EN TUS PALABRAS, ¿QUIÉN ES CARMEN G. DE LA CUEVA?
Soy Carmen, soy sobre todo una lectora, a la vista está, que he venido con 4 libros de 400 páginas en la mano. Un poco hedonista también, me gusta el placer, me gusta pasear, comer bien. Madre, en esta descripción de quién soy, la palabra madre tiene que estar muy cerca de mi nombre porque es mi principal ocupación en la vida. Y escribo, o pienso que escribo, o escribo con el pensamiento más que con la mano. Por ahí, por ahí.
¿CUÁL FUE TU PRIMER ENCUENTRO CON LA POLÍTICA Y EL FEMINISMO?
Oficialmente, cuando a los 18 años empecé a militar en Izquierda Unida, empecé a ir a esas reuniones terribles de partido, en la sede, con mogollón de personas mucho mayores que yo, señores con los que discutía hasta la jaqueca absurda durante 4 horas. Pero ahí se forjó quizás mi impotencia, fue un lugar para darme cuenta que quizás no podía hacer en la vida todo lo que imaginaba que podía hacer. Porque faltan estructuras y recursos a veces para llevar a cabo lo que una mente puede imaginar.
La primera vez que pensé en la vida como un espacio político fue en mi casa, de pequeña. Mi bisabuelo fue alcalde republicano, represaliado durante la Guerra Civil, y mi tía Carmen y mi abuela Eugenia contaban la historia de cómo tuvo que huir del pueblo, fusilaron a su compañero en sus brazos, acabó en la cárcel, durante años no supieron dónde estaba,… Tendría yo 5 o 6 años, y ahí ya empecé a comprender que había cosas que no se podían permitir, que las libertades y los derechos no eran iguales para todos, y empecé a tener un sentido de la justicia muy grande, que todavía me acompaña y que intento trasladar a mi hijo aunque sea un poco incordioso, porque te hace sentir frustrada e infeliz la mayor parte del tiempo, pero es que sería otra persona si no pensara que el mundo es un lugar político donde cada cosa que haces tiene su repercusión.
¿QUÉ TE HA LLEVADO A BUSCAR REFERENTES ESPAÑOLAS EN LA LITERATURA? ¿CÓMO EMPEZÓ ESTA INVESTIGACIÓN?
Siempre he pensado que estamos muy influenciadas por la cultura anglosajona, el inglés y la cultura anglosajona es imperialista totalmente, siempre lo ha sido pero sigue siéndolo y toda nuestra estructura de pensamiento está contagiada de esa mirada.
Virginia Wolf a mí me encanta y está aquí aunque no es española porque es un referente que para mí, articula muchos de mis pensamientos y mi manera de escribir, pero cuando descubrí hace quince años que María de Maeztu había fundado la residencia catorce años antes de que Virginia Wolf diera ese discurso del Cuarto Propio pensé ¿qué nos pasa con las españolas? ¿porque no ponemos en valor estos textos?
Yo las conocía desde mucho antes, las había leído. Las que están en la portada sobre todo: Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite y Elena Fortún, y Marisol Dorado que es la biógrafa de Elena Fortún.
A Carmen Martín Gaite, Elena Fortún y Carmen Laforet las leo desde la adolescencia, bueno a Elena Fortún leía los libros de Celia porque “Oculto sendero”, que es su novela adulta, es la historia de una niña que quiere ser artista pero se casa con un artista, pero también es una historia sobre la identidad sexual. Pero esta novela no se publicó hasta 2016 porque ella la escribió pero la guardó en un cajón. Y gracias a Marisol Dorado, se recuperó ese libro.
Carmen Martín Gaite pues leí “Nubosidad variable”, que creo que es la novela de ella que más veces he leído, pero también descubrí un ensayo sobre la escritura femenina donde habla de las chicas raras, refiriéndose a algunas protagonistas de novelas de posguerra, en concreto se refiere también a Andrea, la protagonista de “Nada” de Carmen Laforet. Y luego, obviamente, Laforet con “Nada”, que la leí también en la adolescencia.
El germen de este libro era la amistad entre las escritoras. No sé si recordáis cuando empezaron a salir los libros, los documentales de las sinsombrero, que se presentaban estas biografías de manera independiente y yo no dejaba de preguntarme, porque es algo que busco siempre, ¿cómo puede ser que mujeres contemporáneas que compartían espacios, que se dedicaban a lo mismo, no se conocieran? ¿no fueran amigas? ¿no se intercambiaran cartas? ¿dónde estaban esas muestras de amistad?
En 2016 se publicó la correspondencia entre Laforet y Elena Fortún, “De corazón y alma”, unas cartas también muy bonitas, muy hermosas, me fascinó porque era amor de amiga, como legitimar algo que has podido sentir siempre por una buena amiga, que intuyo que es vuestro caso de amiga, compañera del alma, de salir de fiesta pero también de compartir proyectos. ¿Pero dónde están esas muestras en la literatura?
¿TE HAS SENTIDO LIBERADA AL ESCRIBIR «ESCRITORAS»?¿SIENTES QUE TODAS LAS ESCRITORAS QUE MENCIONAS TE ACOMPAÑAN EN CADA VERSO?
Me sentía muy acompañada cuando lo escribía. De hecho, cuando terminé la última parte, vivía en Sevilla, terminé, se lo envié a la editora, y me fui a dar un paseo y me harté de llorar. Porque es un libro escrito desde la emoción, y en un momento muy chungo de mi vida. Tenía visión doble varias veces al día, me sentía completamente cohibida por mi ex porque me chantajeaba con la custodia compartida, estaba sin dinero, estaba sola en la ciudad con un niño de 3 años.
Yo no he vivido la guerra, ni la postguerra, pero emocionalmente las entendía. Entendía su dolor, su inseguridad, esa precariedad emocional.
He mantenido conversaciones con ellas en mi cabeza. Cuando te gusta mucho una autora o un personaje, os hacéis como amigas, y te acompaña. A veces incluso te encomiendas, como si fuera una santa, aún no siendo católica pero esta idea no de la musa, sino de la diosa. Así que sí, y está escrito con amor absoluto.
Alguna gente más quisquillosa me ha dicho que hay cosas negativas, redecillas entre ellas que no he puesto, pero el libro no va de eso.
Yo quería que el libro cuando la gente lo leyera, cuando las mujeres lo leyeran… aunque hay una parte obviamente bibliográfica, de investigación histórica y bibliográfica que está escrita en general para que todo el mundo aprenda y sepa cosas, la parte emocional del libro va encaminada a sostener a todas esas mujeres que se sienten inseguras sobre su voz, ya sean escritoras, artistas, o no, o simplemente que han desconfiado de su profesión, de su carrera o de sí mismas. Y está resultando, me han escrito muchas mujeres que me han dicho que han vuelto a escribir, que han retomado aficiones, y eso me emociona. Que un libro pueda hacerte volver a creer en tí, darte confianza, no siendo un libro de autoayuda, porque no lo es. Es simplemente explicarte porqué a veces te sientes como te sientes, y no es solo por tí sino por el mundo en el que vives o cómo te han educado, y que venimos de una genealogía de silencio.
¿CON CUAL DE ESTAS ESCRITORAS TE SENTARÍAS A TOMAR UN CAFÉ’?
¿No puede ser con todas? Con Carmen Laforet
¿CUÁL DE ELLAS REFLEJA MEJOR QUIEN ERES HOY?
Sé quien soy, pero quién soy va cambiando. Cada día me siento diferente. Es como muy cerrada esa idea de “soy así, y así seré”. Un día soy la que se pasa 5 horas leyendo, y otro día me cojo una bici, y otro día solo veo una serie, y otro día estoy con mi hijo y me tiro al suelo. No sé, ponerse tantas etiquetas,… y yo he vivido así toda mi vida, teniendo que ser “esa”, la mejor, la top, hasta llegar a ¿dónde? ¿a dónde hay que llegar? Si la vida es el viaje, esto es la vida, estos cafés, estos paseos, esas noches dándole vueltas a cómo va a ser Espacio Rebeldía, irse a Londres, esa es la vida. Yo soy un poquito de todas, y un poquito de otras también, que no están en el libro.
¿SE ESTÁ POR FIN SUPERANDO EL SILENCIO DE LAS VOCES FEMENINAS?
Yo creo que sí, que se están publicando muchos relatos, y muy diferentes. Últimamente hay varias novelas donde las mujeres se pueden equivocar, que eso no suele pasar mucho, porque la imagen de lo que es una mujer en la literatura la han contado los hombres, entonces eso reduce la mirada.
Igualmente los datos no dicen que la cosa esté cambiando mucho. Por ejemplo, en los libros de texto, la presencia de autoras es de un 7,5%, que es anecdótico.
Las mujeres parecen que dominan más la ficción pero los hombres siguen teniendo la voz en el ensayo que es como el género de la autoridad. La semana de las escritoras fue hace apenas un mes, estuve revisando la lista de los libros más vendidos y de los 10 primeros, los 9 primeros eran hombres y el décimo una mujer.
Pienso que sigue siendo difícil que las mujeres sientan que tienen legitimidad para contar sus historias, porque la literatura o lo artístico está en una burbuja.. Yo lo veo en mi pueblo, se parecen mucho las generaciones, las hijas repiten las vidas de las madres y es difícil salir de ahí. La educación es una puerta, es casi que lo único que puede ampliar la mirada. Leer autoras y tener a profes que te abran los ojos.
¿QUÉ HAY DE LA HABITACIÓN PROPIA? ¿SIGUE SIENDO NECESARIA?
Yo creo que la habitación propia tiene que ser un espacio mental donde, más allá de ser la super estudiante, la super hija, la super todo, puedas ser tú, en tu cabeza. Puedas ser la que hace cerámica una tarde de sábado simplemente porque te gusta, sin llegar a nada más que el placer de hacer las cosas. Y eso con todo, con escribir, con lo que te guste y te emocione. Ese es el cuarto propio, encontrar espacios para ser tú.
¿QUÉ HACE QUE TE LEVANTES POR LAS MAÑANAS?
Tengo que llevar a mi hijo al colegio todas las mañanas, pero a parte, la vida. A lo mejor en otros momentos de mi vida me hubierais pillado más baja, pero muchas cosas. Mi hijo, obvio, por las mañanas es una fiesta. Primero le doy ochocientos millones de besos, que a él le encanta que le dé besos, le abrazo, hacemos el tonto en la cama diez minutos, por eso luego llegamos tarde, le leo cuentos, nos inventamos cuentos de camino al cole. Ya por la mañana, la creatividad está en marcha, porque tener un hijo pequeño y poder pasar ese tiempo con él, es una potencia creativa.
Y ¿cómo no me voy a despertar? Y sino, si no hay que ir al cole, igualmente me levanto y me pongo a leer o a ver un capítulo de una serie que me apetece muchísimo y que no puedo ver con mi hijo, pues a las 8 de la mañana porque es el único rato que hay o a leer un libro que me quedé dormida la noche antes. O porque es sábado y hace un día super bueno y me apetece dar un paseo con Diego e ir al parque.
No sé, la vida tiene muchas cosas bonitas, no me planteo no levantarme. Y el día que no pueda, eso sí que será malo.
Mi mente tiene esa parte catastrofísta pero le digo “calla” porque está bien que todo esté bien, no tiene que pasar algo extraordinario, porque ir al colegio una mañana no es nada extraordinario pero precisamente a veces en lo ordinario es donde está la esencia de la vida.

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