NUEVA ENTRADA

EN MADRID UN COCHE VALE MÁS QUE UN ÁRBOL

Han talado los árboles de Santa Ana.

El día que me dejé las llaves dentro de casa pasé toda la tarde debajo de uno de los árboles de la plaza de Santa Ana esperando a que volvieran mis amigos. Aquel día por primera vez desde hace mucho tiempo pensé que en el centro de Madrid también había espacio para nosotros y no solo para los guiris, pensé: existe un espacio amplio bajo esta sombra donde sentarse a esperar, donde no existe la prisa. Esta misma plaza lleva cerrada toda la semana porque se ha iniciado la reforma del parking subterráneo que aprobó el Ayuntamiento de
Madrid. La obra que ya se está llevando a cabo (a pesar de las protestas constantes de la Asociación Vecinal de Sol y Barrio de Las Letras) pretende arreglar algunas goteras del parking y ampliar el espacio para los coches. Y para ello es necesaria la desaparición de 47 de los 57 árboles que hay en este espacio debido a un proyecto lleno de fallos, incongruencias y con unas prioridades un tanto cuestionables.

la prisa la prisa la prisa se llevó a los árboles por delante los mató trajo las
peores visiones de las pesadillas la ciudad se convirtió en un túnel de plástico
gigante mi casa en un una carrera de coches envueltos en negro negro negro

Desde la aparición de las primeras quejas, el ayuntamiento de Madrid ha tratado de justificarse diciendo que esta es una obra para mejorar “la calidad de vida de los vecinos”. Mientras tanto, todos esos vecinos de los que hablan han salido a la calle rogando que no les quiten prácticamente el único espacio habitable que queda en el corazón de la ciudad. La Dirección de Urbanismo ha justificado este proyecto de obra diciendo que la reforma pretende ofrecer más plazas para residentes, pero, aunque gritemos no se dan cuenta de que no necesitamos más espacio para coches, necesitamos más espacio para las personas. Necesitamos que la ciudad sea un lugar amable donde poder descansar de la prisa. Necesitamos que la ciudad esté a la luz y no bajo tierra, que haya plazas bonitas donde reunirnos y tomar la sombra bajo un árbol junto a la gente que queremos. Esta reforma no responde a las necesidades de la gente que vivimos aquí. Por eso nos quejamos.

la prisa la prisa la prisa mató a los árboles les clavó un parking en la yugular. la
prisa dijo: aquí ya no seréis porque aquí en Madrid solo para quien corre solo
para quien se mueve

Yo aprendí a correr de niña. Al correr pasaba por al lado de los árboles. Y cuando estaba tan enfadada que no veía el mundo me acostumbré a salir a correr. Corriendo empezaba a ver los árboles de nuevo, la tierra aparecía bajo mis pies, mi cuerpo volvía a habitar el espacio. Pero empecé a correr muy a menudo porque cada día había más noticias y menos árboles y cada día me enfadaba más. Correr dejó de ser una conversación con las plantas que crecían al margen de las aceras y tenía más que ver con la huida, con el escape.

empecé a correr por el pasillo de casa, empecé a correr cada mañana de
camino al metro, empecé a hacerme el desayuno más rápido a ducharme más
rápido a escribir más rápido dejé de poner comas en los textos… hasta que un
día me empezaron a doler las piernas y tuve que parar y tuve la suerte de
sentarme en un banco de la Plaza de Santa Ana.

Hace meses que no puedo correr y creo que fue por correr demasiado rápido o demasiado enfadada. Porque cada día hay más noticias y menos árboles, más noticias y menos árboles, y cada día yo estoy más enfadada. Nuestro bienestar está directamente relacionado con el espacio que habitamos. Por eso, las prioridades que se están estableciendo en una reforma de este tipo revelan las prioridades del Ayuntamiento de Madrid hacia sus habitantes. Por eso, cuando un coche vale más que un árbol, debemos
reevaluar a quién benefician las decisiones políticas y parar en seco.

A mí me gustaría hacer un texto más político, decir más nombres, pintarle una cruz amarilla a Almeida en la cara igual que le han pintado en el tronco a los árboles que van a talar. A mí me gustaría encerrarles bajo las raíces recién cortadas y obligarles a plantar árboles durante varias vidas. A mí me gustaría pintar una cruz amarilla fluorescente en las caras de todos los que, sentados en una mesa vestidos con traje, deciden que un coche vale más que un árbol, que un parking privado vale más que el espacio público donde respiro, que el cemento vale más que la vida.

lo que más me gustaría hacer hoy sería pintar sus caras de amarillo
fluorescente para que cuando fueran caminando por la calle todos les miraran y pensaran: “esos son los que cortaron los árboles de la Plaza de Santa
Ana, llevan la savia en las manos.”

Me gustaría hacer todo esto, pero estoy aquí llorando a los pies de vallas de seguridad de la obra sin poder moverme. Así que por lo menos si van a talar los árboles, que se entere todo el mundo. Esta ciudad va a seguir siendo la misma porque mis amigos y la gente que me cuida seguirá viviendo en ella, pero ahora tenemos 47 árboles menos bajo los que sentarnos a descansar de la prisa. 47 árboles menos.
Que se entere todo el mundo.
Han talado los árboles de Santa Ana.

A la izquierda: uno de los árboles marcados (foto de Europa Press).

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