Esta lectura forma parte de la sección «Lecturas de domingo» de Espacio Rebeldía, y es posible gracias a la participación de nuestras colaboradoras y traductoras. Está disponible en castellano, inglés, euskera y galego.
Una reflexión de Valeria Paredes
Encuentra a Valeria en Instagram y Substrack:

Ver a una mujer con las mismas facciones de mi madre y mías ser tirada al suelo, mientras sus hijos lloraban y gritaban, por un “oficial” de un país que se ha creído divino desde su creación me destrozó por completo. Después de unos días me enteré de que era ecuatoriana, de mi propia sangre. Tal vez ella también extraña Ecuador, y probablemente de una diferente manera de la que yo extraño pensar que era seguro para mí, o para cualquiera de los que amo que siguen allá, viendo en qué termina esta corrupción. No me enorgullece decir que me fui, que he viajado a varios países buscando algo mejor, sin darme cuenta de que nos han vendido que lo “mejor” siempre ha estado fuera de nuestro alcance pero que deberíamos buscarlo igualmente— solo que no en nuestro país.
Siempre me han culpado de no estar muy informada de lo que pasa en la política de mi país. Algo sobre mí es que usualmente me rindo con las cosas con las que no triunfo inmediatamente, y una de esas cosas ha sido la política ecuatoriana. No hay derechas y no hay izquierdas, al menos no unas tan separadas, ni tampoco se trata de un solo partido. Me parece tan complicado que no me da el cerebro para poder entender lo que está sucediendo desde una perspectiva más crítica. La política de otros países como España o Estados Unidos me parece más simple de entender. Tal vez no es tan complicado y solo se trata de la distancia que tengo con esos dos países la que me permite entender las cosas, sin la dificultad que presenta el pensar y recordar una y otra vez que mis padres están ahí mismo, viviendo las consecuencias de lo que sea que está destruyendo Ecuador.
El problema no es que no esté informada. Veo protestas que suceden cada día, sé del paro nacional y por qué lo están haciendo, de las vacunas a los negocios pequeños que llevan en un mismo local cincuenta años y les ha tocado irse, de la amazonia que se está vendiendo a los ricos. Sé de lo que ha dicho “nuestro” presidente y de todas las negociaciones que supuestamente ha hecho con Estados Unidos— una que decía que haría que no se tenga un enfoque en deportar a migrantes ecuatorianos, ¡solo los de los otros países que no nos importan! Mientras tanto no puedo entender cómo llegamos aquí, ni cómo los comentarios en todas las publicaciones de este
hombre son de un apoyo que parece incondicional. Bueno, tengo algunas ideas de cómo pudo ser, de cómo se manipuló a mi país para que piense que todo lo contrario al pasado que tuvimos es inmediatamente bueno.
Igualmente, no puedo darme el lujo de regresar, después de haberme dado el lujo de irme. Aunque no puedo decir que siempre se ha sentido como un lujo. Un lujo es ir y volver cada vez que quieras y saber que nunca te va a pasar nada, el no tener la ansiedad constante y tener que quedarte encerrada en casa cada vez que vas. El saber que tu situación migratoria es tan perfecta que no te van a impedir que vuelvas al lugar donde te sientes segura (sea tu país o el nuevo donde vives) en cualquier momento. Mi situación es mejor que la de muchos que emigran a España u otros países. No estoy en Estados Unidos, porque lo estuve hace unos meses por una semana para ver a mis padres (vean los pasajes de ida y vuelta a Ecuador y cuánto cuestan), y aun así no podía caminar cerca de un policía sin querer desmayarme. No vine a trabajar exclusivamente, vine a estudiar una carrera que me apasiona. Tampoco trabajo ni acepto un salario menor al mínimo con la excusa de mis jefes de que no tengo papeles.
Estudio sociología en la universidad a la que quería ir porque apliqué varias veces para acceder, tengo un negocio pequeño de joyería creativa por Instagram y vivo con mi novia y nuestro gato Charlie. Voy al Mercadona una vez cada dos semanas y limpio mi casa los domingos. Compro mangos y moras cuando estoy triste. Tengo que viajar en Renfe una hora todos los días para llegar a la universidad y aguantar el calor del verano en Madrid por la necesidad de extranjería de mantener mis trámites “en trámite” y no dejarme regresar a mi país con la seguridad de que podré volver a estudiar y vivir la vida que he creado acá. Así que no estoy en una situación por la que alguien debería apenarse y probablemente nunca lo he estado por completo.
Durante mi tiempo aquí he conocido ecuatorianos muchas veces, ecuatorianos que han manejado mis taxis cuando puedo pagarlos, que trabajaron en la compañía de mudanzas que contraté este año, que sirven mi comida en restaurantes ecuatorianos cuando me siento más nostálgica de lo usual, mujeres vendiendo en la calle con mi mismo acento, hombres vendiendo pulseras de varios países que me preguntan de qué parte soy cuando compro la de Ecuador.
Quisiera algún día poder volver y enseñarle mi país a las personas que he conocido fuera. Una parte de mí desearía nunca haberse ido, pero también todas ellas desearían que nunca hubieran existido las condiciones que me hicieron querer irme. No conozco a nadie en Ecuador (que yo sepa) que no tomaría la oportunidad de irse si se la dieran. Me decepciono de mí misma cuando recuerdo que me fui y que no me quedé para ver cómo terminaba todo, y estar ahí en lugar de tan lejos preguntando a mi familia qué ha sucedido últimamente y escuchar solo una parte porque no me quieren asustar.
Opino que Ecuador sigue siendo un país hermoso. Mi mejor amiga es de las Galápagos y recién estuvo ahí, vi las fotos del mar, los lobos marinos en la calle, los mini tiburones, las playas limpias, y las calles preciosas. Recuerdo ir a Cuenca (el Cuenca de Ecuador) antes de venir a Madrid por primera vez, viajé con mis padres y mi hermana en carro y pude ver la sierra y las montañas, los bosques y el olor del frío. Las llamas suaves en la calle y las tiendas de artesanías y chocolate ecuatoriano. Me encanta ir a los supermercados y comprar lo que es de origen ecuatoriano porque me hace sentir más cerca, por más que rogué por irme en algún momento.
Mi amigo trabaja en la embajada y me llevó a un concierto de bandas latinoamericanas (en su mayoría ecuatorianas) y pude ver a Verde 70, a quienes mis padres iban a ver a las discotecas en Guayaquil hace veinte años. No nos damos cuenta, y por más que pensemos que no, dejamos una parte muy grande de nosotros en el lugar del que nos vamos. Por más que sea por una gran oportunidad o por un gran sacrificio. Por alguna razón siempre es solo una de esas dos razones la que nos arranca de las raíces.
¡REBÉLATE REVISTA Nº 14 YA DISPONIBLE!

Roots
A reflection from Valeria Paredes
Find Valeria on Instagram and Substack:

Translation by @inkinthisorder and @batordenador
Seeing a woman with the same face as me and my mother laying on the ground, while her children screamed and cried because of an “official” from a country that thinks itself divine since creation, has crushed me completely. After a few days I found out that she was from Ecuador, she was of my own blood. Maybe she also misses Ecuador, and she probably does in a different way than I miss thinking that it was safe for me to be there, or for any of the people that I love that still remain, seeing how this corruption ends. I’m not proud to say that I left, that I have travelled to other countries looking for something better, without realising that they have always told us that “better” is out of our reach, but we should look for it anyway— just not in our own country.
They have always blamed me for not being informed enough about the politics of my country. Something about me is that I often give up on the things that I don’t immediately succeed at, and one of those things has been Ecuadorian politics. There is no right or left, at least they are not so distant, and there isn’t either just one political party. It is so difficult for me that my brain cannot comprehend what is happening from a more critical perspective. The politics of other countries like Spain or the United States are easier for me to understand. Maybe they are not as complicated, or maybe it is about the emotional distance between me and those two countries, which allows me to understand things without the added difficulty of thinking and remembering time and time again that my parents are there right now, experiencing the consequences of what is being destroyed in Ecuador.
The problem is not that I’m not well-informed. I see the protests that happen every day, I know about the national strike and why they’re doing it, about the shortage of vaccines and the small businesses that have been in the same place for fifty years and now must go, about how the Amazon is being sold out to the rich. I know about what our “president” has said and all the negotiations that he has supposedly struck with the United States— negotiations that would ensure no deportations for Ecuadorian migrants, only for those from other countries we do not care about! Meanwhile I can’t understand how we got here, nor how all the comments in this man’s posts show apparent unconditional support. Well, I do have some ideas of how this could happen, of how my country was manipulated to think that anything that was different to what we had in the past was automatically better.
Nevertheless, I can’t afford to go back, not after taking the liberty of leaving. Although I can’t say that it has always felt like liberty. Liberty is coming and going whenever you want and knowing that nothing is going to happen to you, not having constant anxiety and having to stay locked inside your home every time you go. Liberty is knowing that your migration status is so perfect that they can’t stop you from going back to the place where you feel safe (be it your own country or the new one where you live) at any moment. My situation is better than most people’s that immigrate to Spain or other countries. I’m not in the United States, because I was a few months ago for a week to see my parents (look at the prices of round-trip flights to Ecuador), and I couldn’t even walk close to a police officer without feeling like I was going to faint. I didn’t come here exclusively for work; I came here to study a university degree I’m passionate about. Furthermore, I also don’t work or accept a salary below the minimum wage despite my bosses’ excuse that I don’t have papers.
I study sociology at the university I wanted because I applied several times, I have a small business of creative jewellery, and I live with my girlfriend and our cat Charlie. I go grocery shopping at Mercadona once every two weeks and I clean my house on Sundays. I buy mangoes and blackberries when I’m sad. I have to spend one hour a day in a train to get to my university and bare the summer heat of Madrid because of the Immigration Office’s need to maintain this process “in process” and not letting me go back to my country with full certainty that I will be able to come back to study and to the life I’ve created here. My situation is not something to pity and it probably never has been.
During my time here I’ve met Ecuadorians many times, Ecuadorians that were my taxi drivers when I can afford them, that worked at the moving company I hired this year, that serve my food at the restaurants of Ecuadorian food I go to when I’m feeling specially nostalgic, women selling goods on the street with the same accent as me, men selling bracelets of different countries that ask from which part of Ecuador I am when I buy one.
I would like to go back one day and show my country to the people I’ve met outside of it. A part of me wished that I’d have never left, but all of them wished that the conditions that made me leave had never existed in the first place. I don’t know anyone in Ecuador (as far as I’m concerned) that wouldn’t leave if given the chance. I feel disappointed in myself when I remember that I left and I didn’t stick around to see how everything ended, to be there instead of far away, asking my family what has happened lately and hearing only a part of it because they don’t want to scare me.
I still think that Ecuador is a beautiful country. My best friend is from the Galápagos Islands and she went there recently, I saw the photos of the sea, the sea lions on the streets, the little sharks, the clean beaches, and the beautiful streets. I remember going to Cuenca (the Cuenca in Ecuador) before going to Madrid for the first time, I travelled by car with my parents and my sister and I could see the mountains, the forests and the cold smell. The soft flames on the streets and the craftsmanship shops and the Ecuadorian chocolate. I love going to supermarkets and buying products from Ecuador because it makes me feel closer to home, as much as I begged to leave one time.
A friend of mine works at the embassy and he took me to a concert of Latin American bands (mostly Ecuadorian) and I could see Verde 70, whom my parents used to go see at the nightclubs in Ecuador twenty years ago. We don’t even realise, and as much as we think we don’t, we leave a very important part of ourselves in the place we leave behind. No matter if we do it because of a big opportunity or because of a big sacrifice. For some reason it’s only ever one of those two reasons that uproots us.
Sustraiak
Valeria Paredesen hausnarketa bat
Valeria Instagramen eta Substracken aurkitu ezazu:

Traducido por Udara Pascual. IG: @udarapascual
Nire amaren eta nire antzeko trazuak dituen emakume bat, sortu zenetik aparta sentitu den herrialde baten “ofizial” baten eskutik lurrera bultzatua izatea ikusteak, bere seme-alabak negar eta oihu egiten zuten bitartean, guztiz hondatu ninduen. Egun batzuk geroago, Ekuadorrekoa zela jakin izan nuen, nire odol berekoa. Agian berak ere Ekuador faltan botako du, eta seguruenik, niretzat edo bertan jarraitzen duten eta maite ditudanentzat toki seguru dela pentsatzea faltan botatzeko dudan moduaren desberdin, behien ustelkeria hori nola bukatzen den ikusita. Ez nago harro bertatik joan nintzela esaten, hainbat herrialdetara zerbait hobea bilatzea helburuz bidaiatu dudala esatean, eta hori guztia, “hoberena” beti gure aukeretatik urrun egon arren, hura bilatu beharko genuela saldu gaituztela konturatu gabe– baina noski, ez gure herrialdean.
Nire herrialdearen politikan gertatzen denari buruz behar bezala informatuta ez egoteagatik errua jaso dut betidanik. Normalean, berehala arrakasta lortzen ez dudanean, amore ematen dut, eta hori da politika ekuadortarrarekin geratu zaidana. Ez dago eskuina eta ez dago ezkerra, edo gutxienez ez horren urrunekoak, eta ez da soilik alderdi politiko bakarra. Horren korapilatsua iruditzen zait, ezinezkoa egiten zaidala gertatzen ari dena perspektiba kritikoago batetik ulertzea. Beste lekuetako politikak, Espainia edo Estatu Batuetakoa, ulertzeko errazagoak direlakoan nago. Izan daiteke horren zaila ez izatea eta benetan gauzak ulertzea baimentzen nauena, bi herrialde horietara daukadan distantzia izatea, nire gurasoak bertan daudela behin eta berriz pentsatzearen eta oroitzearen zailtasunik gabe, Ekuador suntsitzen ari den horren ondorioak bizitzen.
Arazoa ez da informatuta ez nagoenik. Egunero gertatzen diren protestak ikusten ditut, langabezi nazionala dagoela eta zergatik dagoen dakit, lokal berdinean berrogei eta hamar urtez egon diren eta orain utzi behar duten negozio txikiei jartzen zaizkien txertoei buruz ere dakit, baita aberatsei saltzen zaien amazoniari buruz ere. “Gure” presidenteak esaten duenari buruz jakitun naiz, baita Estatu Batuekin printzipioz egindako negoziazioei buruz ere– horietako bat, migratzaile ekuadortarrak deportatzean kontzentrazioa ez jartzen lortzeari buruz hitz egiten zuen, soilik axola ez zaizkiguten bestelako herrialdekoak! Bitartean, ezin dut ulertu nola iritsi garen honaino, ezta nola gizon honen publikazio guztietan dauden iruzkinak guztizko sostengu eta babesekoak diren. Tira, nola gertatu izan zitekeenaren ideia batzuk baditut, nola nire herrialdea, izan genuen iraganaren guztiz kontrakoa den edozer zuzenean ona dela pentsatzera manipulatua izan zen.
Hala eta guztiz ere, ezin dut bueltatzearen luxua nire buruari eman, ez behin joatearen luxua eman ondoren. Dena den, ezin dut esan beti luxu bat izan denik. Luxu bat, nahi duzun bakoitzean joan eta etortzea, eta inoiz ezer gertatuko zaizula jakitea da, antsietate konstante bat ez izatea eta joaten zaren bakoitzean etxean geratu behar ez izatea. Zure egoera migratzailea horren perfektua dela jakitea eta ondorioz, seguru sentitzen zaren (zure herrialdea edo bizi zaren herrialde berria) toki horretara edozein momentuan bueltatzeko arazorik ez duzula jakitea da luxu bat. Nire egoera, Espainiara edo beste lekuetara emigratzen duten askoren baino hobeagoa da. Ez nago Estatu Batuetan, duela hilabete batzuk haste batez gurasoak bisitatzen egon nintzelako (begiratu ezazue Ekuadorrerako joan eta etorriak eta zenbat balio duten), eta hala eta guztiz ere, ezin nuen polizia baten ondotik desmaiatu nahi izan gabe oinez egin. Ez nintzen lan egitera esklusiboki etorri, ikaragarri gustuko dudan karrera ikastera etorri nintzen. Ez du lanik egiten eta ez ditut paperak ez izateak aitzaki bezala erabiltzen duten horien soldata minimoak onartzen.
Ikasi nahi nuen unibertsitatean soziologia ikasten dut, hainbatetan bertan sartzen saiatu nintzelako, Instagramen sormenezko bitxi-denda txiki bat daukat eta nire neska-laguna eta gure katua Charlierekin bizi naiz. Mercadonara bi astetan behin joaten naiz eta nire etxea igandeetan garbitzen dut. Mahatsak eta mangoak triste nagoenean erosten ditut. Unibertsitatera iristeko egunero Renfen ordu batez bidaiatu behar dut, eta atzerritar baldintzagatik nire tramiteak “tramitean” mantentzearren, udako beroa Madrilen eutsi behar dut. Gainera, ezin dut nire herrialdera itzuli, ez gutxienez ikastera itzuli ahalko naizela eta hemen sortu dudan bizitza bizi ahalko dudanaren segurtasunarekin. Beraz, ez nago norbaitek nigatik pena sentitu beharko lukeen egoera batean, eta seguruenik ez naizela inoiz guztiz egon.
Hemen egon naizen denboran ekuadortarrak askotan ezagutu ditut, ordaintzeko gai naizenean taxiak gidatu dituzten ekuadortarrak, aurten kontratatu dudan mudantza konpainian lan egiten dituztenak, ohikoa den baino nostalgikoago sentitzen naizenean jatetxe ekuadortarretan nire janaria ematen dizkidatenak, nire doinu bera duten eta kaletik saltzen ibiltzen diren emakumeak, hainbat herrialdeetako eskumuturretakoak saltzen dituzten eta Ekuadorrekoa erosten dudanean nongoa naizen galdetzen didaten gizonak.
Egunen batean bueltatu ahal izatea eta nire herrialdeari, kanpoan ezagutu ditudan pertsonak erakustea gustatuko litzaidake. Nire buruaren zati batek, Ekuadorretik inoiz joan ez izatea desiratzen du, baina pertsona guzti horiek joatea eragin ninduten baldintza guzti horiek existitu izan ez zezaten ere desiratzen dute. Ez dut Ekuadorren (ez behintzat, nik dakidala) bertatik joateko aukera izanda, hura hartuko ez zuen inor ezagutzen. Joan egin nintzela eta guztia nola bukatzen duen ikusteko geratu ez nintzela oroitzen dudanean, dezepzioa sentitzen dut. Horren urrunetik nire familiari azkenaldian geratukoaren inguruz galdetu ordez, eta izutu nahi ez nautelako zati bakar bat entzun ordez, bertan egon beharko nintzatekeela oroitzean dezepzioa sentitzen dut.
Ekuador herrialde ederra izaten jarraitzen duelakoan nago. Nire lagun gertukoena Galapagokoa da, eta duela gutxi bertan egon zen. Itsasoaren argazkiak ikusi nituen, kaletik ziren itsas otsoak, marrazo txikitxoak, hondartza garbiak eta kale ederrak. Madrilera lehen aldiz etorri baino lehen, Cuencara (Ekuadorreko Cuenca) joan nintzela oroitzen dut. Nire gurasoekin eta ahizparekin kotxez bidaiatu nuen eta mendilerroa ikusi nuen, eta mendiak, basoak eta hotzaren usaina ere. Kalean ibiltzen diren llama leunak eta artisau-lanen zein txokolate ekuadortarren dendak. Supermerkatuetara joatea eta jatorri ekuadortarra duten produktuak erostea oso gustukoa du, izan ere, gertuago nagoela sentiarazten naute, momenturen batean joateko erregutu egin izan arren.
Nire laguna enbaxadan lan egiten du eta latinoamerikar banden (gehienak ekuadortarrak) kontzertu batera eraman ninduen. Verde 70 taldea ikusteko gai izan nintzen, nire gurasoak duela hogei urte Guayaquileko diskoteketan ikusten zuten taldea. Ez gara konturatzen, eta ezetz pentsatu arren, atzean uzten dugun lekuan gutako zati handi bat uzten dugu. Nahiz eta aukera handi batengatik edo sakrifizio handi batengatik izan. Arrazoi batengatik, horietako arrazoi bakar bat da gure sustraietatik beti erauzten gaituena.
Raíces
Unha reflexión de Valeria Paredes
Atopa a Valeria no Instagram e no Substrack:

Traducido por Flavia. IG: @ffflva. Bluesky: @ozonosfera.bsky.social
Ver unha muller coas mesmas faccións ca miña nai e ca min ser tirada ao chan, mentres os seus fillos choraban e berraban, por un “oficial” dun país que leva desde a súa creación créndose divino, desfíxome por completo. Despois dalgúns días entereime de que aquela muller era ecuatoriana, do meu propio sangue. Se callar ela tamén estraña Ecuador, e probabelmente dunha maneira diferente da que eu estraño pensar que era seguro para min, ou para calquera dos meus que seguen vivindo alá, vendo en que termina esta corrupción. Non me comprace dicir que marchei, que viaxei a varios países na busca de algo mellor, sen decatarme de que nos venderon que o “mellor” sempre estivo fóra do noso alcance mais que deberiamos buscalo igualmente— só que non no noso país.
Culpáronme sempre de non estar ao corrente do que pasa na política do meu país. Algo de meu é que me rendo coas cousas coas que non triunfo de xeito inmediato, e unha desas cousas é a política ecuatoriana. Non hai nin dereitas nin hai esquerdas, polo menos non tan separadas, mais tampouco hai un único partido. Paréceme tan complicado que non me dá a cabeza para entender o que está a suceder desde unha perspectiva máis crítica. A política doutros países como España ou os Estados Unidos paréceme máis simple de entender. Talvez non sexa tan complicado e só é por cousa da distancia que teño con ambos os países que podo entender mellor as cousas, sen a dificultade que supón traerme á cabeza unha e outra vez que os meus pais están alá, vivindo as consecuencias daquilo que está a destruír Ecuador.
O problema non é que non estea ao corrente. Vexo as protestas que suceden cada día, son coñecedora do paro nacional e de por que o están a facer, das vacinas para os negocios pequenos que levan cincuenta anos nun mesmo local e agora teñen de irse, da amazonia que están a vender aos ricos. Son coñecedora do que dixo o “noso” presidente e de todas as negociacións que supostamente ten feito cos Estados Unidos— unha que di que faría que non se poña enfoque en deportar a migrantes ecuatorianos, só aqueles dos outros países que non nos importan! No entanto, non podo entender como chegamos aquí, nin como os comentarios en todas as publicacións dese home mostran un apoio aparentemente incondicional. Ben, teño algunha idea de como puido ser, de como se manipulou o meu país para que pense que todo o que sexa contrario ao noso pasado é inmediatamente bo.
Así mesmo, non podo darme o luxo de regresar, agora que me din o luxo de marchar. Aínda que non podo dicir que sempre o sentise coma un luxo. Luxo é poder ir e vir cada vez que quixeres e saber que nunca che vai ocorrer nada, non ter esa ansiedade constante e ter que quedarte pechada na casa cada vez que vas. Saber que a túa situación migratoria é tan perfecta que non che impedirán regresar ao lugar onde te sentes segura (sexa o teu país ou un novo no que vivas) en calquera momento. A miña situación é mellor que a de moitos que emigran a España ou a outros países. Non estou nos Estados Unidos, porque estiven hai uns meses durante unha semana para ver a meus pais (vexan as pasaxes de ida e vinda a Ecuador e o prezo que teñen), e aínda así non podía camiñar preto dun policía sen me querer desmaiar. Non vin só traballar, vin estudar unha carreira que me apaixona. Tampouco traballo nin acepto un salario menor ao mínimo coa escusa dos meus xefes de que non teño papeis.
Estudo socioloxía na universidade á que quería ir porque apliquei varias veces para acceder, teño un negocio pequeno de xoiería creativa polo Instragram e vivo coa miña moza e co noso gato Charlie. Vou ao Mercadona unha vez cada dúas semanas e limpo a casa os domingos. Merco mangas e amoras cando estou triste. Debo viaxar en Renfe unha hora todos os días para chegar á universidade e aturar a calor do verán en Madrid pola necesidade de estranxeiría de manter os meus trámites “en trámite” e non me deixar regresar ao meu país coa certeza de que poderei volver estudar e vivir a vida que creei aquí. Así que non estou nunha situación pola que alguén se debería apenar e probabelmente nunca o estivese de todo.
No meu tempo aquí topeime con ecuatorianos moitas veces, ecuatorianos que manexaron os meus taxis cando podo pagalos, que traballaron na compañía de mudanzas que contrarei neste ano, que serven a miña comida en restaurantes ecuatorianos cando estou máis nostálxica do habitual, mulleres vendendo na rúa co meu mesmo acento, homes vendendo pulseiras de varios países que me preguntan de que parte son cando compro a de Ecuador.
Quixera algún día poder ir de volta e ensinarlle o meu país ás persoas que coñecín fóra. Unha parte de min lamenta marchar da terra nai, mais tamén todas e cada unha delas lamenta que existan as condicións que me fixeron querer marchar. Non coñezo a ninguén en Ecuador (que eu saiba) que non tomaría a oportunidade de marchar se lla desen. Decepciónome de min mesma cando lembro que marchei e que non quedei para ver como todo remataba, e estar aí en lugar de tan lonxe preguntándolle á miña familia que estivo a suceder ultimamente e escoitar só un anaco por non me quereren asustar.
Opino que Ecuador segue a ser un país fermoso. A miña mellor amiga é das Illas Galápagos e recentemente estivo alá, vin as fotos do mar, os lobos mariños na rúa, os minitiburóns, as praias limpas, e as rúas preciosas. Lembro ir a Cuenca (a de Ecuador) antes de vir a Madrid por primeira vez, viaxei cos meus pais e coa miña irmá en coche e puiden ver a serra e as montañas, os bosques e o olor do frío. As llamas suaves na rúa e as tendas de artesanías e chocolate ecuatoriano. Encántame ir aos supermercados e comprar o que é de orixe ecuatoriana porque me fai sentir máis preto, por máis que roguei marchar hai un tempo.
O meu amigo traballa na embaixada e levoume a un concerto de bandas latinoamericanas (as máis eran ecuatorianas) e puiden a Verde 70, a quen os meus pais ían ver nas discotecas en Guayaquil hai vinte anos. Non caemos na conta, e por máis que pensemos que non, deixamos unha parte moi grande de nós no lugar do que marchamos. Por máis que sexa por unha grande oportunidade ou por un grande sacrificio. Por algún motivo sempre é só unha desas dúas razóns a que nos arranca das raíces.

Deja un comentario