nunca hubiera nacido. Como la higuera: todas las posibles vidas que podrían haber vivido si hubiesen tenido voz. A veces las imagino libres, allá donde estén, gozando de su libertad y autonomía. De sus decisiones egoístas. Las que nunca pudieron tomar. 

Quizás empoderarse es más esto. Sentirme dueña de mi vida y honrar a las que no pudieron, a las que todavía no pueden. A las que existen aún dentro de mí, y existirán siempre, y a las que recordaré no solo por lo que cuidaron de mí, sino por todas esas pequeñas cosas que a nadie más le importaban. Que iban más allá de ser madre o abuela, pero que yo decido no olvidar.  

ESTAMOS CANSADAS 

A menudo me han tachado de “radical”. Es el adjetivo que se suele utilizar cuando una mujer habla sin tapujos y sabe lo que dice. Yo no tengo problema alguno en declararme feminista, de izquierdas, con una tolerancia cero al racismo y la homofobia y, sobre todo, a favor siempre de los derechos humanos. Por norma general, a los hombres no les gusta que tengas las ideas tan claras. No les gustan las verdades incómodas, ni que hablemos de nuestras experiencias varias en lo que a abuso, acoso o ejercicio del poder se refiere. La mayoría de los hombres con los que he compartido este tipo de sucesos han intentado minimizar la experiencia. “Eso también nos puede pasar a nosotros”, “pero seguro que no era porque fueses mujer”, “no hay que generalizar”. Y, según qué tipo de vínculo me una a dicho ser, me limito a poner los ojos en blanco y cambiar de tema o insisto un poco más. No me las voy a dar de algo que no soy, normalmente opto por la primera opción. 

Se habla mucho en redes sociales del hastío que vivimos las que con quince años intentábamos dar discursos feministas y hacer a los hombres entrar en razón en cuanto a las barbaries que suceden cada día en este planeta. Que entendiesen nuestro punto de vista, ese era el único objetivo. El problema es que, tras aquellos debates, una acababa exhausta y con una sensación de fracaso insoportable, mientras ellos continuaban con sus vidas sin más. Comprendo totalmente que muchos años después nos sintamos sin un ápice de ganas de volver a entrar a debate. No, no tenemos que educar a nadie. Ni a hombres que no quieren escucharnos ni a mujeres que son tan machistas como ellos. 

Antes solía decir que alguien machista tenía “ideas del siglo XIX”, pero a lo largo del tiempo me he dado cuenta del error que cometía. Son ideas del siglo XXI. Son ideas de 2024. Son ideas de personas privilegiadas que, por norma general, siguen creyendo que, de algún modo u otro, existe la superioridad del hombre. Es la única explicación que encuentro a tal aberración. 

Algo que sí tengo claro es que nunca hay que quitarle gravedad al asunto. Ser machista es grave. No defender los derechos de las mujeres es grave. La misoginia que vemos cada día en las redes sociales es grave. Nada de todo eso puede detenerse si no se aborda con la seriedad que requiere. Pero estamos cansadas, lo sé.

The (un)forgotten

Translation by @inkinthisorder and @batordenador

‘Don’t make the same mistakes I did,’ the grandmothers say, the mothers. As if they had actually made them themselves and they hadn’t been steered into a life where they never played the main role. A life of taking care of other people. As if they were guilty of never studying, of spending their life behind their husbands.

Sometimes I look at my mother through the crack of the door. I observe her in silence and think about the sixty-four years she has spent taking care of others. There was always a cousin or a brother to take care of. Then the nephews. Then came the sons. Soon the grandsons will come. She’s never been good at doing anything as she is taking care of people, maybe because practice makes perfect, even if her virtues go way beyond that.

In another life, my paternal grandmother was brilliant in physics and my maternal grandmother is a polyglot. They graduated from university and they had successful careers. They took decisions. They were their own person. I like to think about the possible lives of all the women in my family that have only ever known caring about other and precarious work. I like to think about this potential life even if it means that I’d never been born. Like the fig tree: all the possible lives, wherever they are, enjoying their freedom and autonomy. Their selfish decisions. The ones they never got to choose. 

Maybe the empowerment of women is more about this. About having control of my own life and honouring the ones that couldn’t, the ones that still can’t. The ones that still exist inside of me and will always exist, and the ones I will remember not only because they took care of me, but because of all those small things that no one else cares about. The things that went beyond being a mother or a grandmother, but I decide not to forget. 

WE’RE TIRED

I’ve often been branded as ‘radical.’ That’s the adjective usually used when a woman speaks bluntly and knows what she’s talking about. I don’t have a problem whatsoever with declaring I’m a feminist, a leftist, that I don’t tolerate racism or homophobia and, most of all, that I always advocate for human rights. In general, men don’t like that I have strong opinions. They don’t like uncomfortable truths or when we talk about our various experiences with matters like abuse, harassment or exercising our power. Most men I have shared these kinds of occurrences with have tried to minimize my experience. ‘That can also happen to us,’ ‘but I’m it wasn’t because you were a woman,’ ‘don’t generalize.’ And, depending on the type of bond that ties me to said organism, I just roll my eyes and change the subject or insist a bit more. I’m not going to pretend I’m something that I’m not, I usually go for the first option. 

People on social media talk a lot about the weariness that women feel after trying to have a feminist discourse at fifteen and trying to make men listen to reason in relation to the atrocities that occur everyday on this planet. The only goal was for them to understand our point of view. The problem is that after those debates you end up exhausted and with an unbearable feeling of failure, while they go on with their lives. I totally understand that many years later we might not have an ounce of desire to debate anything. No, we don’t have to educate anyone. Not men that don’t want to listen nor women who are as sexist as them. 

I used to say that people who were sexist had ‘ideas from the twentieth century,’ but after some time I’ve realised the mistake I was making. They are ideas from the twenty-first century. They are ideas from 2026. They are the ideas of privileged people that, generally, still believe that, in some way or the other, men are superior to women. It’s the only explanation I can find to such aberration. 

Something very clear to me is that we must never downplay this issue. Sexism is serious. Not defending women’s rights is serious. The misogyny we see every day on social media is serious. None of these things can be stopped if they are not treated with the importance it deserves. But we’re tired, I know.

(ez) ahaztuak

Traducido por Udara Pascual. IG: @udarapascual

“Ez egin nik egindako akatsak”, esaten dute amonek, amek. Benetan akatsak horiek egin izan balute bezala, eta inoiz protagonistak izan ziren bizitza batera ahokatuak izan ez balira bezala. Besteak zaintzeko bizitza bat. Ikasteko aukera ez izatearen edo bizitza osoa haien senarren atzetik ibili izanaren errua beraiena izango balitz bezala. 

Batzuetan, atearen zulotxotik ama begiratzen dut. Isiltasunean behatzen dut eta zaintzen dabilen hirurogeita hamalau urteetan pentsatzen dut. Beti zaindu beharreko anai edo lehengusuren bat zegoen. Gero, ilobak eta bilobak. Ondoren, seme-alabak. Bere bertuteak bestelakoak izan arren, ez dago zaintzea baino hobeto egiten duen ezer, agian, praktikak maisua eratzen duelako. 

Beste bizitza batean, nire amona zientzietan bikaina zen eta beste amona, eleaniztuna. Unibertsitatetik graduatzen ziren eta ikasketa arrakastatsuak zituzten. Erabakiak hartzen zituzten. Haien bizitzen jabe sentitzen ziren. Zaintzak eta lan ezegonkorrak besterik ezagutu dituzten nire familiako emakumeen bizitza nolakoa izan zitekeen pentsatzea gustuko dut. Bizitza horretan pentsatzea gustuko dut, nahiz eta horrek ni jaio ez izana esan nahi. Pikondoa bezala: ahotsa izanez gero bizi izan ahal zituzten bizitza guztiak. Noiz behinka aske imajinatzen ditut, urrunean, haien autonomiaz eta askatasunez disfrutatzen. Haien erabaki berekoiez. Inoiz hartu izan ahal ez zituztenak. 

Agian, ahalduntzea honako hau da. Nire bizitzaren jabe sentitu eta aukera izan ez zituzten horiek ohoratzea, oraindik ezin dituztenak ohoratzea. Oraindik nire barnean existitzen direnak, beti existituko direnak, eta ni zaintzeagatik zein beste inori inporta ez zaizkien gauzatxo txiki guzti horiengatik betirako oroituko ditudanak. Ama edo amona izateaz haratago joaten zirenak, eta ahaztuak izango ez ditudanak. 

NEKATUTA GAUDE

Batzuetan “erradikala” naizela leporatu didate. Normalean, emakume bat disimulurik gabe hitz egiten duenen eta hitz egiten ari denari buruz dakienean erabiltzen den adjektiboa da. Nik ez dut nire burua feminista, ezkerrekoa, arrazakeriarekiko eta homofobiarekiko tolerantzia zerorekin, eta batez ere, beti giza eskubideen aldekoa adierazteko arazorik. Orokorrez, gizonezkoek ez dute gustuko ideiak horren argi izan ditzazun.  Ez dituzte egia deserosoak gustuko, ezta boterearen ezarpena, abusua edo jazarpenaren inguruko izandako esperientziei buruz hitz egin dezagun. Horrelako egoerak partekatu izan ditudan gizon gehienek esperientzia txikitzen saiatu dira. “Hori ere guri gerta dakiguke”, “seguruenik ez zen emakumea zarelako izan”, “ez da orokortu behar”. Eta, izate horrekin lotzen nauen harreman motaren arabera, begiak zuriz besterik jartzen ditut eta gaiez aldatzen dut, edo sakonago joaten saiatzen naiz. Ez dut ni ez naizen horren itxura hartuko, normalean lehenengo aukera gauzatzen dut. 

Hamabost urteekin diskurtso feministak ematen saiatzen ginenak eta egunero planeta honetan gertatzen diren basakeriei dagokionez gizonak arrastoan sartzen saiatzen ginenak gaur egun bizitzen dugun gogaitasunari buruz asko hitz egiten da sare sozialetan. Gure ikuspuntua ulertu zezaten, hori zen gure helburu bakarra. Arazoa, eztabaida horien ondoren, gizonak haien bizitzarekin besterik gabe jarraitzen zuten bitartean, guk akituta eta porrot jasanezinaren sentsazioarekin bukatzen genuela da. Horrenbeste urte ondoren eztabaidan berriz ere sartzeko gogorik gabe sentitzen garela primeran ulertu dezaket. Ez, ez dugu inor hezi behar. Ez entzun nahi ez gaituzten gizonak, ez gizon horiek bezain matxista diren emakumeak. Lehen, matxista zena “XlX. mendeko ideiak” zituela esaten nuen, baina denbora pasa ahala, akats horretaz konturatu naiz. XXl. mendeko ideiak dira. 2024ko ideiak dira. Modu batez edo bestez gizonaren nagusitasuna existitzen dela sinesten jarraitzen dute pertsona pribilegiatu horien ideiak dira. Horrelako aberrazio bati aurkitzen diodan azalpen bakarra da. 

Argi daukadan zerbait, gai horri larritasuna inoiz kendu behar zaiola da. Matxista izatea larria da. Emakumeen eskubideak ez defendatzea larria da. Sareetan egunero ikusten dugun misoginia larria da. Ezin da hori guztia gelditu beharrezkoa den seriotasunez hartzen ez bada. Baina nekatuta gaude, badakit. 

As (non) esquecidas

Traducido por Flavia. IG: @ffflva. Bluesky: @ozonosfera.bsky.social

“Non cometas os mesmos erros ca min” din as avoas, as nais. Coma se de verdade os cometeran e non se viran abocadas a unha vida da que nunca foron protagonistas. Unha vida de coidar dos demais. Coma se fosen elas culpábeis de non ter a oportunidade de estudar, de pasar a vida toda detrás dos seus maridos.

Ás veces espreito a miña nai pola abertura da porta. Axéxoa en silencio e penso nos sesenta e catro anos que leva coidando. Sempre había un irmán ou un curmán do que coidar. Logo houbo sobriños. Despois viñeron os fillos. Cedo virán os netos. Nada se lle deu mellor ca coidar, talvez porque a práctica fai mestras, por moito que as súas virtudes cheguen moito máis aló. 

Noutra vida, miña avoa paterna era brillante nas ciencias e miña avoa materna era políglota. Graduábanse da universidade e tiñan carreiras exitosas. Tomaban decisións. Sentíanse donas de si mesmas. Práceme pensar na outra vida de todas as mulleres da miña familia que non coñeceron máis ca os coidados e o traballo precario. Práceme pensar nesa posíbel vida mesmo aínda que supuxese que eu nunca nacera. Igual ca a figueira: todas as posíbeis vidas que poderían vivir se daquela tivesen voz. Ás veces imaxínoas ceibas, onde sexa que estean, gozando da súa liberdade e autonomía. Das súas decisións egoístas. As que nunca puideron tomar. 

Talvez empoderarse é máis isto. Sentirme dona da miña vida e honrar as que non puideron, as que aínda non poden. As que existen aínda dentro de min, e existirán sempre, e lembrareinas non unicamente polo que coidaron de min, senón por todas esas cousiñas que a máis ninguén lle importaban.  Que ían para alén de ser nai ou avoa, mais que eu decido non esquecer.  

ESTAMOS CANSADAS 

A miúdo tacháronme de “radical”. É o adxectivo que se adoita empregar cando unha muller fala sen papas na lingua e sabe o que di. Eu non teño problema en declararme feminista, de esquerdas, cunha tolerancia cero ao racismo e á homofobia e, sobre todo, en prol sempre dos dereitos humanos. Por norma xeral, aos homes non lles presta que teña as ideas tan claras. Non lles prestan as verdades incómodas, nin que falemos das nosas múltiples experiencias no referido ao abuso, o acoso ou o exercicio do poder. Os máis dos homes cos que compartín este tipo de sucesos intentaron minimizar a experiencia. “Iso pódenos pasar a nós igual ca a vós”, “mais seguro que non era por seres muller”, “non hai que xeneralizar”. E, segundo que tipo de vínculo me ligue con devandito ser, limítome a pór os ollos brancos e mudar de tema ou insisto un pouco máis. Non me vou chufar de algo que non son, normalmente opto pola primeira opción. 

Fálase moito nas redes sociais do tedio que vivimos as que con quince anos intentabamos dar discursos feministas e facer aos homes entrar en razón en canto ás barbaries que acontecen cada día neste planeta. Que entendesen o noso punto de vista, ese era o único obxectivo. O problema é que, tras aqueles debates, unha acababa exhausta e cunha sensación de fracaso insoportábel, no que eles continuaban coas súas vidas sen parar mentes. Comprendo totalmente que moitos anos despois nos sintamos sen un ápice de gana de entrar de novo no debate. Non, non temos que educar a ninguén. Nin educar os homes que non queren escoitarnos nin as mulleres que son igual de machistas ca eles. 

Antes adoitaba dicir que alguén machista tiña “ideas do século XIX”, mais co paso do tempo decateime do erro que cometía. Son ideas de 2024. Son ideas de persoas privilexiadas que, por norma xeral, seguen coa crenza de que, dalgún xeito ou doutro, existe a superioridade do home. É a única explicación que encontro para tal aberración. 

Algo que si teño claro é que nunca debemos quitarlle gravidade ao asunto. Ser machista é grave. Non defender os dereitos da muller é grave. A misoxinia que vemos cada día nas redes sociais é grave. Nada de todo iso pode deterse se non se aborda coa seriedade que require. Mais estamos cansas, seino.

Les (no) oblidades

Traducido por Ekhine Espinosa. IG: @ekhiineespiinosa

“No cometis els errors que jo vaig cometre”, diuen les àvies, les mares. Com si els haguessin comès de veritat i no s’haguessin vist abocades a una vida de la qual mai van ser protagonistes. Una vida per cuidar a la resta. Com si fossin elles culpables de no haver pogut estudiar, de passar tota una vida rere els seus marits.

A vegades miro a la meva mare per l’escletxa de la porta. L’observo en silenci i penso en els seixanta i quatre anys que porta cuidant. Sempre hi havia un germà o un cosí  al qual cuidar. Més tard va haver-hi nebots. Després van venir els fills. Aviat arribaran els nets. Res se li ha donat millor que cuidar, potser perquè la pràctica fa a la mestra, per molt que les seves virtuts vagin molt més enllà. 

En una altra vida, la meva àvia paterna era brillant en les ciències i la meva àvia materna era poliglota. Es graduaven de la universitat i tenien carreres exitoses. Prenien decisions. Se sentien propietàries de si mateixes. M’agrada pensar en la possible vida de totes aquelles dones de la meva família que no han conegut res més que els cuidats i la feina precària. M’agrada pensar en aquesta possible vida, inclús encara que això suposés que jo mai hagués nascut. Com la figuera: totes les possibles vides que podrien haver viscut si haguessin tingut veu. A vegades les imagino lliures, allà on siguin, gaudint de la seva llibertat i autonomia. De les seves decisions egoistes. Les que mai van poder prendre.

Potser empoderar-se és més això. Sentir-me propietària de la meva vida i honrar a les que no van poder, a les que encara no poden. A les que encara existeixen dins meu, i existiran sempre, i a les que recordaré no només pel que van cuidar de mi, sinó per totes aquelles petites coses que a ningú més li importaven. Que anaven més enllà de ser mare o àvia, però que jo he decidit no oblidar.

ESTEM CANSADES

Sovint m’han qualificat de “radical”. És l’adjectiu que se sol utilitzar quan una dona parla sense embuts i sap el que diu. Jo no tinc cap problema a declarar-me feminista, d’esquerres, amb una tolerància zero al racisme i l’homofòbia i, sobretot, a favor sempre dels drets humans. Per norma general, als homes no els agrada que tinguis les idees tan clares. No els agraden les veritats incòmodes, ni que parlem de les nostres experiències vàries en el que a abús, assetjament o exercici del poder es refereix. La majoria d’homes amb els quals he compartit aquest tipus de successos, han intentat minimitzar l’experiència. “Això també ens pot passar a nosaltres”,  “però segur que no era perquè fossis dona”, “no s’ha de generalitzar”. I, segons quin tipus de vincle m’uneixi a aquest ésser, em limito a posar els ulls en blanc i canviar de tema, o insisteixo una mica més. No me les donaré d’una cosa que no sóc, normalment opto per la primera opció.

Es parla molt a xarxes socials del fàstic que vivim les que amb quinze anys intentàvem donar discursos feministes i fer als homes entrar en raó pel que fa a les barbàries que succeeixen cada dia en aquest planeta. Que entenguessin el nostre punt de vista, aquell era l’únic objectiu. El problema és que, després d’aquells debats, una acabava exhausta i amb una sensació de fracàs insuportable, mentre ells continuaven amb les seves vides sense més ni més. Comprenc totalment que, molts anys després, ens sentim sense cap mena de ganes de tornar a entrar a debat. No, no hem d’educar a ningú. Ni a homes que no volen escoltar-nos ni a dones que són tan masclistes com ells. 

Abans solia dir que algú masclista tenia “idees del segle XIX”, però amb el temps, m’he adonat de l’error que cometia. Són idees del segle XXI. Són idees de 2024. Són idees de persones privilegiades que, per norma general, segueixen creient que, d’una forma o altra, existeix la superioritat de l’home. És l’única explicació que trobo a tal aberració.

El que si tinc clar és que mai se li ha de treure gravetat a l’assumpte. Ser masclista és greu. No defensar els drets de la dona és greu. La misogínia que veiem cada dia a les xarxes socials és greu. Res de tot això es pot aturar si no s’aborda amb una seriositat que requereix. Però estem cansades, ho sé.

Posted in

Deja un comentario