NUEVA ENTRADA

KARLA SOFÍA GASCÓN Y LA CULTURA DE LA CANCELACIÓN

Hace diez años se estrenaba la película “La chica danesa”, protagonizada por Eddie
Redmayne. Ya en su momento recuerdo cierta polémica que mi yo de 20 años no acababa
de comprender, y no me refiero, por supuesto, a los detractores tránsfobos a quienes les
parecía mal que se llevase la historia de una mujer transgénero a la gran pantalla, sino a las críticas vertidas desde el propio colectivo al hecho de que fuese un hombre quien
representase la vida e historia de una mujer. Al fin y al cabo, me decía yo, ¿qué más daba?
Era una historia que merecía ser contada y lo cierto es que, como mujer cis, me costó
entender que lo que se buscaba desde el colectivo trans era, por un lado, que se diera por
fin trabajo y protagonismo a las mujeres a las que se trataba de representar en la gran
pantalla, y por otro, que dejase de representárselas como hombres disfrazados de mujeres,
como personas nacidas ‘’en un cuerpo’’ equivocado.

A día de hoy parece que algo hemos avanzado, al menos en el mundo audiovisual: ahí
tenemos, sin ir más lejos, a Daniela Santiago y a Carmen Jedet interpretando a La Veneno
en la serie biográfica creada por Javier Calvo y Javier Ambrosi; también tenemos, fuera de
nuestras fronteras, a mujeres como Hunter Schafer arrasando a pesar de todas las trabas,
particularmente las del gobierno ultraderechista de Donald Trump entre tantas otras. Sin
embargo, nunca antes una mujer trans había llegado a ser reconocida por su trabajo al nivel al que lo ha sido Karla Sofía Gascón con su papel en ‘’Emilia Pérez’’. Sin embargo, esta victoria se ha visto empañada por la cancelación a que ha sido sometida la actriz a raíz de que se hicieran públicos ciertos tweets publicados en su perfil, tweets de carácter racista e islamófobo pricipalmente. Debido a esto Karla se ha visto no sólo criticada, sino también apartada de la promoción de la película, así como de galas y eventos, y ojo, hasta cierto punto lo entiendo, pero, ¿qué pasa con Jacques Audiard? Pues con Jacques Audiard pasa que puede permitirse el lujo de decir, y cito textualmente, que el español es un idioma de países emergentes, una lengua de países modestos, de pobres y de migrantes y nadie le dice nada, es más, fue el primero en dirigir duras críticas a su protagonista cuando todo salió a la luz. También puede permitirse el lujo de rodar una película ambientada en México en Francia, sin un sólo actor mexicano y tirando de prejuicios y estereotipos, y obviamente sigue sin pasar nada.

Y no pasa nada porque Jacques Audiard es un señor blanco y cishetero, igual que lo son
Jhonny Depp o Brad Pitt, cuyos hijos han llegado al punto de cambiar su apellido para
alejarse definitivamente a raíz de sus malos tratos contra Angelina Jolie y contra ellos
mismos. Ahí sigue también Armie Hammer, quien sólo ha necesitado alejarse una
temporada de la opinión pública para regresar a la escena como el hijo pródigo del cine tras desvelarse que había abusado de varias mujeres a las que además había aterrorizado con su comportamiento violento y sus fantasías caníbales. Y no es que sea yo ni jueza ni parte, pero, si me preguntan, considero todos estos hechos bastante más graves que poner unos tweets, por muy condenables que estos sean. No deja de ser irónico escuchar a todas horas que una denuncia falsa de una mujer puede arruinar la vida de un hombre cuando tenemos cientos de ejemplos de hombres maltratadores, violadores, acosadores, violentos cuya culpabilidad ha quedado más que demostrada y cuyas caras siguen apareciendo a todas horas en películas, anuncios, revistas y hasta carteles en marquesinas y vallas publicitarias.

Mientras tanto, nosotras no podemos permitirnos tener siquiera opiniones condenables, y no digamos ya si pertenecemos al colectivo LGTBIQ+. Karla Sofía no sólo es una actriz
talentosa que se ha abierto paso en una industria gobernada por hombres blancos, viejos,
podridos de dinero y heterosexuales (lo cual también se critica, a mi juicio al menos de
forma magistral, en ‘’La sustancia’’), sino que es también un símbolo, y por tanto, debe ser
perfecta e inmaculada. Durante los días que ha durado su castigo hemos visto a los
colectivos tránsfobos utilizarla como arma arrojadiza argumentando que ella es la prueba de que las mujeres trans no dejan de ser hombres machistas y violentos; hemos visto, también, a personas extrañarse muchísimo de que pudiera tener esas opiniones siendo ella misma una mujer perteneciente a un colectivo vulnerable y denostado. Y yo creo que, tanto de un lado como de otro nos estamos olvidando, en primer lugar, de que es una persona, y las personas la cagamos, y en segundo lugar, de que pertenecer a un colectivo no te convierte en portavoz del mismo, ni siquiera aunque tengas una posición de privilegio. O si no que me digan las chicas trans que me lean por aquí cuántas de ellas se sienten representadas por Caitlyn Jenner, seguro que ninguna.

El caso es que hemos asistido al linchamiento en directo de una mujer que ciertamente ha
compartido unas opiniones lamentables, pero que, por muy condenables que puedan ser,
no ha hecho nada más grave que muchos de sus compañeros de industria que no han
tenido que enfrentar ni la mitad de las consecuencias que ella. Casi parecería un recordatorio de lo que podemos y no podemos hacer, de qué lugares nos corresponden y de cuáles tenemos que agradecer sumisamente, pues no nos pertenecen por mucho que
hayamos peleado por ellos.

Tampoco puedo dejar pasar la sensación de que, cuando perteneces a un colectivo
vulnerable pasas a formar parte de una mente colmena en la que no tienes individualidad ni criterio propio, y no puedo evitar acordarme de la manida idea de que si las mujeres
gobernásemos el mundo, éste sería un lugar mejor, y me veo en la obligación de recordar
nuevamente que somos personas, no seres de luz. Obviamente puedes ser mujer y ser una
mala persona, pero no ya solo eso: vivimos en una sociedad machista, racista y LGTBfoba,
no podemos obviar tan fácilmente el contexto en el que nacemos, nos criamos y nos
educamos y requiere mucho análisis, mucha escucha y mucha autocrítica desprenderse
poco a poco de todo aquello que aprendemos desde que llegamos al mundo. Y seamos
sinceras, es mucho más fácil y cómodo caer en los prejuicios con los que hemos crecido
que tratar de salir de ellos, bastante tenemos a veces con mirar por nosotras mismas como
para preocuparnos por lo de los demás, incluso cuando hayamos alcanzado una situación
relativamente cómoda.

Por mi parte, por supuesto que condeno los tweets que puso Karla Sofía y
que lamento que piense así, y de verdad que espero que esto le haya servido para
reflexionar y empezar a cambiar su mentalidad, pero eso no quita que me alegre
infinitamente ver a una mujer transgénero brillar por fin por su trabajo y, por qué no,
encabezar las listas de las mejor vestidas de los eventos a los que va. Ya sólo queda que se
aplique a todo el mundo la misma vara de medir.

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