NUEVA ENTRADA

¿PARA QUÉ ESTOY HECHA, BARBIE?

No soy la misma persona que cuando vi la película de Barbie por primera vez, allá por el verano de 2023. Aquella ocasión fui a verla con mi mejor amiga. Era uno de esos días en los que salimos las dos solas. Ella, al igual que el personaje de Sasha, suele vestirse de negro, así que le traje a mi casa y le presté una camiseta rosa salmón, cómo si yo tuviera el armario de Barbie «estereotípica”. Por mi parte, me había comprado un vestido rosa chicle
para la ocasión, perfecto para un día de verano en Sevilla. Mi amiga me dijo que estaba muy guapa. Cuando llegamos al cine, teníamos algo de tiempo antes de entrar a la sesión, y dimos una vuelta. Desde un coche que pasaba por allí empecé a escuchar voces, no recuerdo lo que decían, sólo sé que se dirigían a mí. Eran cinco chicos, no mucho más mayores que yo. Un par de silbidos, una sonrisa lasciva. Aparté la mirada y seguí andando con mi amiga. Ya en la sala de cine, y con la película en marcha, apareció la escena en la que Barbie empezó a sentirse cohibida al llegar al mundo real, cuando los hombres no dejaban de gritarle, igual que a mí. Comencé a llorar en silencio, y agradecí a la oscuridad que nadie me pudiera ver con el vestido rosa. Tiempo después, vendí ambas prendas, mi vestido y mi camiseta. Ya no quería que formaran parte de mí.

La segunda vez que vi la película estaba en una casa con otros amigos, en 2024. Ese día había intentado maquillarme de verdad por primera vez, me había fijado en cómo una amiga adaptaba el maquillaje a su rostro, a su manera de ser. Traté de hacer lo mismo, sin pararme a pensar en cómo me gustaría a mí, pues sólo quería sentirme más adulta, más mujer. Acabé con la cabeza agachada toda la quedada porque no me había gustado el resultado. Cuando terminamos la película, me fui al baño a llorar y la canción “What Was I Made For?” seguía sonando en mi cabeza. Me miré al espejo unos segundos, y ante tal desastre que parecía, no solo mi cara, sino también aquel momento de mi vida, cogí papel higiénico y me quité parte del maquillaje. Lo suficiente para sentirme más cómoda, pero no tanto como para llamar la atención y que algún amigo me preguntara sobre el tema. Tras ese día, seguí maquillándome hasta comprender detalles como que el pintalabios rojo da un rubor dulce a mis mejillas.

La tercera vez estaba en mi hogar, una tarde de primavera del año 2025. Había convencido por fin a mi madre de ver la película de Barbie conmigo. Sabía que tenía sus reticencias. Para ella, la muñeca de Barbie representaba todo lo malo de los estándares de belleza hegemónico y consumista. Siempre la había odiado y no quiso nunca que le comprasen uno de esos juguetes. No le faltaba razón, en el fondo, la película de Barbie sólo trata de vender un producto. Yo, sin embargo, necesitaba compartir con ella todo lo que me había hecho sentir cómo mujer. Con Ken consiguió reírse en un par de ocasiones, y cuando Gloria lanzó su discurso sobre lo imposible que es ser una mujer en este mundo, noté como erguía su espalda y miraba fijamente la pantalla. Cuando terminó la película solo le pregunté si le había gustado, no tuve el valor de sonsacarle nada más. Quería saber cómo se sentía, si se había identificado con algo que hubieran dicho o narrado en la película, si entendía por qué yo lloraba cada vez que la veía. No lo hice, solo le di un abrazo y un beso en la mejilla, y me fui a mi habitación.

Ahora escribo esto con una intensidad en mi interior y me da más vida; es las mismas huellas de las dos veces anteriores tras ver de nuevo la película, pero en cada ocasión lo he entendido de distinta manera. La chica del vestido rosa lloró porque no quería que su cuerpo existiera, la chica del maquillaje erróneo aprendió a conocerse frente a un espejo y saber que quería transmitir desde su interior, la chica, al observar a su madre, esperaba ser entendida. Todas, cada una a su manera, querrían saber para qué están hechas como mujer y cómo persona.

De vez en cuando paseo por una tienda de juguetes cercana y miro las Barbies que tienen, siempre buscando una muy concreta que se parece a mí. Tiene el pelo castaño largo, la piel olivácea, con menor altura, y lleva un vestido de flores, justo como el que tengo en mi armario. Tal vez sólo me haga ilusión verla porque me hace recordar que tengo un lugar en el mundo, siendo tal y como soy.

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