Entre Annie Ernaux Nola Rice y Lana del Rey: la mujer que espera

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(En el siguiente ensayo encontrarás spoilers de la película Match Point. No nos cae bien Woody Allen, pero nos interesa el personaje de Nola Rice)

Nunca sabré cuántas veces he sido the other woman, aquella figura que Jessie Mae Robinson escribió y que interpretaron Nina Simone, Lana del Rey y Jeff Buckley. Sí recuerdo, en cambio, haber habitado la piel de Annie Ernaux en Pura pasión. Y confieso que Nola Rice, la actriz fallida de Match Point, es una de mis pesadillas, porque encarna el peligro que puede implicar una aventura.

Una vez, una amiga me dijo que los hombres, para nosotras, son como el opio: crean una adicción que se disfraza de necesidad, el deseo obsesivo —una enseñanza que recibimos desde pequeñas—. En este ensayo me refiero a los hombres porque, hasta el momento, no he tenido romances punzantes con mujeres; estoy en deuda con esos placeres.

Hay un problema con el deseo obsesivo —son varios, en realidad—: principalmente, el peligro de saltar al vacío aun sabiendo que ahí no es. Te entregas como la carta del loco, lanzándote a ciegas a ese abismo abrumador, a una idea errada de algo que te quieren hacer creer. Hablo de esta obsesa que ya probó, que ya fue seducida, la que espera en soledad a que llegue él, todo esto luego de atravesar el límite invisible al que nos vemos expuestas como malas mujeres.

En Match Point no vemos la perspectiva de Nola Rice; la película está contada desde la mirada de Chris, pero puedo intuir qué sucede cuando ella desaparece de la escena. Allí se dibuja un contraste que recuerda al madonna-whore complex: las mujeres para casarse versus las mujeres para divertirse, una dicotomía que, aunque parezca del siglo pasado, sigue vigente hoy. Woody Allen proyecta esta fantasía en las características físicas de sus protagonistas: Nola, interpretada por Scarlett Johansson, es voluptuosa, rubia, de labios carnosos; su contraparte Chloe, interpretada por Emily Mortimer, delgada, sencilla, con elegancia.

Nola es actriz —o aspirante a actriz—, y Chris, fascinado por su belleza sensual, la sigue con la mirada mientras paralelamente busca consolidar un romance con una mujer “de bien”. En ella se perpetúa el cliché de la mujer bonita y seductora, proveniente de una familia disfuncional y marcada por el abandono, que utiliza sus encantos para atraer hombres. Esa no es la cuestión ahora —podría explorarse en otra ocasión—; aquí me concentro en el arquetipo de la amante que espera y sufre, la mujer obsesa que pierde la cabeza aguardando una llamada o un mensaje.

Desde un inicio, Nola simplemente existía, y para Chris esto se transformó en un deseo mayor. Él la cortejó incontables veces hasta que ella cedió, vulnerable, atrapada por la insistencia. Para Nola las cosas estaban claras: no buscaba una aventura, pero terminó en el círculo vicioso y placentero de esa relación. Se ve atormentada, convencida de que Chris dejará a su esposa. En el fondo, no quiere ser la otra mujer: quiere ser escogida, y esa ilusión la arrastra a la perdición obsesiva de la espera.

Ernaux, en Pura pasión, nos sumerge en un relato sofocante, digno de thriller psicológico. Quienes hemos estado en esa cama sabemos que nuestra mente pende de un hilo. Ella es escritora y tuvo un par de encuentros con un hombre menor y casado. La espera de Ernaux es angustiante, y su rutina se transforma en incertidumbre: cada acto y decisión que toma durante el día la hace pensando en cómo él aparecerá por esa puerta y se la cogerá por horas; y que toda esa espera habrá valido la pena, que todas esas horas en las que no hizo nada más que pensar en él habrán sido por algo. Ernaux es una mártir del desconsuelo de no ser elegida.

The Other Woman tiene tres versiones. Si bien es la misma canción, los usuarios de internet

—y yo— concluimos que la interpretada por Nina Simone es la esposa resignada; la de Lana del Rey, la amante; y la de Jeff Buckley, el esposo. Un triángulo que nos inventamos para dar vida a lo que ya existe, pero en nuestro inconsciente. Esto lo basamos en lo que Lana del Rey representa para nosotras: la soledad de mujeres que sienten demasiado, reflejada en la frase “And when her old man comes to call he finds her waiting like a lonesome queen”, o en español: “Y cuando su viejo hombre viene a llamarla, la encuentra esperando como una reina en soledad”.

El corazón de la otra mujer es excesivamente compasivo con otros, pero no consigo misma. Su agenda está organizada en función de la vida de los demás. La escena frente al teléfono es literal. Hoy es un mensaje, una llamada, una notificación que avisa algo.

Woody Allen no desarrolló a Nola Rice, pero nosotras terminamos de rellenar su historia. Porque si bien no todas hemos sido amantes, a la mayoría nos ha tocado esperar a un otro, obsesionarnos con sus pasos. No todas las mujeres estamos construidas de un sólido amor propio —eso se va cultivando con el tiempo—, pero nos enseñaron que teníamos que formar relaciones basándonos en el amor romántico con hombres que, en su mayoría, están ausentes, que no están disponibles emocionalmente. Todo eso lo venimos escuchando en boca de las feministas que se han dado a la tarea de destruir esos horribles cimientos.

La diferencia es crucial: Ernaux narra la experiencia con crudeza, despojando a la amante de glamour; Allen convierte a Nola en un icono bello incluso en su tragedia; y Lana encarna la fantasía pop de la mujer que se viste para un hombre que nunca llega. Tres versiones de la misma soledad. Tres moldes de un arquetipo que sigue vigente: la mujer que espera, que desea demasiado, y que rara vez tiene derecho a contarse a sí misma.

Como podemos advertir, la mujer que espera aparece en la literatura, en el cine y en la música; ella encarna belleza, deseo, misterio y vulnerabilidad, pero también es una figura peligrosa para quienes la hemos encarnado, porque la espera obsesiva puede consumir nuestro tiempo, energía y autoestima. La primera no se recupera y vivir en esa espera es arriesgarse a perderse.

Between Annie Ernaux, Nola Rice and Lana del Rey: the woman who waits

Translation by @inkinthisorder and @batordenador

(The following essay contains spoilers for the film Match Point. We don’t like Woody Allen, but we are interested in the character of Nola Rice.)

I will never know how many times I have been the other woman, that figure written by Jessie Mae Robinson and interpreted by Nina Simone, Lana del Rey, and Jeff Buckley. I do remember, however, having inhabited the skin of Annie Ernaux in Pure Passion. And I confess that Nola Rice, the failed actress in Match Point, is one of my nightmares, because she embodies the danger that an affair can entail.

A friend once told me that men, for us, are like opium: they create an addiction that masquerades as a need, an obsessive desire—a lesson we learn from an early age. In this essay, I allude to men because, so far, I have not had any intense romances with women; I am indebted to those pleasures.

There is a problem with obsessive desire—several, in fact—: mainly, the danger of jumping into the void even knowing that’s not it. You give yourself up like the fool’s card, throwing yourself blindly into that overwhelming abyss, into a mistaken idea of something they want you to believe. I am talking about this obsessive woman who has already tasted it, who has already been seduced, who waits alone for him to arrive, all this after crossing the invisible line to which we are exposed as bad women.

In Match Point, we do not see Nola Rice’s perspective; the film is told from Chris’s point of view, but I can sense what happens when she disappears from the scene. There is a contrast reminiscent of the Madonna-whore complex: women to marry versus women to have fun with, a dichotomy that, although it seems to belong to the last century, is still relevant today. Woody Allen projects this fantasy onto the physical characteristics of his protagonists: Nola, played by Scarlett Johansson, is voluptuous, blonde, with full lips; her counterpart Chloe, played by Emily Mortimer, is slim, simple, and elegant.

Nola is an actress —or aspiring actress— and Chris, fascinated by her sensual beauty, follows her with his gaze while simultaneously seeking to consolidate a romance with a ‘good’ woman. She perpetuates the cliché of the beautiful and seductive woman, from a dysfunctional family and marked by abandonment, who uses her charms to attract men. That is not the issue here—it could be explored another time—; here I focus on the archetype of the lover who waits and suffers, the obsessed woman who loses her mind waiting for a call or a message. 

From the beginning, Nola simply existed, and for Chris this became a greater desire. He courted her countless times until she gave in, vulnerable, caught up in his insistence. For Nola, things were clear: she wasn’t looking for an affair, but she ended up in the vicious and pleasurable circle of that relationship. She is tormented, convinced that Chris will leave his wife. Deep down, she doesn’t want to be the other woman: she wants to be chosen, and that illusion drags her into the obsessive doom of waiting.

Ernaux, in Pure Passion, immerses us in a suffocating story, worthy of a psychological thriller. Those of us who have been in that bed know that our minds hang by a thread. She is a writer and she had a couple of encounters with a younger, married man. Ernaux’s waiting is agonising, and her routine is transformed into uncertainty: every action or decision she takes during the day she does while thinking of how he will come through the door at any moment and fuck her for hours; thinking how all that waiting will have been worth it, how all those hours when she did nothing but think about him will have been for something. Ernaux is a martyr to the heartbreak of not being chosen.

The Other Woman has three versions. Although it is the same song, internet users—and I— conclude that the version performed by Nina Simone is the resigned wife; Lana del Rey’s is the mistress; and Jeff Buckley’s is the husband. A triangle that we invent to give life to what already exists, but in our unconscious. We base this on what Lana del Rey represents for us: the loneliness of women who feel too much, reflected in the phrase ‘And when her old man comes to call he finds her waiting like a lonesome queen’.

The heart of the other woman is overly compassionate towards others, but not towards herself. Her schedule is organised around the lives of others. The scene in front of the telephone is literal. Today it is a message, a call, a notification that alerts her of something.

Woody Allen did not develop Nola Rice, but we finished filling in her story. Because while not all of us have been mistresses, most of us have had to wait for someone else, obsessing over their every move. Not all women are built with solid self-esteem—that is cultivated over time—but we were taught that we had to form relationships based on romantic love with men who, for the most part, are absent, who are not emotionally available. We have been hearing all this from feminists who have taken it upon themselves to destroy those horrible foundations.

The difference is crucial: Ernaux narrates the experience bluntly, stripping the mistress of her glamour; Allen turns Nola into a beautiful icon even in her tragedy; and Lana embodies the pop fantasy of the woman who dresses up for a man who never arrives. Three versions of the same loneliness. Three moulds of an archetype that remains relevant: the woman who waits, who desires too much, and who rarely has the right to tell her own story.

As we can see, the woman who waits appears in literature, film, and music; she embodies beauty, desire, mystery, and vulnerability, but she is also a dangerous figure for those of us who have embodied her, because obsessive waiting can consume our time, energy, and self-esteem. The former cannot be recovered, and to live in that waiting is risking losing oneself.

Annie Ernaux, Nola Rice eta Lana del Reyren artean: itxaroten duen emakumea

Traducido por Udara Pascual. IG: @udarapascual

(Hurrengo entseguan, Match Point pelikularen spolierrak aurkituko dituzu. Ez dugu Woody Allen atsegin, baina Nola Riceren pertsonaia interesatzen zaigu)

Ez dakit zenbatetan izan naizen the other woman, Jessie Mae Robinsonek idatzitako eta Lana del Rey, Jeff Buckley eta Nina Simonek interpretatutako irudi hori. Pura Pasionen Annie Ernauxen azalean egotea berriz, bai oroitzen dut. Eta aitortu behar dut, Nola Rice, Match Pointen huts egindako aktoresa, nire amets gaiztoetako bat dela, izan ere, abentura batek ekar dezakeen arriskua irudikatzen du. 

Behin lagun batek gizonezkoak gurentzat opioa bezalakoa direla esan zidan: beharraz mozorrotzen den mendekotasun bat sortzen dute, desira obsesiboa – txikitatik jasotzen dugun irakaspena — Entsegu honetan, gizonei egiten diet erreferentzia orain arte emakumeekin erromantze ziztatzailerik izan ez dudalako; plazer horiei oraindik asko zor dizkiet.

Arazo bat dago desira obsesiboarekin — berez, batzuk dira–: nagusiena, bertan ez dela jakin arren, amildegira salto egitearen arriskua. Zoroaren karta bezala zure burua eskaintzen duzu, ikaragarrizko zulo horretara itsu jaurtiz, sinetsi dezazun nahi duten ideia oker horretara. Jada frogatu duen obsesionaturiko pertsona honi buruz hitz egiten dut, limurtuta izan zena, gizon hori iritsi dezan bakardadean itxaroten duena, eta hau guztia, emakume txar bezala aurre egin behar diogun limite ikusezina zeharkatu ondoren. 

Match Pointen ez dugu Nola Riceren ikuspuntua ikusten; pelikula Chrisren begiradatik kontatuta dago, baina Nola eszenatik desagertzen denean zer gertatzen den susmatu dezaket. Madonna-whore complexera hurbiltzen den kontrastasun bat marraztu egiten da bertan: ezkontzeko emakumeak versus dibertitzeko emakumeak, aurreko garaikoa dirudien arren, gaur egun indarrean jarraitzen duen dikotomia. Woody Allenek, bere protagonisten ezaugarri fisikoetan fantasia hau proiektatzen du: Nola, Skarlett Johanssonek interpretatutakoa, atseginzalea da, ile horikoa, ezpain haragitsuekin; Chloe adliz, Emily Mortimerrek interpretatuta, argala, apala, elegantea. 

Nola aktoresa da –edo aktoresa izatearen prozesuan–, eta Chrisek, bere edertasun sentsualaz liluratuta, begiradarekin jarraitzen du, aldi berean, emakume “zintzo” batekin erromantze bat finkatzea bilatzen duelarik. Nolan, emakume ederra eta seduktorearen klixea iraunarazi egiten da, abandonuak markatutako familia disfuntzional batetik datorrena, eta bere xarma gizonak erakartzeko erabiltzen duena. Baina hori ez da gure gaia orain – beste batean esploratu daiteke–. Hemen, itxaroten duen eta sufritzen duen maitalearen arketipoan kontzentratzen naiz, dei bat edo mezu bat itxaroten duela burua galtzen duen emakume obsesiboa. 

Hasiera batetik, Nola existitzen zen soilik, eta Chrisentzat, honako hau desira handiago batean bilakatu zen. Nolak amore eman zuen arte, kaltebera eta horrenbeste errepikapenetan harrapatuta, milaka aldiz gorteatu egin zuen. Nolarentzat gauzak argi eta garbi ziren: ez zuen abenturarik bilatzen, baina harreman horren gurpil zoro eta atsegin horretan amaitu zuen. Atsekabetuta zegoen, Chris bere emaztea utziko zuela ziur. Azken finean, ez du beste emakumea izan nahi: aukeratuta izan nahi du, eta ilusio horrek itxaropenaren hondamen obsesibora eramaten du. 

Ernaux, Pura pasionen, itotzeko moduko kontakizun batean murgiltzen gaitu, thriller psikologiko bat izatea merezita. Ohe horretan egon garenok, gure gogoa hari batetik zintzilikaturik dagoela dakigu. Bera idazlea da, eta gizon gazteago eta ezkondu batekin elkartze pare bat izan zituen. Ernauxen itxaropena egonezina da, eta bere errutina ziurgabetasunean bilakatzen da: egunean zehar hartzen duen erabaki bakoitza, gizon hori ate horretatik nola agertuko den pentsatuz egiten du; eta orduan, itxaron egindako guzti hori mereziko du, mutilari buruz pentsatzea besterik egin ez duen ordu guzti horiek zerbaiterako balio izango dute. Ernaux, aukeratua ez izatearen atsekabearen martirio bat da. 

The Other Woman hiru bertsio ditu. Abesti berdina izan arren, interneteko erabiltzaileek – ni barne– Nina Simonek interpretatutakoa emazte etsitua dela ondorioztatzen dugu; Lana del Reyk egindakoa, maitalea; eta Jeff Buckleyrena, senarra. Jada existitzen denari bizia emateko asmatzen dugun triangelu bat, baina gure inkontzientean. Honako hau, Lana del Reyk guretzat irudikatzen duenean oinarritzen dugu: gehiegi sentitzen duten emakumeen bakardadea, “And when her old man comes to call he finds her waiting like a lonesome queen” esaldian irudikatuta, edo euskaraz: “eta bere gizon zaharra bera deitzera etortzen denean, erregina bakarti bat bezala itxaroten aurkitzen du”. 

Beste emakumearen bihotza besteekin gupidatsuegia da, baina ez bere izate propioarekin. Bere agenda besteen bizitzaren arabera antolatuta dago. Telefonoaren aurreko eszena bezala. Gaur mezu bat da, dei bat, zerbait ohartarazten duen jakinarazpen bat. 

Woody Allenek ez duen Nola Rice garatu, baina gu bere historia betetzen lagundu dugu. Izan ere, guztiak maitaleak izan ez garen arren, gehienek beste norbait itxaron behar izan dugu, bere pausoengatik obsesionatuta. Emakume guztiak ez gaude maitasun propio sendo batez osaturik – hori denborarekin landu egiten da–, baina maitasun erromantikoan oinarritutako harremanak gizonekin osatu behar genituela erakutsi ziguten, gizonak zeintzuk gehienak aldenduak dauden eta emozionalki ez eskuragai. Hau guztia, zimendu ikaragarri horiek suntsitzearen eginkizuna hartu duten feministen ahoetatik entzuten aritu gara. 

Desberdintasuna oso garrantzitsua da: Ernauxek esperientzia gogortasunez kontatzen du, maitaleari glamourra erantziz; Allenek Noa ikono eder batean bilakatzen du, baita bere zorigaitzean ere; eta Lanak, inoiz ailegatzen den gizonarentzako janzten den emakume poparen fantasia irudikatzen du. Bakardade berdinaren hiru bertsio. Indarrean jarraitzen duen arketipoaren hiru molde: itxaroten duen emakumea, gehiegi desiratzen duena, eta gutxitan bere izate propioa aurkitzeko eskubidea duena. 

Ohartarazi dezakegun bezala, itxaroten duen emakumea literaturan ageri oi da, zineman eta musikan; bera, edertasuna irudikatzen du, desira, misterioa eta ahultasuna, baina haren itxura hartu dugunontzat irudi arriskutsua ere bada, izan ere, horrenbeste itxaroteak, obsesiboki itxaroteak, gure denbora, energia eta autoestimua kontsumitu dezake. Lehenengoa ez da berreskuratzen, eta itxaronaldi horretan bizitzea, galtzera arriskatzea da.

Entre Annie Ernaux Nola Rice e Lana del Rey: a muller que agarda

Traducido por Flavia. IG: @ffflva. Bluesky: @ozonosfera.bsky.social

(No seguinte ensaio toparaste con spoilers do filme Match Point. Non nos cae ben Woody Allen, mais interésanos a personaxe de Nola Rice)

Nunca saberei cantas veces fun eu the other woman, aquela figura que Jessie Mae Robinson escribiu e que interpretaron Nina Simone, Lana del Rey e Jeff Buckley. Si que lembro, pola contra, habitar a pel de Annie Ernaux en Pura paixón. E confeso que Nola Rice, a actriz falida de Match Point, é un dos meus pesadelos, porque encarna o perigo que pode implicar unha aventura.

Unha vez, unha amiga díxome que os homes, para nós, son coma o opio: crean unha adicción que se disfraza de necesidade, o desexo obsesivo —unha lección que aprendemos desde pequenas—. Neste ensaio refírome aos homes porque, até o de agora, non tiven romances punxentes con mulleres; estou en débeda con eses praceres.

Hai un problema co desexo obsesivo —son varios, a verdade—: principalmente, o perigo de saltar ao baleiro a sabendas de que por aí non é. Entrégaste igual ca a carta do tolo, lanzándote ás cegas cara a ese abismo esmagador, cara a unha idea errada de algo que buscan facerche crer. Falo desta obsesa que xa probou, que xa foi seducida, de quen agarda en soidade que chegue el, todo isto despois de atravesar o límite invisíbel ao que nos vemos expostas como malas mulleres.

En Match Point non vemos a perspectiva de Nola Rice; o filme está narrado desde a ollada de Chris, mais podo intuír o que sucede cando ela desaparece da escena. Entre bastidores debúxase un contraste que recorda ao madonna-whore complex: as mulleres para casar versus as mulleres para se divertir, unha dicotomía que, aínda que pareza do século pasado, segue hoxe vixente. Woody Allen proxecta esta fantasía mediante as características físicas das súas protagonistas: Nola, interpretada por Scarlett Johansson, é voluptuosa, loura, de labios carnosos; a súa contraparte Chloe, interpretada por Emily Mortimer, delgada, sinxela, con elegancia.

Nola é actriz —ou aspirante a actriz—, e Chris, fascinado pola súa beleza sensual, séguea coa mirada mentres paralelamente procura consolidar un romance cunha muller “de ben”. Nela perpetúase o clixé da muller bonita e sedutora, procedente dunha familia disfuncional e marcada polo abandono, que utiliza os seus encantos para atraer homes. Esa non é a cuestión agora —podería explorarse noutra ocasión—; aquí destaco o arquetipo da amante que agarda e sofre, a muller obsesa que perda a cabeza agardando unha chamada ou unha mensaxe.

Desde un principio, Nola simplemente existía, e para Chris isto transformouse nun desexo maior. El fíxolle as beiras innumerábeis veces até que ela cedeu, vulnerábel, atrapada pola insistencia. Para Nola as cousas estaban claras: non buscaba unha aventura, mais terminou no círculo vicioso e pracenteiro desa relación. Vese atormentada, convencida de que Chris deixará a súa esposa. No fondo, non quere ser a outra muller: quere ser escolleita, e esa ilusión arrástraa á perdición obsesiva da espera.

Ernaux, en Pura paixón, mergúllanos nun relato sufocante, digno de thriller psicolóxico. Quen estivo nesa cama sabe que a nosa mente está pendente dun fío. Ela é escritora e tivo un par de encontros cun home menor e casado. A espera de Ernaux é angustiadora, e a súa rutina tórnase en incerteza: cada acto e decisión que toma durante o día faina pensando en como el aparecerá pola porta e a collerá por horas; e que toda esa espera pagará a pena, que todas esas horas nas que non fixo máis nada que pensar nel por fin terán o seu sentido. Ernaux é unha mártir do desconsolo de non ser elixida.

The Other Woman ten tres versións. Se ben é a mesma canción, os usuarios da internet —e mais eu— concluímos que a interpretada por Nina Simone é a esposa resignada; a de Lana del Rey, a amante; e a de Jeff Buckley, o esposo. Un triángulo que nos inventamos para dar vida ao que xa existe, mais no noso inconsciente. Isto baseámolo no que Lana del Rey representa para nós: a soidade de mulleres que senten demasiado, reflectida na frase “And when her old man comes to call he finds her waiting like a lonesome queen”, ou en galego: “E cando o seu vello home vén chamala, atópaa agardando como unha raíña solitaria”.

O corazón da outra muller é excesivamente compasivo con outros, mais non consigo mesma. A súa axenda está organizada en función da vida dos demais. A escena fronte ao teléfono é literal. Hoxe é unha mensaxe, unha chamada, unha notificación que avisa algo.

Woody Allen non desenvolveu a Nola Rice, mais nós terminamos de encher a súa historia. Porque se ben non todas fomos amantes, ás máis toconounos agardar por outrén, obsesionarnos cos seus pasos. Non todas as mulleres estamos construídas dun sólido amor propio —ese vaise cultivando co tempo—, mais ensináronnos que tiñamos que formar relacións baseándonos no amor romántico con homes que, na súa maioría, están ausentes, que non están dispoñíbeis emocionalmente. Vimos de escoitar todo isto en boca das feministas que se deron á tarefa de destruír eses horríbeis cimentos.

A diferenza é crucial: Ernaux narra a experiencia con crueza, despoxando a amante de glamour; Allen converte a Nola nunha icona fermosa inclusive na súa traxedia; e Lana encarna a fantasía pop da muller que se viste para un home que nunca chega. Tres versións da mesma soidade. Tres moldes dun arquetipo que segue vixente; a muller que agarda, que desexa demasiado, e que raras veces ten dereito a contarse a si mesma.

Como podemos advertir, a muller que agarda aparece na literatura, no cinema e na música; ela encarna beleza, desexo, misterio e vulnerabilidade, mais tamén é unha figura perigosa para quen a encarnamos, porque a espera obsesiva pode consumir o noso tempo, a nosa enerxía e autoestima. A primeira non se recupera e vivir na espera é arriscarse a se perder unha mesma.

Entre Annie Ernaux Nola Rice i Lana del Rey: la dona que espera

Traducido por Ekhine Espinosa. IG: @ekhiineespiinosa

(Al següent assaig, hi trobaràs spoilers de la pel·lícula Match Point. No ens cau bé Woody Allen, però ens interessa el personatge de Nola Rice).

Mai sabré quantes vegades he estat the other woman, aquella figura que Jessie Mae Robinson va escriure i que van interpretar Nina Simone, Lana del Rey i Jeff Buckley. Sí que recordo, en canvi, haver habitat la pell d’Annie Ernaux a Pura Pasión. I confesso que Nola Rice, l’actriu fallida de Match Point, és un dels meus malsons, perquè encarna el perill que pot implicar una aventura.

Una vegada, una amiga em va dir que els homes, per a nosaltres, són com l’opi: creen una addicció que es disfressa de necessitat, el desig obsessiu –un aprenentatge que rebem des de petites–. A aquest assaig em refereixo als homes perquè, fins al moment, no he tingut romanços punxants amb dones; estic en deute amb aquests plaers.

Hi ha un problema amb el desig obsessiu –són diversos, en realitat–: principalment, el perill de saltar al buit, encara sabent que allà no és. T’entregues com la carta del boig, llençant-te a cegues, a aquell abisme abrumador, a una idea errada d’alguna cosa que et volen fer creure. Parlo d’aquesta obsessa que ja ho va provar, ja va ser seduïda, la que espera en solitud a què arribi ell, tot això després de travessar el límit invisible en el qual ens veiem exposades com a males dones.

A Match Point, no veiem la perspectiva de Nola Rice; la pel·lícula està explicada des de la mirada de Chris, però puc intuir què succeeix quan ella desapareix de l’escena. Allà es dibuixa un contrast que recorda al madonna-whore complex: les dones per casar-se versus, les dones per divertir-se, una dicotomia que, encara que sembli del segle passat, continua vigent avui. Woody Allen projecta aquesta fantasia en les característiques físiques de les seves protagonistes: Nola, interpretada per Scarlett Johanson, és voluptuosa, rossa, de llavis carnosos; la seva contrapart Chloe, interpretada per Emily Mortimer, prima, senzilla, amb elegància.

Nola és actriu –o aspirant a actriu–, i Chris, fascinat per la seva bellesa sensual, la segueix amb la mirada mentre paral·lelament busca consolidar un romanç amb una altra dona “de bé”. S’hi perpetua el clixè de la dona bonica i seductora, provinent d’una família disfuncional i marcada per l’abandonament, que utilitza els seus encants per atraure a homes. Aquesta no és la qüestió ara –podria explorar-se en una altra ocasió–; aquí em centro en l’arquetip de l’amant que espera i pateix, la dona obsessa que perd el cap esperant una trucada o un missatge.

Des d’un inici, Nola simplement existia, i per a Chris això es va transformar en un desig més gran. Ell la va cortejar incomptables vegades fins que ella va cedir, vulnerable, atrapada per la insitència. Per a Nola, les coses estaven clares: no buscava una aventura, però va acabar en el cercle viciós i plaent d’aquella relació. Es veu turmentada: vol ser escollida, i aquella il·lusió l’arrossega a la perdició obsessiva de l’espera. 

Ernaux, a Pura Pasión, ens submergeix en un relat sufocant, digne de thriller psicològic. Les persones que hem estat en aquell llit sabem que la nostra ment tendeix d’un fil. Ella és escriptora i va tenir un parell de trobades amb un home més jove i casat. L’espera d’Ernaux és anguntiant, i la seva rutina es transforma en incertesa: cada acte i decisió que pren durant el dia, la fa pensant en com ell apareixerà per aquella porta i ….. per hores; i que tota aquella espera haurà valgut la pena, que totes aquelles hores en què no va fer més que pensar en ell, hauran sigut per alguna cosa. Ernaux és una màrtir del desconsol de no ser escollida.

The Other Woman té tres versions. Si bé és la mateixa cançó, els usuaris d’Internet –i jo– concloem que la interpretada per Nina Simone és l’esposa resignada; la de Lana del Rey, l’amant; i la de Jeff Buckley, el marit. Un triangle que ens inventem per donar vida al que ja existeix, però en el nostre inconscient. Això ho basem en el que Lana del Rey representa per a nosaltres: la soledat de dones que senten massa, reflectida a la frase “And when her old man comes to call he finds her waiting like a lonesome queen”, o en català: “I quan el vell home ve a trucar-la, la troba esperant com una reina en soledat”.

El cor de l’altra dona és excessivament compassiu amb els altres, però no amb si mateixa. La seva agenda està organitzada en funció de la vida de la resta. L’escena davant el telèfon és literal. Avui és un missatge, una trucada, una notificació que avisa d’alguna cosa.

Woody Allen no va desenvolupar a Nola Rice, però nosaltres acabarem d’emplenar la seva història. Perquè si bé no totes hem sigut amants, a la majoria ens ha tocat esperar a un altre, obsessionar-nos amb les seves passes. No totes les dones estem contruïdes d’un sòlid amor propi –això es va cultivant amb el temps–, però ens van ensenyar a havíem de formar relacions basant-nos en l’amor romàntic amb homes que, majoritàriament, són absents, que no estan disponibles emocionalment. Tot això, ho hem escoltat en boca de les feministes que s’han donat a la tasca de destruir aquests horribles fonaments.

La diferència és crucial: Ernaux narra l’experiència amb cruesa, despullant a l’amant de glamour; Allen converteix a Nola en un icona bell, fins i tot a la seva tragèdia; i Lana encarna la fantasia pop de la dona que es vesteix per un home que mai arriba. Tres versions de la mateixa soledat. Tres motlles d’un arquetip que segueix vigent: la dona que espera, que desitja massa, i que estranyament té dret a comptar-se a si mateixa.

Com podem advertir, la dona que espera apareix a la literatura, al cinema i a la música; ella encarna bellesa, desig, misteri i vulnerabilitat, però també és una figura perillosa per a les que l’hem encarnat, perquè l’espera obsessiva pot consumir el nostre temps, energia i autoestima. La primera no es recupera i viure en aquesta espera és arriscar-se a perdre’s.

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