CUMPLEAÑOS ¿FELIZ?
Una reflexión de Leticia Martín

Envejecer es un proceso natural al que todos nos enfrentamos, pero para una mujer, esta etapa de la vida a menudo se ve envuelta en un estigma social considerable, rozando casi la necesidad de llevar un abogado de bolsillo para que actúe en defensa de su persona en caso de alevosía por querer vivirla con total normalidad.
Desde la infancia, vivimos rodeadas de mensajes que asocian la juventud con la belleza, el éxito y la felicidad más plena y, a medida que envejecemos, muchas nos sentimos presionadas a ocultar nuestra edad como si esta solo pudiese ser descubierta por aquellos llamados “Los Elegidos”.
Y es que, la percepción negativa del envejecimiento en mujeres se traduce en una serie de expectativas culturales que pueden ser perjudiciales. Vivimos en una sociedad en la que se espera que estas mantengan una apariencia juvenil, considerando cualquier signo de
envejecimiento inaceptable tanto personal como profesionalmente, traduciéndose, en muchos casos, en comentarios despectivos y negativos sobre la apariencia de una mujer mayor o, por el contrario, glorificando la juventud como si fuese el único período valioso (y productivo) de la vida.
Pero todo acto tiene una consecuencia, y este estigma posee una serie de efectos tangibles tales como la autoexigencia extrema y creciente, la adopción de una conducta no propia, el desarrollo de una personalidad diferente, luchar cada segundo contra la ansiedad y la inseguridad generadas por los juicios sobre la apariencia y, el gran recurso; la necesidad, que no decisión propia, de someterse a tratamientos estéticos para cumplir con los estándares de belleza impuestos.
Una presión a la que se le une la constante comparación con multitud de imágenes idealizadas que vemos en los medios y en las redes sociales creando, por un lado, un falso mundo utópico visto a través de un efímero filtro de moda y, por otro, un bucle de insatisfacción que es difícil de romper.
Por si fuera poco, además, el envejecimiento en mujeres a menudo es asociado con la pérdida de valía en el ámbito laboral y social, haciéndole sentir a muchas de ellas que su edad se torna en un lastre y las hace menos competitivas en el trabajo, lo que puede llevar a la autoexclusión y a la disminución de oportunidades.
Por ello, es fundamental cambiar la narrativa. Cerrar el libro de los cuentos y darle manga ancha a Cenicienta para que, en cuanto escuche la palabra “Fin” se quite, sin remordimiento alguno, sus zapatos de cristal y se siente con los pies en alto mientras se queja de la retención de líquidos que estos le han causado en sus tobillos sin Photoshop, o apoyar a Rapunzel cuando, harta de los enredos se decante por un corte pixie, o a la mismísima Blancanieves cuando, cansada de elaborar menús diarios para 7, opte por adquirir la Thermomix.
Es hora de celebrar el paso del tiempo. Es hora, por fin, de soplar las velas.
Leticia Martín

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