LAS PERSONAS TRANS EXISTEN DESDE ANTES DE CRISTO
Un artículo de opinión de Laura Sánchez Saiz
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Hace apenas un mes se daba a conocer el caso de Sara Millerey, una mujer trans que fue asesinada en Colombia, por serlo, por el simple hecho de existir. Colombia se vio conmocionada ante semejante suceso y fueron muchos quienes mostraron su indignación y rechazo hacia la transfobia de la que Sara había sido víctima, una de tantas que ha habido y que sigue habiendo.
Los hechos se reportaron el 4 de abril, y estos quedaron registrados en vídeo cuyo origen se desconoce. Este vídeo circuló por redes sociales, y así es como muchos fueron conocedores de esta horrible noticia. En el vídeo se puede ver a Sara en lo que parece un riachuelo, sin poder moverse, y mirando al cielo, como si estuviera esperando ese milagro que la salvaría, pero que no sucedió. Sara falleció poco después de que las autoridades y servicios de emergencia la trasladaran a un hospital cercano, pero los médicos no pudieron salvarla.
Escribo esto, totalmente conmovida, pero sobre todo indignada. El vídeo de Sara y la noticia se propagó por las redes sociales y ahí pude comprobar que había personas dejando comentarios deleznables que, lejos de estar conmovidas y más lejos aún de hacer un ejercicio de reflexión e información, le seguían faltando al respeto a Sara. Comentarios que leí y ni siquiera soy capaz de reproducir en estas líneas debido a su nivel de crueldad. Una insensibilidad que me llena los ojos de lágrimas y me deja con un nudo en la garganta ante la idea de que hay quienes piensan que hay personas que se merecen morir por el simple hecho de existir, y por querer hacerlo alineados con lo que son.
Poco después de este suceso llegaba otro varapalo para el colectivo trans, y más concretamente para las mujeres, ya que el Tribunal Supremo del Reino Unido limitaba la definición legal de mujer al sexo biológico. Un movimiento a favor de todos aquellos que rechazan la inclusión de las mujeres trans. Esto supone que incluso las mujeres trans que cuentan con un Certificado de Reconocimiento de Género vayan a ser excluidas de los espacios destinados a las mujeres.
La cuestión es que los derechos de las personas trans todavía se plantean como un tema de debate, como si fuera una “novedad” que hay que saber ubicar, y dejadme deciros que las personas trans no son ninguna “novedad” y mucho menos una amenaza para nuestra sociedad o para la existencia de las personas cis. Queridas lectoras, las personas trans no son el enemigo. El enemigo son todos aquellos sectores que adoptan discursos de odio y discriminatorios con los que quieren convencer a la sociedad de que ser trans es una “novedad” o incluso en ocasiones “antinatural”. Pues bien, si lo que da miedo es la “novedad” o lo “antinatural”, os alegrará saber que las personas trans no son ni nuevas ni antinaturales. Para la explicación voy a recurrir a la ciencia y la historia, las mismas disciplinas que estos sectores emplean para esgrimir su discurso. Por no hablar del uso recurrente de la “falacia naturalista” para la composición de los mismos.
Si bien el término “transgénero” no se acuñó hasta los años sesenta del siglo pasado, para entonces el ser humano ya había desafiado la binariedad más que de sobra a lo largo de la historia. Se encuentran datos de personas trans desde hace más de cuatro mil años, y teniendo en cuenta que nos encontramos en el dos mil veinticinco las matemáticas son sencillas, hay datos anteriores al nacimiento de Cristo. En la Antigüedad clásica, entre los siglos V y IV a.C., se encuentran documentos en los que se habla de la diosa Castalia, quien “accedía a los deseos de las almas femeninas encerradas en cuerpos masculinos”.
Por otro lado, el filósofo Filón hablaba en sus obras de romanos varones que pagaban para cambiar su condición sexual. En Mesopotamia, unas sacerdotisas llamadas “Gala”, que adoraban a la diosa Ishtar, tenían la libertad de elegir si transformar su cuerpo o no y, en Egipto, el faraón Akenatón era de género no binario.
Además, diversas culturas y sociedades han reconocido un tercer género no binario, como es el caso de los Hijra en el continente asiático. Por añadidura, en otras civilizaciones como las tribus aborígenes de Siberia o los indios americanos las personas trans eran consideradas como las chamanas de las tribus, ya que se les percibía como personas que habían sido elegidas por los dioses y la divinidad. Como estos hay muchos más casos y ejemplos a lo largo de la historia de la humanidad, que os invito a investigar y a conocer para poder comprender y respetar, están tan solo a una búsqueda en internet de distancia.
En otro orden de cosas, científicos aseguran que la variación en los roles de género o en el comportamiento sexual se da en cientos de especies diferentes. Teniendo en cuenta todo esto, se puede afirmar con rotundidad que las personas trans no son ni una novedad, ni antinaturales, de hecho, tienen más años que Cristo, que ya es decir. Curiosamente, las disidencias de género se dan en múltiples especies y han existido desde antes de nuestra era, sin embargo, la transfobia ocurre únicamente en una sola especie: la humana; y en una sola comunidad: la nuestra.


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