Reflexiones sobre el seminario “JUSTICIA DE TRANSICIÓN COMO ANTÍDOTO PARA TIEMPOS DE NEGACIÓN”
Existe una memoria obligada, un deber de hacer justicia. Sin revanchismo, en busca de la verdad, de la justicia, de la reparación y la no repetición. Se puede aprender del pasado sin repetirlo. No caer en un silencio cómplice.
Todavía sentimos la emoción, o la rabia, a flor de piel cuando escuchamos a Paqui Maqueda transmitirnos la misión que le encomendó su madre: “Busca a los míos”. En España no ha habido justicia de transición. Nuestra transición tiene sombras, no es la transición ejemplar que intentan vendernos. Ha habido una impunidad dolorosa e imposible de comprender para las víctimas. A las políticas de memoria histórica les ha faltado valentía, valentía para sensibilizar, para transmitir empatía, para buscar justicia, para exigir reparación. Hay que incorporar la memoria histórica al sistema educativo como arma contra quienes niegan “la historia de los perdedores”, quienes blanquean el fascismo y señalan al movimiento por la memoria histórica como promotores del odio y el rencor.
La justicia transicional debe poner a las víctimas y a sus familiares en el centro. Ocupar espacios que les han sido negados, y acompañarlos con el compromiso político de hacer cumplir el deber de memoria. Y el primer paso es asumir que los hechos han ocurrido. Como nos decía Baltasar Garzón, puede prescribir el delito, pero el derecho a la Verdad no prescribe.
La memoria histórica no es un objeto de investigación, son sujetos partícipes a quienes se les ha negado su cuota de poder en el relato de la historia.
Y frente a quienes niegan, la verdad.


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