¿Quién lleva los pantalones? Nosotras rompimos las costuras
Una reflexión de Lucía Roan

Si tu contorno te reclama otro similar, tu mirada sigue lo parecido y el corazón late más deprisa ante la semejanza, ¿por qué nos imponemos la diferencia?
Si formas parte de la comunidad sáfica o alguien de tu entorno lo hace, te habrá llamado la atención la tendencia a seguir ciertos estereotipos de género.
¿Estereotipo de género entre dos personas del mismo?
El estándar heteronormativo está tan instaurado en la sociedad que incluso si una mujer está con otra mujer, no puede huir de él.
En pleno siglo XXI, y en gran parte gracias a la comunidad queer, tenemos constancia de que identidad de género y expresión de género son dos conceptos bien distintos. Por mucho que una mujer tenga una identidad de género femenina, puede tener una expresión de género opuesta. Hasta aquí todo bien, el conflicto interno de muchas mujeres nace en la tendencia de establecer roles asociados comúnmente al género masculino y femenino dentro de una relación en la que, evidentemente, no interviene un varón.
Si Safo levantase cabeza…
No es solamente que se instaure como “normal” que una mujer con expresión de género masculina deba establecer una relación sexoafectiva con otra de expresión de género femenina, y viceversa, sino que además se espera que la primera mencionada ejerza el papel del “hombre de la relación”.
Como cualquier fenómeno social, este tiene como base un fenómeno histórico.
En la década de los 40, en Estados Unidos, las mujeres comenzaban a poder entrar a los bares y pubs sin un hombre como acompañante, lo que llevó a que muchas de ellas comenzaran a explorar su identidad. Ahí nacen las llamadas butch, mujeres que durante la semana cumplían con los estereotipos de género que se les marcaba y en sus días festivos desafiaban el binarismo, atreviéndose a vestir y actuar de una manera en la que, hasta aquel momento, solo lo hacían los hombres. Con el paso del tiempo, estas personas pudieron comenzar a expresarse libremente en todos los aspectos de su vida, lo que fue un gran avance para la liberación femenina.
El problema vino cuando algunos empresarios, viendo la revolución sexual del país y el auge de la comunidad LGTBIQ+, decidieron abrir bares específicos para mujeres sáficas, en los que, en el caso de que fuese acompañada, un miembro de la pareja debía ser una butch y la otra una femme, es decir, una mujer que exaltase su feminidad. Esto provocó una segregación de todas aquellas parejas sáficas con expresiones de género similares y despojó a las mujeres de aquella ideal rotura del binarismo.
Afortunadamente ya no estamos en 1940, pero aun así hay alguna especie de presión sobre aquellas parejas de mujeres con expresiones de género distintas para seguir los roles anticuados de hombre-mujer, y lo que debería hacer cada uno de ellos en una relación.
Sin mencionar que, en el caso de que ambas sean “femeninas”, o lo que la sociedad entiende por ello, son sexualizadas bajo la mirada masculina (el androcentrismo y su egocentrismo).
Todas las expresiones de género y formas de parejas son correctas, en la variedad está lo bonito, interesante y curioso, pero debemos recordar que expresión no es lo mismo que rol, y que es necesario cuestionar el modelo romántico que nos han impuesto las personas que jamás podrán vivir ni comprender debidamente una relación sáfica: los hombres.
Por lo que, si tu contorno te reclama otro similar, tu mirada sigue lo parecido y el corazón late más deprisa ante la semejanza, si no lo deseas, no es necesario que busques la diferencia.
Da igual el momento, lugar o entorno que sea, si en alguna situación te preguntan quién lleva los pantalones en tu relación, recuérdales que nosotras rompimos las costuras.

Who wears the pants? Women broke the seams
A reflection by Lucía Roan

If your figure demands something similar, your gaze follows what’s familiar and your heart beats faster before likeness, why impose distinction?
If you are part of the sapphic community or someone close to you is, you must have noticed the tendency to follow certain gender stereotypes.
Gender stereotypes between people of the same gender?
The heteronormative standards are so established in society that even if two women are together romantically, they cannot escape them.
In the 21st century, mostly thanks to the queer community, we are aware that gender identity and gender expression are two completely different concepts. Even though a woman can have a feminine gender identity, she may have an opposite gender expression. All good so far. The inner conflict of many women is born because of the tendency to establish roles commonly associated to the male and female genders in a relationship where, obviously, no man is involved.
If Sappho could see this…
Not only are they labelling as “normal” that a woman with a male gender expression must start a romantic relationship with another woman with a feminine gender expression, but also the former must play the role of “the man in the relationship”.
As with any other social phenomenon, it is rooted in a historical event.
In the decade of 1940 in the United States, women started to be allowed to enter bars and pubs without a male companion, which led to many of them exploring their own identity. That’s where the so-called butch is born, a woman who met the gender stereotypes forced on her during the week and who, on her day off, defied gender binarism, daring to dress and act in a way in which, at that time, only men did. With the passage of time, these people were able to freely express themselves in every aspect of life, which was a huge progress in women liberation.
The problem started when some businessmen, witnessing the sexual revolution of the country and the rise of the LGBTQ+ community, decided to create bars for sapphic women specifically, where in the case they arrive together, a member of a couple had to be a butch lesbian and the other a femme, meaning a woman who exalted her femininity. This produced a segregation of all those sapphic couples with similar gender expressions and prevented women from breaking that gender binarism.
Fortunately, we are no longer in 1940, although there is still a kind of pressure over women with different gender expression to follow outdated man-women roles, dictating what each of them should do in the relationship.
Not to mention that in the case of two “feminine” women, or what society understands as feminine, they are sexualised under the male gaze (androcentricity and their egocentricity).
All gender expressions and types of couples are okay, variety is the spice of life as they say, but we mustn’t forget that expression is not the same as a role, and that it is necessary to question the romantic models imposed by the people who will never be able to live or understand properly sapphic relationships: men.
That’s why if your figure demands something similar, your gaze follows what’s familiar and your heart beats faster before likeness, if you don’t want to, you don’t have to look for distinction.
No matter the time, place or situation, if someone asks you who wears the pants in the relationship, remind them that women broke the seams.

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