RITUALES E INFUSIONES
Un relato de Jimena Charte Sánchez

El humo de la taza de té que me he servido hace unos minutos sigue rozando mi mentón. El momento adquiere un aura como sagrada gracias a la cálida luz de las tres velas que hay en la mesita de café y al lento sonido del vinilo de jazz que tanto me gusta. Cualquiera que me conoce, sabe que desde que la vida adulta llamo a mi puerta, este ritual nunca me ha sido infiel, acompañándome día a día. El picor de la menta junto con los toques afrutados del mejunje de hierbas, hacen que mis fosas nasales se abran, dando paso a que los aromas penetren en mis pulmones. Veinte son los años que llevo tomando este té. Cada vez que lo preparo y bebo el primer sorbo, me reafirmo a mí misma con gusto y orgullo porqué ha sido, de nuevo y durante todos estos años, el elegido de entre los miles que siempre suelo comprar.
Casualidad o no, este brebaje es el que pedí la primera vez que nos sentamos en aquella
cafetería frente al paseo del prado. Es el que también usaste en aquel verano del 24 para
describirme, mientras las yemas de tus dedos seguían rozando mi rostro y conversábamos larga y tendidamente aún desnudas. Es con el que brindábamos en todos y cada uno de nuestros encuentros, cuando el amor que nos teníamos seguía siendo un pequeño polluelo que aprendía a volar. Es con el que acabábamos el día cuándo decidías acompañarme en las noches oscuras en las que la solitaria casa de mis padres se me hacía grande y yo, tan joven, no sabía estar sola… Me acuerdo especialmente, y con mucho cariño, del día en el que me confesaste que no tomabas té, pero que después de haber compartido unos tragos conmigo, caíste perdidamente en su embrujo.
Curiosamente, hoy eres tú la que me acompaña en este ritual que ya no es solo mío si no nuestro. Te has preparado una taza, me has dado un suave beso en la frente y te has acurrucado junto a mí en el sofá de nuestro hogar. Ojalá estuvieras en mi mente para que supieras que cada día el aroma del té hace que reviva paso a paso, encuentro a encuentro el que ha sido, es y será nuestro amor. Igual que el primer día, seguimos bebiendo.


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