Disponible en castellano, galego, inglés, alemán e italiano
El fascismo que nunca se fue: rastros del autoritarismo en las instituciones educativas
españolas desde una perspectiva feminista
Un artículo de María Rita Alonso Pardavilla
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Decidí escribir este artículo tras leer el libro Pedagogía antifascista de Enrique Javier Díez
Gutiérrez. Este texto, que considero imprescindible para cualquier persona, especialmente quienes trabajan en el sector educativo, con jóvenes, o incluso para padres y madres, ofrece una mirada lúcida y crítica sobre cómo el fascismo sigue presente en nuestras sociedades, y en particular, en las aulas. Su lectura me llevó a reflexionar sobre cómo las instituciones educativas españolas han heredado valores y dinámicas autoritarias que chocan con los principios de democracia e igualdad. Desde una perspectiva feminista, estas prácticas no solo perpetúan el patriarcado, sino que también reprimen las voces críticas y refuerzan estructuras de poder que afectan especialmente a niñas y mujeres jóvenes.
El feminismo, como movimiento transformador, tiene una responsabilidad clave en la lucha contra estas inercias autoritarias. En este sentido, también es imprescindible reconocer que mientras exista el capitalismo, el fascismo nunca se irá definitivamente. El capitalismo y el fascismo comparten el objetivo de mantener estructuras de opresión, explotación y control que perpetúan desigualdades sociales, económicas y de género.
La educación como trinchera del autoritarismo: capitalismo, iglesia y neofascismo
Las instituciones educativas no son espacios neutrales, y el sistema educativo español sigue arrastrando el peso del franquismo. La iglesia católica, un pilar central del régimen franquista, continúa ejerciendo una influencia desmesurada en la educación pública a través de la asignatura de religión y la gestión de colegios concertados. Si queremos una educación realmente democrática, la iglesia debe salir de la educación pública.
Además, el ascenso del neofascismo ha puesto el foco en el control ideológico dentro de las aulas. Grupos ultraconservadores y partidos como Vox utilizan términos como “adoctrinamiento” para atacar la educación en valores democráticos, feministas o inclusivos. Sin embargo, estos mismos sectores son los que promueven un verdadero adoctrinamiento, basado en la sumisión y la obediencia. Por encima de la responsabilidad de las familias está el derecho de los hijos y las hijas a acceder a una educación integral en igualdad, justicia, libertad y derechos humanos. En caso contrario, se vulnera el derecho fundamental a la educación de la infancia. Así lo establece
el artículo 3 de la Convención sobre los Derechos del Niño y de la Niña, que prioriza el interés superior del menor.
A los padres y madres que de verdad se preocupan por la educación en valores de sus hijos e hijas, no les interesa enseñarles a pensar como ellos, sino a pensar por sí mismos. Sin embargo, al neofascismo no le interesa el aprendizaje, la convivencia positiva, la educación democrática o el pensamiento crítico, sino la sumisión. Para ello, construyen problemas donde no los hay, como la “ideología de género” o la “sexualización infantil”, con el fin de imponer su visión autoritaria de la educación.
Memoria histórica y educación para la paz: una deuda pendiente
Otra obsesión del neofascismo es enterrar y ocultar el pasado, intentando borrar la memoria colectiva de la devastación humana y los genocidios provocados por el fascismo. Resulta escandaloso que en las aulas españolas sepamos más del nazismo alemán que del franquismo. Esta omisión no es casual: mientras no reconozcamos el impacto de la dictadura en la sociedad española, se seguirá perpetuando la ignorancia histórica y la normalización de dinámicas autoritarias.
Por ejemplo, ¿y si en Historia comenzáramos por analizar el presente para comprender el
pasado? ¿Y si priorizáramos el estudio de la dictadura, la represión franquista y la lucha
antifranquista, en lugar de empezar cada curso con la prehistoria y los mismos temas repetitivos? Solo desde la comprensión crítica de nuestra historia reciente podemos construir una ciudadanía consciente de los peligros del autoritarismo.
Además, la educación para la paz es otro elemento clave que el fascismo busca evitar. Si educamos preparando para la guerra, acabamos creando una. En cambio, educar para la paz implica promover valores como la cooperación, el diálogo y el respeto mutuo, lo que choca frontalmente con los principios autoritarios del fascismo y el patriarcado.
La cultura del esfuerzo y el mito del mérito: trampas del sistema capitalista
Otro aspecto que se perpetúa en las aulas españolas es la llamada “cultura del esfuerzo”, una narrativa profundamente arraigada en el discurso capitalista y fascista. Este concepto, que parece inofensivo, ignora que el talento y el mérito son fruto de la herencia social, que depende del contexto familiar, económico y cultural. Bajo esta lógica, las desigualdades estructurales se disfrazan de “falta de esfuerzo”, culpabilizando a las personas más vulnerables por no alcanzar un supuesto éxito que el sistema nunca les permitirá alcanzar.
Mientras perviva el modo de producción capitalista, cuyo objetivo no es satisfacer necesidades humanas ni preservar el planeta, sino maximizar beneficios, seguirá existiendo un conflicto entre la destrucción de la naturaleza y la conservación de esta para nuestra supervivencia. Este modelo económico, además, refuerza las dinámicas de explotación que afectan especialmente a mujeres y niñas en todo el mundo.
Cooperación: una lección desde la biología
La educación debe orientarse hacia la construcción de una sociedad más cooperativa. Desde la biología, la prestigiosa académica Lynn Margulis Sagan (1967), una de las principales figuras en el campo de la evolución biológica, mostró que todos los organismos mayores que las bacterias son, intrínsecamente, comunidades. Esta perspectiva nos enseña que la cooperación no solo es esencial para la supervivencia biológica, sino también para la social. Debemos educar en la cooperación y en la recuperación de una vida comunitaria más solidaria, en contraposición al individualismo competitivo promovido por el capitalismo y el autoritarismo.
Educar en la desobediencia como herramienta de transformación social
En este contexto, una educación crítica debe incluir la desobediencia como valor pedagógico. Educar en la desobediencia cumple al menos tres funciones: expresar disenso, apelar a la sociedad civil y educar cívicamente. Como explica la teoría de la desobediencia civil, no es correcto desobedecer una norma justa del poder público, pero es éticamente necesario desobedecer normas injustas que perpetúan la opresión.
Desde esta perspectiva, las aulas deben convertirse en espacios de resistencia donde se fomente el pensamiento crítico, el cuestionamiento de las estructuras de poder y la búsqueda de soluciones éticas y democráticas a los problemas sociales. Esto no solo desafía el autoritarismo fascista, sino que también promueve una ciudadanía activa y comprometida.
Conclusión
Leer Pedagogía antifascista de Enrique Javier Díez Gutiérrez me llevó a comprender que la educación no es un espacio neutral y que las instituciones educativas españolas, en muchos aspectos, siguen arrastrando un legado autoritario. Combatir esta herencia requiere valentía política, pedagogías feministas y una ciudadanía activa que no acepte el autoritarismo, el patriarcado ni el capitalismo como inevitables.
Las aulas son un campo de batalla donde se juega el futuro de nuestra sociedad. La educación para la paz, la memoria histórica, el pensamiento crítico, la cooperación y la desobediencia son herramientas imprescindibles para construir un mundo más justo. Y no hay transformación sin participación. Nosotras, como madres, educadoras, trabajadoras, jóvenes, debemos ser las protagonistas de este cambio. El futuro de nuestres niñes y jóvenes está en juego, y si queremos que vivan en un mundo más justo, debemos empezar ahora a cuestionar, a transformar y a luchar.
Luchar también es educar. Educar en la desobediencia, en la reflexión crítica, en la solidaridad y en la lucha por sus derechos. Cada acción que tomemos hoy, cada palabra, cada decisión en las aulas, en casa, en la calle, tiene el poder de cambiar el mañana. Así que no esperemos más. Tomemos acción, cuidemos de nuestres niñes y jóvenes, enseñémosles que el cambio es posible, y que nosotras somos quienes podemos hacerlo realidad. ¡Luchemos juntas, porque en esa lucha también estamos educando!

O fascismo que nunca marchou: rastros do autoritarismo nas institucións educativas
españolas dende unha perspectiva feminista
Un artigo de María Rita Alonso Pardavilla
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Decidín escribir este artigo tras ler o libro Pedagogía antifascista, de Enrique Javier Díez
Gutiérrez. Este texto, que considero imprescindible para calquera persoa, especialmente para quen traballa no sector educativo, coa mocidade ou mesmo para pais e nais, ofrece unha ollada lúcida e crítica sobre como o fascismo segue presente nas nosas sociedades e, en particular, nas aulas. A súa lectura levóu-me a reflexionar sobre como as institucións educativas españolas herdaron valores e dinámicas autoritarias que chocan cos principios de democracia e igualdade. Dende unha perspectiva feminista, estas prácticas non só perpetúan o patriarcado, senón que tamén reprimen as voces críticas e reforzan estruturas de poder que afectan especialmente ás nenas e ás mulleres novas.
O feminismo, como movemento transformador, ten unha responsabilidade clave na loita contra estas inercias autoritarias. Neste sentido, tamén é imprescindible recoñecer que mentres exista o capitalismo, o fascismo nunca desaparecerá definitivamente. O capitalismo e o fascismo comparten o obxectivo de manter estruturas de opresión, explotación e control que perpetúan desigualdades sociais, económicas e de xénero.
A educación como trincheira do autoritarismo: capitalismo, igrexa e neofascismo
As institucións educativas non son espazos neutros, e o sistema educativo español segue a arrastrar o peso do franquismo. A Igrexa Católica, un piar central do réxime franquista, continúa a exercer unha influencia desmesurada na educación pública a través da materia de Relixión e da xestión dos colexios concertados. Se queremos unha educación realmente democrática, a Igrexa debe saír da educación pública.
Ademais, o ascenso do neofascismo puxo o foco no control ideolóxico dentro das aulas. Grupos ultraconservadores e partidos como Vox utilizan termos como “adoctrinamento” para atacar a educación en valores democráticos, feministas ou inclusivos. Porén, estes mesmos sectores son os que promoven un verdadeiro adoctrinamento, baseado na sumisión e na obediencia. Por riba da responsabilidade das familias está o dereito dos nenos e das nenas a acceder a unha educación integral en igualdade, xustiza, liberdade e dereitos humanos. En caso contrario, vulneraríase o dereito fundamental á educación da infancia. Así o establece o artigo 3 da Convención sobre os Dereitos do Neno e da Nena, que prioriza o interese superior do menor.
Aos pais e nais que realmente se preocupan pola educación en valores dos seus fillos e fillas, non lles interesa ensinarlles a pensar como eles, senón a pensar por si mesmos. Porén, ao neofascismo non lle interesa a aprendizaxe, a convivencia positiva, a educación democrática nin o pensamento crítico, senón a sumisión. Para iso, constrúen problemas onde non os hai, como a “ideoloxía de xénero” ou a “sexualización infantil”, co fin de impor a súa visión autoritaria da educación.
Memoria histórica e educación para a paz: unha débeda pendente
Outra obsesión do neofascismo é enterrar e ocultar o pasado, tentando borrar a memoria colectiva da devastación humana e dos xenocidios provocados polo fascismo. Resulta escandaloso que nas aulas españolas saibamos máis do nazismo alemán ca do franquismo. Esta omisión non é casual: mentres non recoñezamos o impacto da ditadura na sociedade española, seguirase perpetuando a ignorancia histórica e a normalización de dinámicas autoritarias.
Por exemplo, e se en Historia comezásemos por analizar o presente para comprender o pasado? E se priorizásemos o estudo da ditadura, da represión franquista e da loita antifranquista, no canto de empezar cada curso coa prehistoria e os mesmos temas repetitivos? Só dende a comprensión crítica da nosa historia recente podemos construír unha cidadanía consciente dos perigos do autoritarismo.
Ademais, a educación para a paz é outro elemento clave que o fascismo busca evitar. Se educamos preparando para a guerra, acabamos creándoa. En cambio, educar para a paz implica promover valores como a cooperación, o diálogo e o respecto mutuo, o que choca frontalmente cos principios autoritarios do fascismo e do patriarcado.
A cultura do esforzo e o mito do mérito: trampas do sistema capitalista
Outro aspecto que se perpetúa nas aulas españolas é a chamada “cultura do esforzo”, unha narrativa profundamente enraizada no discurso capitalista e fascista. Este concepto, que parece inofensivo, ignora que o talento e o mérito son froito da herdanza social, que depende do contexto familiar, económico e cultural. Baixo esta lóxica, as desigualdades estruturais disfrázanse de “falta de esforzo”, culpabilizando ás persoas máis vulnerables por non acadar un suposto éxito que o sistema nunca lles permitirá alcanzar.
Mentres perdure o modo de produción capitalista, cuxo obxectivo non é satisfacer necesidades humanas nin preservar o planeta, senón maximizar beneficios, seguirá existindo un conflito entre a destrución da natureza e a súa conservación para a nosa supervivencia. Este modelo económico, ademais, reforza as dinámicas de explotación que afectan especialmente ás mulleres e ás nenas en todo o mundo.
Cooperación: unha lección dende a bioloxía
A educación debe orientarse cara á construción dunha sociedade máis cooperativa. Dende a bioloxía, a prestixiosa académica Lynn Margulis Sagan (1967), unha das principais figuras no campo da evolución biolóxica, amosou que todos os organismos maiores que as bacterias son, intrinsecamente, comunidades. Esta perspectiva ensínanos que a cooperación non só é esencial para a supervivencia biolóxica, senón tamén para a social. Debemos educar na cooperación e na recuperación dunha vida comunitaria máis solidaria, en contraposición ao individualismo competitivo promovido polo capitalismo e o autoritarismo.
Educar na desobediencia como ferramenta de transformación social
Neste contexto, unha educación crítica debe incluír a desobediencia como valor pedagóxico. Educar na desobediencia cumpre polo menos tres funcións: expresar disenso, apelar á sociedade civil e educar civicamente. Como explica a teoría da desobediencia civil, non é correcto desobedecer unha norma xusta do poder público, pero é eticamente necesario desobedecer normas inxustas que perpetúan a opresión.
Dende esta perspectiva, as aulas deben converterse en espazos de resistencia onde se fomente o pensamento crítico, o cuestionamento das estruturas de poder e a busca de solucións éticas e democráticas aos problemas sociais. Isto non só desafía o autoritarismo fascista, senón que tamén promove unha cidadanía activa e comprometida.
Conclusión
Ler Pedagogía antifascista, de Enrique Javier Díez Gutiérrez, levóume a comprender que a
educación non é un espazo neutro e que as institucións educativas españolas, en moitos
aspectos, seguen arrastrando un legado autoritario. Combater esta herdanza require valentía política, pedagogías feministas e unha cidadanía activa que non acepte o autoritarismo, o patriarcado nin o capitalismo como inevitables.
As aulas son un campo de batalla onde se xoga o futuro da nosa sociedade. A educación para a paz, a memoria histórica, o pensamento crítico, a cooperación e a desobediencia son ferramentas imprescindibles para construír un mundo máis xusto. E non hai transformación sen participación. Nós, como nais, educadoras, traballadoras, mozas, debemos ser as protagonistas deste cambio. O futuro dos nosos nenos e nenas está en xogo, e se queremos que vivan nun mundo máis xusto, debemos comezar agora a cuestionar, transformar e loitar.
Loitar tamén é educar. Educar na desobediencia, na reflexión crítica, na solidariedade e na loita polos seus dereitos. Cada acción que tomemos hoxe, cada palabra, cada decisión nas aulas, na casa, na rúa, ten o poder de cambiar o mañá. Así que non agardemos máis. Tomemos acción, coidemos dos nosos nenos e nenas, ensinémoslles que o cambio é posible, e que nós somos quen podemos facelo realidade. Loitemos xuntas, porque nesa loita tamén estamos educando!
The Fascism That Never Left: Traces of Authoritarianism in Spanish Educational Institutions
from a Feminist Perspective
An article by María Rita Alonso Pardavilla
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This article was inspired by my reading of Antifascist Pedagogy by Enrique Javier Díez Gutiérrez. The book, which I consider essential for educators, youth workers, and parents alike, offers a lucid and critical analysis of how fascist ideologies continue to permeate contemporary society, particularly within educational environments. It prompted a reflection on the extent to which Spanish educational institutions have inherited authoritarian values and practices that conflict with the principles of democracy and equality. From a feminist standpoint, these institutional dynamics not only sustain patriarchal structures but also suppress dissenting voices and reinforce power hierarchies that disproportionately affect girls and young women.
Feminism, as a transformative socio-political movement, bears a significant responsibility in confronting and dismantling these authoritarian legacies. In this context, it is crucial to recognize that the persistence of capitalism serves as a fertile ground for the survival of fascist ideologies. Both systems share a commitment to maintaining structures of oppression, exploitation, and control that perpetuate social, economic, and gender inequalities.
Education as a Stronghold of Authoritarianism: Capitalism, the Church, and Neofascism
Educational institutions are far from ideologically neutral spaces. The Spanish education system continues to carry the historical burden of Francoism. The Catholic Church, a foundational pillar of the Francoist regime, still exerts considerable influence over public education, notably through religion classes and the management of publicly funded private schools. A genuinely democratic education system necessitates the removal of religious institutions from public educational governance.
The resurgence of neofascist discourse has intensified efforts to assert ideological control over the classroom. Ultra-conservative groups and political parties such as Vox frequently invoke the notion of “indoctrination” to discredit curricula that promote democratic, feminist, or inclusive values. Ironically, these same actors are proponents of an indoctrination grounded in submission and obedience. While families do hold a vital role in the upbringing of children, the right of children to access an education based on equality, justice, freedom, and human rights must prevail. Denying this access constitutes a violation of their fundamental rights, as outlined in Article 3 of the United Nations Convention on the Rights of the Child, which upholds the primacy of the child’s best interests.
Parents genuinely invested in the ethical development of their children aim not to reproduce their own beliefs, but rather to cultivate independent thought. In contrast, neofascist agendas are antithetical to democratic learning, critical inquiry, or constructive coexistence. They fabricate ideological threats—such as “gender ideology” or “child sexualization”—as a pretext to impose authoritarian norms in education.
Historical Memory and Peace Education: An Unresolved Obligation
A central concern of neofascist agendas is the deliberate erasure of historical memory, particularly the atrocities and human devastation wrought by fascist regimes. It is a matter of grave concern that Spanish students are often more familiar with German Nazism than with Francoism. This omission is not coincidental; as long as the impact of the dictatorship remains unacknowledged, historical ignorance and the normalization of authoritarianism will continue to prevail.
Educational reform could begin with a reorientation of historical study: What if we approached history by first examining the present in order to critically understand the past? What if we prioritized the study of the dictatorship, Francoist repression, and the antifrancoist resistance instead of beginning each academic year with prehistory and a repetition of conventional topics? Only by fostering a critical understanding of recent national history can we cultivate a citizenry that is vigilant against authoritarianism.
Likewise, peace education remains a vital but neglected element. An education system oriented toward militarism inevitably generates conflict. Conversely, educating for peace involves promoting the values of cooperation, dialogue, and mutual respect—values that stand in direct opposition to the authoritarian principles inherent in fascism and patriarchy.
The Culture of Effort and the Meritocratic Myth: Ideological Tools of Capitalism
Another persistent narrative in Spanish education is the so-called “culture of effort,” a concept deeply embedded in both capitalist and fascist ideologies. While ostensibly benign, this discourse overlooks the extent to which talent and achievement are contingent on social inheritance— particularly familial, economic, and cultural capital. Within this framework, structural inequalities are reframed as individual failings, thereby obscuring systemic barriers and reinforcing the myth of meritocracy.
As long as capitalist modes of production prevail—aimed not at fulfilling human needs or safeguarding the planet but at maximizing profit—there will remain an inherent tension between ecological destruction and human survival. This economic model further entrenches global patterns of exploitation, disproportionately affecting women and girls.
Cooperation as a Biological and Social Imperative
Educational practices should be restructured to promote cooperation over competition. In the biological sciences, esteemed evolutionary theorist Lynn Margulis (1967) demonstrated that all organisms larger than bacteria are, in essence, cooperative communities. This insight has profound implications for education, suggesting that cooperation is not only essential for biological survival but also for the development of equitable and sustainable societies. A pedagogical focus on solidarity and communal well-being stands in stark contrast to the competitive individualism valorized by capitalist and authoritarian systems.
Educating for Disobedience as a Tool for Social Transformation
Within this framework, critical pedagogy must incorporate disobedience as a legitimate and necessary educational value. Teaching civil disobedience serves at least three vital functions: it allows for the expression of dissent, mobilizes civil society, and fosters civic consciousness. As articulated in the theory of civil disobedience, it is ethically indefensible to obey unjust laws or policies that perpetuate systemic oppression.
Accordingly, classrooms should be reimagined as spaces of resistance where critical thinking, ethical inquiry, and democratic problem-solving are central. This pedagogical approach not only confronts fascist authoritarianism but also nurtures active, engaged citizenship.
Conclusion
Reading Antifascist Pedagogy by Enrique Javier Díez Gutiérrez underscored the non-neutrality of education and revealed the extent to which Spanish educational institutions continue to reproduce authoritarian legacies. Challenging this reality demands political courage, feminist pedagogies, and the engagement of an active citizenry unwilling to accept authoritarianism, patriarchy, or capitalism as immutable forces.
Classrooms are critical arenas where the future of society is negotiated. Peace education, historical memory, critical thinking, cooperation, and civil disobedience are indispensable tools for constructing a more just and democratic world. Transformation is inseparable from participation. As mothers, educators, workers, and youth, we must be protagonists in this process of change. The future of our children and adolescents is at stake. If we aspire to build a fairer world for them, the time to question, transform, and resist is now.
To fight is also to educate. To educate in disobedience, in critical reflection, in solidarity, and in the defense of rights. Every action we take today—every word spoken, every decision made in the classroom, at home, or in public life—has the potential to shape the future. Let us not delay. Let us act with conviction, care for our young people, and demonstrate that change is not only possible but that it begins with us. Let us fight together, for in that struggle, we are also educating.
Der Faschismus, der nie verschwunden ist: Spuren des Autoritarismus in spanischen
Bildungseinrichtungen aus feministischer Perspektive
Ein Artikel von María Rita Alonso Pardavilla
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Dieser Beitrag entstand aus der Lektüre des Buches Pädagogik des Antifaschismus von Enrique Javier Díez Gutiérrez. Das Werk, das ich als unverzichtbar für alle erachte – insbesondere für pädagogische Fachkräfte, in der Jugendarbeit Tätige sowie Eltern –, bietet eine klare und kritische Analyse der fortbestehenden Präsenz faschistischer Ideologien in unseren Gesellschaften, insbesondere in Bildungseinrichtungen. Die Lektüre veranlasste mich zu einer Reflexion darüber, inwiefern spanische Bildungseinrichtungen autoritäre Werte und Strukturen geerbt haben, die den Prinzipien von Demokratie und Gleichheit zuwiderlaufen. Aus feministischer Perspektive tragen diese Praktiken nicht nur zur Aufrechterhaltung patriarchaler Machtverhältnisse bei, sondern unterdrücken zugleich kritische Stimmen und verstärken hierarchische Strukturen, die sich
insbesondere negativ auf Mädchen und junge Frauen auswirken.
Der Feminismus als transformatorische gesellschaftliche Bewegung spielt eine zentrale Rolle im Kampf gegen diese autoritären Tendenzen. In diesem Zusammenhang ist es ebenso unerlässlich, anzuerkennen, dass der Faschismus solange nicht endgültig überwunden sein wird, wie der Kapitalismus besteht. Beide Systeme teilen das Ziel, Unterdrückungs- und Ausbeutungsstrukturen sowie Kontrollmechanismen aufrechtzuerhalten, die soziale, ökonomische und geschlechtsspezifische Ungleichheiten perpetuieren.
Bildung als Bollwerk des Autoritarismus: Kapitalismus, Kirche und Neofaschismus
Bildungseinrichtungen sind keine ideologisch neutralen Räume. Das spanische Bildungssystem trägt weiterhin das Erbe des Franquismus. Die katholische Kirche, ein zentraler Pfeiler des franquistischen Regimes, übt auch heute noch über den Religionsunterricht und die Trägerschaft staatlich finanzierter Privatschulen erheblichen Einfluss auf den öffentlichen Bildungsbereich aus. Eine wahrhaft demokratische Bildung verlangt die Trennung von Kirche und Staat im Bildungswesen.
Mit dem Erstarken neofaschistischer Strömungen hat sich die ideologische Kontrolle über den schulischen Raum verschärft. Ultrakonservative Gruppen und Parteien wie Vox nutzen Begriffe wie „Indoktrinierung“, um demokratische, feministische oder inklusive Bildungsinhalte zu delegitimieren. Paradoxerweise fördern gerade diese Akteure eine ideologische Indoktrinierung, die auf Gehorsam und Unterwerfung abzielt. Zwar tragen Familien eine wesentliche Verantwortung in der Erziehung, doch das Recht der Kinder auf eine umfassende Bildung im Sinne von Gleichheit, Gerechtigkeit, Freiheit und Menschenrechten muss vorrangig behandelt werden. Andernfalls wird das in Artikel 3 der UN-Kinderrechtskonvention verankerte Grundrecht auf Bildung verletzt, das das Wohl des Kindes in den Mittelpunkt stellt.
Eltern, denen die Werteerziehung ihrer Kinder am Herzen liegt, verfolgen nicht das Ziel, deren Denken zu kontrollieren, sondern ihnen zu helfen, eigenständig zu denken. Dem Neofaschismus hingegen geht es nicht um kritisches Lernen, demokratisches Zusammenleben oder positive Bildungserfahrungen – sein Ziel ist die Unterwerfung. Er konstruiert künstliche Bedrohungen wie die sogenannte „Gender-Ideologie“ oder „frühkindliche Sexualisierung“, um eine autoritäre Sicht auf Bildung durchzusetzen.
Historisches Gedächtnis und Friedenspädagogik: Eine unerledigte Aufgabe
Ein zentrales Anliegen neofaschistischer Strömungen ist das Verdrängen und Auslöschen kollektiver Erinnerung – insbesondere im Hinblick auf die menschenverachtenden Verbrechen des Faschismus. Es ist skandalös, dass Schüler*innen in Spanien mehr über den Nationalsozialismus in Deutschland als über das franquistische Regime wissen. Diese Leerstelle ist kein Zufall: Solange die Auswirkungen der Diktatur auf die spanische Gesellschaft nicht anerkannt werden, werden historische Unwissenheit und autoritäre Denkmuster weiter normalisiert.
Eine kritische historische Bildung könnte damit beginnen, das gegenwärtige gesellschaftliche Geschehen zum Ausgangspunkt der Geschichtsbetrachtung zu machen. Warum beginnen wir den Geschichtsunterricht nicht mit der Analyse der jüngeren Geschichte – etwa der Diktatur, der franquistischen Repression und des antifranquistischen Widerstands – statt immer wieder bei der Urgeschichte anzusetzen? Nur durch eine reflektierte Auseinandersetzung mit der jüngsten Vergangenheit lässt sich eine Bürgerschaft ausbilden, die autoritären Tendenzen bewusst entgegentritt.
Friedenspädagogik ist ein weiterer zentraler Bestandteil, der durch faschistische Ideologien systematisch unterdrückt wird. Eine Bildung, die auf den Krieg vorbereitet, führt letztlich zum Krieg. Dagegen fördert eine Bildung für den Frieden Werte wie Kooperation, Dialog und gegenseitigen Respekt – Werte, die dem autoritären Denken des Faschismus und Patriarchats diametral entgegenstehen.
Leistungskultur und Meritokratie: Mythen des kapitalistischen Systems
Ein weiteres narratives Element, das im spanischen Bildungssystem fortbesteht, ist die sogenannte „Kultur der Anstrengung“. Dieser Begriff, tief verankert im kapitalistischen und faschistischen Diskurs, suggeriert, dass individueller Erfolg ausschließlich auf persönlichem Einsatz basiert. Dabei wird übersehen, dass Talent und Leistung eng mit sozialen Voraussetzungen – etwa dem familiären, ökonomischen oder kulturellen Hintergrund – verknüpft sind. Strukturelle Ungleichheiten werden so individualisiert und Menschen in prekären Lebensverhältnissen die Verantwortung für ein „Scheitern“ zugeschrieben, das in Wahrheit systemisch bedingt ist.
Solange der kapitalistische Produktionsmodus fortbesteht – der weder auf die Befriedigung menschlicher Bedürfnisse noch auf den Schutz des Planeten ausgerichtet ist, sondern auf Profitmaximierung –, wird der Widerspruch zwischen Naturzerstörung und Überlebenssicherung bestehen bleiben. Dieses ökonomische Modell verstärkt zudem global jene Ausbeutungsstrukturen, die insbesondere Frauen und Mädchen betreffen.
Kooperation als biologisches und soziales Prinzip
Die Bildungsarbeit sollte auf die Förderung kooperativer anstelle wettbewerbsorientierter Gesellschaftsstrukturen abzielen. Die renommierte Evolutionsbiologin Lynn Margulis (1967) zeigte, dass alle Organismen, die größer als Bakterien sind, im Wesentlichen aus kooperativen Gemeinschaften bestehen. Diese Erkenntnis lehrt uns, dass Kooperation nicht nur eine biologische Überlebensstrategie ist, sondern auch eine soziale Notwendigkeit darstellt. Bildung sollte daher auf Solidarität und gemeinschaftliches Leben ausgerichtet sein – im Gegensatz zum kapitalistisch geprägten Individualismus.
Bildung zur Ungehorsamkeit als Instrument gesellschaftlicher Veränderung
In diesem Sinne sollte eine kritische Bildung auch den zivilen Ungehorsam als pädagogischen Wert vermitteln. Bildung zur Ungehorsamkeit erfüllt mindestens drei Funktionen: Sie erlaubt die Artikulation von Dissens, mobilisiert die Zivilgesellschaft und fördert eine ethische und politische Urteilsbildung. Gemäß der Theorie des zivilen Ungehorsams ist es nicht legitim, gerechte Gesetze zu missachten – es ist jedoch ethisch geboten, ungerechten Normen zu widersprechen, die Unterdrückung fortschreiben.
Aus dieser Perspektive sollten Klassenzimmer als Räume des Widerstands verstanden werden, in denen kritisches Denken, die Hinterfragung von Machtstrukturen und die Suche nach demokratischen Lösungen gefördert werden. Dies stellt nicht nur eine Herausforderung für faschistische Autoritarismen dar, sondern stärkt auch eine aktive und verantwortungsbewusste Bürgerschaft.
Schlussfolgerung
Die Lektüre von Pädagogik des Antifaschismus von Enrique Javier Díez Gutiérrez hat mir verdeutlicht, dass Bildung niemals neutral ist und dass die spanischen Bildungseinrichtungen in vielerlei Hinsicht weiterhin autoritäre Strukturen reproduzieren. Der Widerstand gegen diese autoritäre Erbschaft erfordert politischen Mut, feministische Pädagogik und eine aktive Zivilgesellschaft, die Autoritarismus, Patriarchat und Kapitalismus nicht als gegeben akzeptiert.
Klassenzimmer sind Schauplätze, auf denen sich die Zukunft unserer Gesellschaft entscheidet. Friedenspädagogik, historische Erinnerung, kritisches Denken, Kooperation und ziviler Ungehorsam sind unverzichtbare Werkzeuge im Aufbau einer gerechteren Welt. Ohne Beteiligung gibt es keine Transformation. Wir – als Mütter, Pädagoginnen, Arbeiterinnen, Jugendliche – müssen aktive Gestalterinnen dieses Wandels sein. Die Zukunft unserer Kinder und Jugendlichen steht auf dem Spiel. Wenn wir möchten, dass sie in einer gerechteren Welt aufwachsen, müssen wir jetzt beginnen – mit dem Infragestellen, dem Verändern, dem Widerstand.
Bildung ist auch Kampf. Ein Kampf für kritisches Denken, Solidarität, Rechte und gesellschaftliche Teilhabe. Jede Handlung, jedes Wort, jede Entscheidung im Klassenzimmer, zu Hause oder auf der Straße trägt das Potenzial in sich, die Zukunft zu verändern. Warten wir also nicht. Werden wir aktiv, schützen wir unsere Kinder und Jugendlichen, und zeigen wir ihnen, dass Veränderung möglich ist – und dass wir diejenigen sind, die sie verwirklichen können. Kämpfen wir gemeinsam – denn in diesem Kampf liegt auch Bildung.
Il fascismo che non se n’è mai andato: tracce dell’autoritarismo nelle istituzioni educative
spagnole da una prospettiva femminista
Un articolo di María Rita Alonso Pardavilla
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Ho deciso di scrivere questo articolo dopo aver letto il libro Pedagogia antifascista di Enrique Javier Díez Gutiérrez. Quest’opera, che considero imprescindibile per chiunque – in particolare per chi lavora nel settore dell’educazione, con i giovani o anche per genitori –, offre uno sguardo lucido e critico su come il fascismo continui a essere presente nelle nostre società, in particolare nelle aule scolastiche. La lettura mi ha portato a riflettere su come le istituzioni educative spagnole abbiano ereditato valori e dinamiche autoritarie che si scontrano con i principi democratici e di uguaglianza. Da una prospettiva femminista, tali pratiche non solo perpetuano il patriarcato, ma reprimono anche le voci critiche e rafforzano strutture di potere che colpiscono in particolare bambine e giovani donne.
Il femminismo, in quanto movimento trasformativo, ha una responsabilità centrale nella lotta contro queste inerzie autoritarie. In tal senso, è fondamentale riconoscere che, finché esisterà il capitalismo, il fascismo non sarà mai definitivamente superato. Capitalismo e fascismo condividono infatti l’obiettivo di mantenere strutture di oppressione, sfruttamento e controllo che perpetuano disuguaglianze sociali, economiche e di genere.
L’educazione come trincea dell’autoritarismo: capitalismo, Chiesa e neofascismo
Le istituzioni educative non sono spazi neutri, e il sistema educativo spagnolo porta ancora il peso del franchismo. La Chiesa cattolica, pilastro fondamentale del regime franchista, esercita tuttora un’influenza sproporzionata sull’educazione pubblica attraverso l’insegnamento della religione e la gestione delle scuole paritarie. Per una vera educazione democratica, la Chiesa dovrebbe essere esclusa dall’ambito pubblico dell’istruzione.
Inoltre, l’ascesa del neofascismo ha accentuato il controllo ideologico nelle scuole. Gruppi ultraconservatori e partiti come Vox impiegano termini come “indottrinamento” per attaccare l’educazione ai valori democratici, femministi e inclusivi. Tuttavia, sono proprio questi settori a promuovere un autentico indottrinamento fondato sulla sottomissione e l’obbedienza. Al di sopra della responsabilità educativa delle famiglie vi è il diritto dei bambini e delle bambine a un’educazione integrale basata su uguaglianza, giustizia, libertà e diritti umani. In caso contrario, si viola un diritto fondamentale sancito anche dall’articolo 3 della Convenzione sui Diritti dell’Infanzia, che pone il superiore interesse del minore al centro di ogni decisione.
I genitori che si preoccupano realmente dell’educazione valoriale dei propri figli non desiderano che pensino come loro, ma che imparino a pensare autonomamente. Il neofascismo, invece, non promuove l’apprendimento critico, la convivenza democratica o un’educazione emancipatrice: ciò che ricerca è la sottomissione. Per ottenere questo, costruisce falsi problemi – come l’ideologia di genere o la sessualizzazione infantile – al fine di imporre una visione autoritaria dell’educazione.
Memoria storica ed educazione alla pace: un debito ancora aperto
Un’ossessione del neofascismo è quella di cancellare e occultare il passato, tentando di
rimuovere la memoria collettiva dei crimini e dei genocidi perpetrati dai regimi fascisti. È
scandaloso che, nelle scuole spagnole, si conosca più il nazismo tedesco che il franchismo. Questa omissione non è casuale: finché non verrà riconosciuto l’impatto della dittatura franchista sulla società spagnola, si continueranno a normalizzare l’ignoranza storica e le dinamiche autoritarie.
Che cosa accadrebbe se iniziassimo a insegnare la Storia partendo dal presente per comprendere il passato? E se si desse priorità allo studio della dittatura, della repressione franchista e della resistenza antifranchista, anziché cominciare ogni anno scolastico dalla preistoria? Solo una comprensione critica della nostra storia recente può formare una cittadinanza consapevole dei pericoli dell’autoritarismo.
Anche l’educazione alla pace rappresenta un elemento chiave che il fascismo cerca di evitare. Educare per la guerra significa prepararsi a essa. Al contrario, educare alla pace implica promuovere valori come la cooperazione, il dialogo e il rispetto reciproco, che si oppongonoradicalmente ai principi autoritari del fascismo e del patriarcato.
La cultura dello sforzo e il mito del merito: trappole del sistema capitalista
Un’altra narrativa profondamente radicata nel sistema educativo spagnolo è quella della “cultura dello sforzo”, strettamente legata ai discorsi del capitalismo e del fascismo. Questo concetto, apparentemente innocuo, ignora che il talento e il merito sono prodotti dell’eredità sociale, condizionati dal contesto familiare, economico e culturale. Sotto questa logica, le disuguaglianze strutturali vengono mascherate come mancanza di impegno, colpevolizzando le persone più vulnerabili per non aver raggiunto un successo che il sistema stesso rende irraggiungibile.
Finché persisterà il modello capitalista di produzione – che non ha come fine il soddisfacimento dei bisogni umani né la salvaguardia del pianeta, ma la massimizzazione del profitto – continuerà a sussistere un conflitto tra distruzione ambientale e sopravvivenza. Questo sistema rafforza le dinamiche di sfruttamento che colpiscono in maniera sproporzionata donne e bambine in tutto il mondo.
La cooperazione: una lezione dalla biologia
L’educazione dovrebbe orientarsi alla costruzione di una società fondata sulla cooperazione. Secondo la nota biologa Lynn Margulis (1967), una delle figure più rilevanti nel campo dell’evoluzione, tutti gli organismi più complessi dei batteri sono, in realtà, comunità cooperative. Questa prospettiva ci insegna che la cooperazione non è soltanto essenziale alla sopravvivenza biologica, ma anche a quella sociale. Dobbiamo quindi educare alla cooperazione e al recupero di una vita comunitaria solidale, in contrapposizione all’individualismo competitivo promosso dal capitalismo e dall’autoritarismo.
Educare alla disobbedienza come strumento di trasformazione sociale
In questo contesto, un’educazione critica deve includere la disobbedienza come valore
pedagogico. Educare alla disobbedienza risponde ad almeno tre funzioni: esprimere dissenso, mobilitare la società civile e formare cittadini consapevoli. Secondo la teoria della disobbedienza civile, non è giusto disobbedire a una norma giusta, ma è eticamente necessario disobbedire a quelle norme ingiuste che perpetuano l’oppressione.
Le aule devono quindi diventare spazi di resistenza, nei quali si promuove il pensiero critico, si mettono in discussione le strutture di potere e si ricercano soluzioni etiche e democratiche ai problemi sociali. Questo processo non solo contrasta l’autoritarismo fascista, ma favorisce anche una cittadinanza attiva e impegnata.
Conclusione
La lettura di Pedagogia antifascista di Enrique Javier Díez Gutiérrez mi ha portata a comprendere che l’educazione non è uno spazio neutrale e che molte istituzioni educative spagnole continuano a perpetuare un’eredità autoritaria. Contrastare tale retaggio richiede coraggio politico, pedagogie femministe e una cittadinanza attiva che non accetti come inevitabili l’autoritarismo, il patriarcato o il capitalismo.
Le aule scolastiche sono un campo di battaglia in cui si gioca il futuro della nostra società. L’educazione alla pace, la memoria storica, il pensiero critico, la cooperazione e la disobbedienza sono strumenti fondamentali per costruire un mondo più giusto. E non vi è trasformazione senza partecipazione. Noi – madri, educatrici, lavoratrici, giovani – dobbiamo essere protagoniste di questo cambiamento. Il futuro delle nostre bambine e dei nostri bambini è in gioco. Se vogliamo che vivano in un mondo più giusto, dobbiamo cominciare ora a interrogare, a trasformare e a lottare.
Anche educare significa lottare. Lottare per la riflessione critica, la solidarietà e i diritti. Ogni azione che compiamo oggi – ogni parola, ogni scelta, sia in aula, in casa o nello spazio pubblico – ha il potere di cambiare il domani. Non aspettiamo oltre. Agiamo, proteggiamo le nuove generazioni e insegniamo loro che il cambiamento è possibile. E che siamo noi le artefici di questo cambiamento. Lottiamo insieme, perché anche in quella lotta c’è educazione.

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